El enojo me supera: cómo aprender a gestionar la ira

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Shutterstock
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27 de febrero de 2020  • 00:38

Una de las herramientas más importantes de la inteligencia emocional consiste en aprender a gestionar la ira. Enojarse es normal y saludable porque es la fuerza interna que poseemos frente a una frustración. El enojo nos brinda la energía para mover la piedra que se encuentra en el camino pero jamás deberíamos utilizarla para golpear a aquel que la colocó allí.

Algunas personas expresan: "Yo nunca me enojo, pero cuando lo hago, estallo". Esto es incorrecto. En realidad, se enojan muy a menudo, pero no son conscientes de ello y acumulan así frustración para terminar detonando. Lo primero que debemos mencionar es que, cuando hablamos con alguien y uno o ambos experimentamos mucho enojo, es aconsejable posponer el conflicto.

¿Qué nos sucede cuando estamos muy airados?

El enojo bloquea nuestra capacidad de razonamiento y nos conduce a tener "visión de túnel". En el otro extremo, cuando estamos relajados, tenemos "visión amplificada".

A veces, lo mejor es proponer: "Lo hablamos más tarde o mañana, ahora estoy enojado". Cuando hay un conflicto debemos hablar, nunca callarnos; sin embargo, esto no implica hablar en el momento del enojo. La capacidad de discutir es la manera de resolver el conflicto. Si uno está muy enojado y el otro insiste o presiona, generará una escalada de poder que acabará en un resultado negativo. Entonces frente al enojo de una o ambas partes, la sugerencia siempre es posponer el conflicto, sin evitarlo. Es decir, hablar más adelante cuando los dos estén tranquilos y sean capaces de razonar.

Muchas personas, cuando se enojan, dicen: "Quiero que lo hablemos ya, ¡ahora me vas a escuchar!" sin darse cuenta de que la expresión del enojo, en esa situación, lo único que hará es invitar al otro a subirse al "ring" pero no resolver el conflicto. Por eso, hay que poner pausa y esperar. La espera es un elemento muy importante para aprender a administrar el enojo inteligentemente.

Algunas ideas al respecto:

  • 1. El enojo es la fuerza que nos guía hacia un objetivo. Frente a un conflicto donde uno o ambos estamos muy enojados, deberíamos preguntarnos: "¿Qué es lo que quiero lograr?, ¿Cuál es mi objetivo?". Las "emociones" podrían ser comparadas con un celular y la "razón", con la mano que lo maneja. Siempre pensar cuál es el objetivo que deseamos alcanzar nos direccionará a utilizar la fuerza del enojo para construir y nunca para lastimar. Recordemos que el enojo es una conducta normal, mientras que la violencia siempre es una conducta patológica.
  • 2. No respondamos a la emocionalidad del otro. Cuando alguien se dirige a nosotros enojado o gritando, reaccionar a ello es entrar en una lucha de poder. Lo ideal es posponer el conflicto, como dijimos en el punto anterior, y en voz pausada y calmada decir: "Te pido que no me hables así. Hablemos más tarde de manera tranquila para resolver juntos el problema". A veces en ciertas situaciones lograremos esto con facilidad y podremos administrar estos recursos verbales; mientras que en otras situaciones, no. Es allí entonces donde uno debe aprender que la violencia nunca es un método de resolución de conflictos.
  • 3. Las peleas constantes en la pareja son la expresión de una lucha de poder. Cuando sus integrantes discuten por cosas pequeñas, vanas, todo el tiempo, en realidad lo que esconden es "quién define o domina la escena" (disfrazado de situaciones cotidianas objeto de discusión). Hay personas que han crecido con la creencia de que en la pareja uno debe tener poder sobre el otro. Ignoran que la relación es ese tercero que armamos los dos y ambos tenemos el poder del "cerebro de pareja", del nosotros, para construir juntos un proyecto. De ningún modo es una pulseada para ver quién tiene razón o quién le gana al otro en su argumentación verbal.

Quienes se enojan rápidamente o con mucha intensidad (razón por la cual el enojo les dura demasiado) deben aprender a poner pausa. Una de las características de la inteligencia emocional es aprender a editar. Nunca debemos decir todo lo que nos venga a la mente. Cuando una persona dice: "Yo soy frontal y digo todo lo que pienso", en realidad enmascara su baja empatía. Es decir, su incapacidad de pensar cómo el otro podría verse afectado por lo que digo. Recordemos que las palabras tienen el poder de construir o de destruir.

En una oportunidad, un rabino me compartió que le enseña a la gente que, cuando estén muy enojados, deben escribir una carta y guardarla durante veinticuatro horas. Y riendo agregó: "Nunca nadie envía esa carta después de veinticuatro horas".

Recuerdo a un profesor que tuve en Estados Unidos en un curso sobre manejo de la ira que decía que el que está tranquilo es el que tiene las herramientas para resolver la situación. Manifestar paz, tranquilidad y capacidad de razonamiento son signos de una buena estima, de madurez psicológica y de un nivel de empatía apropiado. Hoy, lamentablemente, vemos que muchos, ante la primera frustración, explotan, gritan, insultan. Esto es así porque poseen escasos recursos comunicacionales y un mal manejo de su propia emocionalidad. Un acto impulsivo siempre lleva a malas decisiones.

Es importante poner límites cuando el otro nos grita o nos insulta. Establecer con claridad y firmeza que, bajo esas circunstancias, no hablaremos. Discutir no es malo, dado que libera la tensión acumulada; pero una cosa es intercambiar ideas y perspectivas y otra es agredir. La agresión nunca busca resolver sino lastimar. Estamos hablando aquí del tipo de discusiones donde el enojo es tan fuerte que no permite la reflexión.

Decía el sabio rey Salomón que "La blanda respuesta quita la ira" y que "Las palabras pueden ser un golpe de espada o medicina". Aprendamos a posponer, a pensar con tranquilidad, a transmitir soluciones en conjunto y a utilizar nuestros enojos diarios en pos de un objetivo saludable, todo lo cual es un signo de felicidad no solo para uno mismo sino para aquellos que nos rodean.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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