El enigma de Juan Fresán

Fernando García
Fernando García PARA LA NACION
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2 de enero de 2021  

En la calle Viamonte 452 hay ahora un enigma. Por reducidas horas durante la semana se puede visitar el espacio blanco en el que funciona una galería de arte llamada Walden. Walden, sí, como el libro de Henry David Thoreau que documentaba dos años, dos meses y dos días en una cabaña construida por el mismo escritor al borde de un lago. Algo de ese orden es lo que sucede con las imágenes que se distribuyen a lo largo de las paredes de Walden, la galería. Son más de cien viñetas de 32 x 47 centímetros que iban a formar parte de un libro llamado Playchild: entertainment for kids, en alusión directa a la revista para hombres de Hugh Heffner. El libro tenía incluso tapa, una parodia gráfica del legendario logotipo de Playboy. Su autor era Juan Fresán, nacido en Viedma en 1937; muerto en Buenos Aires en 2004; padre de Rodrigo, escritor y periodista; de larga estadía en Venezuela y España entre los años 70 y los 90. Fresán era diseñador gráfico y publicista pero aquí se lo exhibe como "artista", palabra que despreciaba al punto de que, fuera de una temprana muestra de pinturas, nunca formó parte del mundo de las artes visuales. En cambio parecía trabajar para una guerrilla paralela: su cortometraje Caperucita Roja (disponible en YouTube) fue realizado junto con su hermano Miguel, el fotógrafo Humberto Rivas y Oscar Smoje, quien diseñó la tapa de la edición argentina de Pomelo, el libro de Yoko Ono. Son quince minutos de una suerte de deconstrucción surrealista que se espeja con las viñetas de este libro inédito, convertido ahora en una muestra ya vendida en su totalidad a una colección privada de los Estados Unidos.

El galerista uruguayo Ricardo Ocampo Feris consiguió los originales de Playchild de un anticuario quien los había obtenido a su vez tras la muerte de Fresán. Junto con las viñetas y el arte de tapa no había ninguna indicación del año en el que esta obra fue ejecutada. La estética remite al humor gráfico de los años 60, mezclando ilustraciones victorianas con deformaciones eróticas de marcas (el logotipo de Coca-Cola convertido en una serpiente-pene) y dibujos de genitales. Hay algo relacionado con el uso tipográfico que hacía el dadaísmo pero también un adelanto culto, erudito, del sabotaje digital de los memes. Lo que está en medio de todo esto es la gráfica punk. Y ahí es donde el misterio de Playchild se ahonda.

En 1970, Siglo XXI editó el libro objeto BioAutoBiografía de Jorge Luis Borges por Juan Fresán. Recurre al collage y a la alucinación tipográfica como contrapunto visual a las palabras que el mismo Borges había desparramado en sus libros. Se supone que Playchild vino después pero nadie lo sabe. Quizás empezó siendo contemporáneo al cortometraje (el tema de la sexualidad infantil está en ambos) y lo completó después, ya que es difícil imaginar que Siglo XXI o cualquier otra editorial se atreviera a editarlo por su alto octanaje sexual. El galerista lo fechó primero hacia 1980, pero terminó por ponerle "circa 1970" a las imágenes mientras que en el texto de sala se lo data 1977.

Entre las viñetas hay una que se reserva todo el enigma para sí. Es el dibujo de los genitales de un niño con un alfiler de gancho cruzado y la leyenda "Baby Punk Penis".

La imagen del alfiler impugnando el retrato de la Reina Isabel apareció en el diseño de tapa del disco simple God Save The Queen de los Sex Pistols el 31 de mayo de 1977. Es difícil pensar que Fresán haya hecho algo tan parecido (usando la palabra punk) casi al mismo tiempo, siguiendo la datación del crítico Claudio Iglesias, pero más imposible resulta imaginar que lo hubiera hecho hacia 1970 cuando el galerista concluyó que fue diseñado.

Enigma dentro de otro, mamushka de misterios. Un libro que nunca se hizo de un argentino antiartista se termina vendiendo completo (¿cuarenta?, ¿cincuenta años después?) como obra de arte a Estados Unidos y en una de sus páginas sin encuadernar hay una imagen que remite a la iconografía punk. Pero antes o al mismo tiempo, o fuera del mundo, como hizo Thoreau para escribir Walden.

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