
El difícil arte de dictar
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Hay un largo camino del dictado a la escritura. Una cosa es escribir con una lapicera o una computadora y otra es dictar un texto a una persona o a una máquina. Son dos procesos mentales diferentes que tienen una representación también diferente en el cerebro.
Una persona es capaz de tomar el dictado, interpretar los cambios de entonación (para poner signos de exclamación o de interrogación), distinguir lo que es texto de lo que es contexto, por ejemplo cuando el que dicta dice, punto y aparte .
Estas habilidades son necesarias para una correcta trascripción del flujo de palabras y por mucho tiempo se pensó que sería muy difícil lograr automatizar este procedimiento. Sin embargo, gracias a las ciencias del lenguaje cada día se conocen mejor los mecanismos que nos permiten identificar elementos, fonemas, sílabas, palabras, oraciones, a partir del continuo del lenguaje hablado, y ello ha conducido a una revolución en la ingeniería de la palabra humana.
Debido a estos avances increíbles hoy es posible hablar con una computadora, directamente, en lugar de usar el teclado. Ella reconoce nuestra voz y puede transcribir automáticamente en forma de texto lo que estamos dictando. Es más, una vez que hemos dictado un texto, el sistema nos permite oírlo y corregirlo, si fuera necesario.
Una de las últimas versiones del reconocedor de voz para el inglés es tan eficiente que el inventor de las primeras máquinas capaces de ir del texto a la palabra (reconocedor de caracteres) y viceversa, en la década del 70, Ray Kurzweil, dictó su último y celebrado libro La era de las máquinas espirituales (Penguin, Nueva York, 2000) con este sistema, en lugar de escribirlo. Con estos sistemas es posible escribir hasta 140 palabras por minuto.
El autor, una de las personas más relevantes del campo de la Inteligencia Artificial, predice que a fines de esta década la mayoría de los textos estarán creados por procedimientos de reconocimiento de voz. También estos sistemas de procesamiento de voz y de texto tendrán traductores automáticos incorporados que se usarán para comunicaciones telefónicas bilingües.
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Los educadores debemos tomar nota de estas predicciones, ¿qué hacer si en lugar de escribir dictamos? ¿Perderemos las habilidades de la escritura? ¿Reemplazaremos la enseñanza de la escritura por el dictado? Posiblemente estas cuestiones se irán resolviendo en la práctica, pero debemos seriamente, desde ya, considerar la conveniencia de enseñar a dictar.
De hecho, esta habilidad de saber dictar un texto es la que ha permitido seguir escribiendo a escritores ciegos, como Borges. ¡Indudablemente podemos llegar al texto escrito por caminos muy diferentes! Nadie puede negar los beneficios de aplicar estas prótesis informáticas para superar una discapacidad motora o sensorial. La pregunta, entonces, es: ¿por qué no extender estas ayudas informáticas a otros alumnos que prefieren hablar que escribir? Todo suma, y en la vida corriente las dos modalidades, escribir y dictar, son perfectamente compatibles.
Tal vez la próxima columna sea el producto del dictado y no del teclado, pero nadie lo podrá saber. El texto final no dejará huellas del procedimiento (vocal o escrito) que se habrá empleado.





