El chico de la moto
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El chico de la moto es el rey, nos decía Francis Ford Coppola en una de sus más notables películas. Y si bien en esta foto no están ni Mickey Rourke ni Matt Dillon ni los años ochenta honrando el blanco y negro de los años cincuenta (porque de eso, entre muchas otras cosas, se trataba La ley de la calle), hay un chico, una moto y toda la agridulce soledad que nos hace saber que en este instante el protagonista de la imagen se siente, qué duda cabe, el rey. No es Oklahoma sino Basora, Irak; no hay praderas mediterráneas, sino paisaje portuario. Sin embargo, la melancolía urbana está allí. Como los peces luchadores de Siam, que en la película se hacían eco de la belleza y la asfixia de los personajes, un chico y una moto, en un entorno cualquiera del mundo posindustrial, pueden ser hermosos, radiantes, aguerridos y efímeros como una puesta de sol.







