
El cielo estrellado y la ley moral
Por Antonio M. Battro
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"El cielo estrellado sobre mí, y la ley moral en mí" deslumbraban a Kant. Para el filósofo, la admiración es una sorpresa que perdura en el tiempo y lo sublime es "aquello en comparación con lo cual toda otra cosa es pequeña".
"El cielo estrellado sobre mí." En el hemisferio sur gozamos de una posición privilegiada para estudiarlo, como lo prueba el ultramoderno observatorio de La Silla , en Chile, pero basta salir al campo o al mar para admirar a simple vista el resplandor de miles de estrellas.
Y podemos dar un paso más. Tomemos en una noche despejada un simple binocular de pocos aumentos y la transformación resultará sorprendente. El número de estrellas que vemos con este instrumento se multiplica varias veces y la Luna muestra con claridad sus cráteres y montañas.
Un niño debe aprender a mirar el cielo y para ello un verano de vacaciones es muy propicio; nos podemos acostar más tarde y no hace frío.
Es también una buena ocasión para identificar las constelaciones, para dibujar en detalle la rugosa superficie de la Luna, como una vez lo hizo Galileo con su telescopio.
Esta observación astronómica, directa y elemental, es irreemplazable. Seguramente hay pocas ocasiones tan felices para el diálogo como compartir el silencio de una noche estrellada. Allí coinciden la idea y la intuición, la sublime infinitud del cosmos con la belleza incomparable de la sensación visual.
Con la edad, se despertará, además, la curiosidad científica y será preciso emplear instrumentos más perfeccionados, ir con los alumnos a un planetario, visitar un observatorio y aprender a usar las poderosas herramientas que nos permiten navegar por los espacios siderales, desde nuestras computadoras. No olvidemos que la ciencia comenzó con la astronomía.
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"La ley moral en mí": otra fuente de sublime inspiración para el hombre. ¿Qué son las instituciones, la educación, la cultura, si no la expresión de estas normas internalizadas?
Ellas no representan el resultado de la causalidad de la materia, sino la manifestación de la libertad de la persona que vive en sociedad.
Las normas morales no se heredan de una vez para siempre. Por el contrario, se construyen en la trabajosa sucesión de las generaciones, pero también se pueden destruir en una sola generación, como ha sucedido a lo largo de la historia humana. Por eso debemos cuidarlas como nuestro mayor tesoro.
Se ha estudiado en detalle el desarrollo de las normas morales en el niño y los educadores pueden aprender a utilizar estos conocimientos para resolver conflictos, para prevenir la violencia en el aula, para dar ejemplos de conductas y mostrar modelos positivos.
Finalmente, organizar una sociedad justa y solidaria, respetar y amar al prójimo, no es el sueño de una noche de verano, sino la grave responsabilidad de todos.





