Echar humo
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PARÍS.– Imponente, inconfundible, impactante. Ella se yergue en su majestuosidad y es el símbolo por excelencia que distingue a esta de cualquier otra ciudad. Además, ella siempre está acompañada, rodeada de gente que se instala a sus pies o que se desespera por elevarse hasta su altura. Hasta que hace unos días la han dejado sola, sobre todo de noche, desde que el toque de queda impide que cualquiera se le acerque. Por eso tal vez ahora, en la quietud de la oscuridad y la desolación, brilla más que siempre y sobresale como nunca. Hasta pareciera que echa humo. Y se sabe que cuando alguien echa humo es porque está muy enojado. Cuando se aplica a las personas, la locución es una metáfora, una figura retórica. Sin embargo, ella puede darse el lujo de la literalidad, porque no necesita recurrir a artilugios para expresar una furia y una impotencia que todos los demás también sienten, pero que no pueden expresar tan vívidamente.


