El ensayo: la felicidad de la literatura, según Aira
Fogwill insistía en que podría hacerse un libro entero con los pasajes de las novelas de César Aira con alusiones a cuestiones estéticas. No hace falta decirlo, ese libro improbable (¿quién se va a ocupar de hacerlo?) estaría destinado a ser un ensayo. Aira escribió algunos ensayos tout court, y los mejores son el que dedicó a la poeta Alejandra Pizarnik y especialmente Sobre el arte contemporáneo. En cambio, Evasión y otros ensayos (Random House) es otra cosa, aunque más no sea porque Aira esta vez reivindica sin rodeos el género. Están Stevenson, Dalí y, siempre, el propio Aira.
No hay género más personal que el ensayo. Ni más personal, ni más libre, ni más felizmente conservador. Desde que apareció (¿cuándo?) el ensayo no tuvo reglas, y eso no cambió. Se escriben ensayos para saber qué es un ensayo. La novela es hija de la época: por eso envejece. El ensayo, del capricho: por eso es siempre igual y siempre distinto. En el último escrito "El ensayo y su tema" (alusión a "El ensayo como forma", del filósofo Adorno), Aira lo dice sin vueltas: "Es el género más feliz".










