El asalto a la intimidad: una nueva comunicación en tiempos de cuarentena

Eduardo Sincofsky
Eduardo Sincofsky PARA LA NACION
(0)
23 de junio de 2020  • 22:19

Por Eduardo Sincofsky y Rogerio da Costa

Se quebró lo perfecto. La imperfección se transformó en signo. La casa de cada uno invade las pantallas: excede el universo tradicional del hogar donde transcurre la vida familiar, pasa a ser palco y fondo de las transmisiones televisivas. Es el asalto a la intimidad: entra a tu casa sin previo aviso. Junto con eso aparecen las imperfecciones de un espacio que no fue pensado para tal fin, que fue ampliado forzosamente. Antes, en algunos casos, estaba restringido a pequeños círculos, como los gamers o las personas dedicadas a subir lives. Ahora, la casa se transformó en el set de las lives.

Espacios amontonados, mesas desordenadas, sillas rotas, luz que dificulta o quema la imagen, mesas de plástico, cortinas old fashion, todo junto y superpuesto conforman una nueva territorialidad. Es un fondo imperfecto, propio de un espacio que era privado y que, sin consentimiento, se transforma en público.

Eso produce una nueva subjetividad, una mirada para adentro de nuestras propias zonas de intimidad. Simultáneamente, nos damos cuenta de que no teníamos la más vaga idea de cómo eran esos espacios íntimos de los otros.

Quien ya posee un espacio home office corre con ventajas, porque esa imperfección de cierto modo fue "corregida", maquilada o hasta pensada para una exposición fuera del hogar.

Ese "detrás da escena" se actualiza diariamente. Sobre esos "fondos", cada persona construye diversos ropajes/disfraces

La selfie continua. Los rostros de un making of casero se vuelve permanente. Nada más presente en estos días que los rostros de todos estampados en las pantallas de computadoras y celulares. O por menos, de aquellos que abren la cámara y comparten su imagen. Es el "primer plano" del cine, aunque no hay director en casa. ¡Es el close! Pero allí es donde entra en escena una cara arrugada, con ojeras, cabellos medio desastrosos, camisas con cuellos desparejos... Sin hablar del encuadre. Hay para todos los gustos. Algunos solo aparecen de la nariz para arriba. Otros solo de la nariz para abajo... Y hay algunos que solo se ven los ojos Parece que la pedagogía del cine, de más de un siglo, no nos ensenó nada. O aprendimos a cuentagotas.

Los afectos ZoomOffice. En esos primeros planos hay algo muy importante. Es en ellos y a través de ellos que se destacan los afectos. Uno muy importante, la "saudade", la nostalgia. Diferentemente de encontrarse personalmente y "matar" la "saudade" con un abrazo, ahora hay que quedarse mirando, observando, enfrentando la cara de quien te gustaría tocar, abrazar o besar. Esa mirada releva el sentimiento, busca en el rostro de la persona querida lo que ella misma está sintiendo, los trazos de los afectos en las líneas de los ojos, de la boca, de las arrugas... Otro afecto que aparece mucho es la ansiedad, algunas veces por el ambiente donde esa persona se encuentra y que compite con su atención. Está mirando la cámara, pero pasan cosas en casa mientras tanto, y la persona no sabe para dónde mirar. Y quien esta del otro lado se pone ansioso también. Es el afecto desplegado. De un modo o de otro, en este tiempo de cámaras online, siempre que estamos mirando a colegas de trabajo, amigos, parientes, a nuestros interlocutores, estaremos también observando los afectos. E involucrándonos con ellos.

Así, la comunicación de la "nueva normalidad" sufrirá impactos. ¿Cuáles serán los impactos de esta nueva estética en la comunicación? Códigos más simples, un reset de los ángulos tradicionales, y una mirada imperfecta o una "crudeza" estética. Es el inicio de una nueva subjetividad.

Sincofsky es experto en Opinión Pública y Da Costa es doctor en Filosofía

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.