El conocimiento, una luz en el humo de la posverdad

Una clase dirigente mejor preparada, comprometida con su misión y con vocación de tender puentes es fundamental para elevarnos como país
Rodrigo Zarazaga
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21 de abril de 2019  

El líder interactúa con los demás para transformar la realidad. Un líder positivo busca llevar la realidad a un estadio superior. Liderar es elevar. En el CIAS, Escuela de Liderazgo Político, formamos jóvenes que se dedican a hacer política porque creemos que una mejor clase dirigente es fundamental para elevarnos como país.

El problema es que muchas veces podemos sentirnos en una ciénaga de alquitrán en la que, cada vez que intentamos elevarnos, una mano negra de ese mismo lodo nos toma del tobillo para sumergirnos. La experiencia de una realidad que nos frustra una y otra vez actúa con la gravitación de un auténtico agujero negro que devora cualquier vocación de líder. Si hay algo que se puede experimentar como ciénaga es la política. ¿Cómo liderar entonces en este mundo?

Para los tiempos por venir, el líder debe ser vocacional, pontifical, abisal y luminoso, o no será líder.

El político vocacional se compromete con el fin que persigue. Este compromiso no depende de los resultados, sino que los trasciende, porque el fin que se persigue es, en sí mismo, trascendente: elevar la vida de los argentinos. Para liderar no hay que ni pestañar en torno a este fin, aun frente a resultados adversos. Frente al cinismo, destacarán los líderes que sigan creyendo en elevar a los argentinos. La experiencia diaria de que nada es como quisiéramos y debiera ser lleva a la desesperanza. El líder nos rescata desafiándonos con un norte. Por eso, el relato épico de la gesta que se propone es importante.

Frente a un sectarismo atroz que nos impide ser juntos, la Argentina también necesita líderes que sean pontífices, es decir, que sean puentes que unan. No hay país posible si negamos legitimidad a un tercio de los argentinos, sin importar de qué lado esté ese tercio. Si la solución pasa por eliminar a un tercio, entonces no es solución. Que los programas de actualidad política se llamen Animales Sueltos o Intratables nos habla de lo que nos cuesta ser juntos. No hay puente que se sostenga haciendo pie de un solo lado. Se sale desde el lado propio y la otra orilla es la otra orilla, pero hay que cruzar, hacer pie y aprender a ser con los otros. Encontrar al otro es la tarea propia del líder político.

Creo que el líder político del mañana también debe ser abisal. La zona abisal es el espacio del fondo oceánico entre 3000 y 6000 metros. Nuestro país necesita políticos profundos. Vivimos una política a menudo frívola, en la que se surfea, se chicanea o se vende humo. Nos quedamos en la superficialidad de las chicanas que entran en 140 caracteres. Sin contenidos se puede llegar al poder, pero será para poner en práctica las ideas de otros. Necesitamos políticos capaces de estudiar, a los que les entre el país en la cabeza. La profundización en el conocimiento como acceso a la verdad es lo que nos permite construir el país, aun en los disensos y el conflicto. El conocimiento, el teórico y el de la realidad cotidiana, es una luz en el humo de la posverdad.

Así como en la oscuridad de las profundidades la fauna abisal desarrolla su propia luz; en la oscuridad, en la noche que es la política, se destacan los políticos que irradian luz. Es la vida ejemplar la que hace a un líder viable a largo plazo.

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