El legado de México: la otra revolución
En el MNBA. Una muestra demorada durante décadas revela el proceso creativo de Rivera, Orozco y Siqueiros
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Además de monumentales obras en edificios públicos, los tres maestros del muralismo mexicano hicieron grabados, dibujos y pinturas de caballete. En el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), Orozco, Rivera, Siqueiros. La exposición pendiente y la conexión Sur reúne las obras más íntimas y algunos bocetos y primeros estudios para grandes proyectos murales.
La fabulosa exposición de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros tiene dos núcleos. Por un lado, La exposición pendiente, con 76 obras provenientes de la colección del Museo de Arte Carrillo Gil de México, que formaron parte de una muestra organizada por el prestigioso museógrafo mexicano Fernando Gamboa, montada en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile en 1973, pero que no pudo inaugurarse entonces por el golpe militar de Augusto Pinochet. Carlos Palacios, curador del Museo de Arte Carrillo Gil, conversó con LA NACION sobre algunas de las piezas clave que la conforman.
Por otro lado, La conexión Sur, con curaduría de Cristina Rossi, relaciona la producción de los muralistas con la de artistas locales; entre ellos, Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Juan Carlos Castagnino.

La etapa cubista de Rivera
Una serie de pinturas poco conocidas acerca la etapa cubista de Diego Rivera, desarrollada en París antes de que ingresara en el programa del muralismo mexicano. El arquitecto (1915-1916) es una pintura muy compleja desde el punto de vista formal, con gran trabajo de dibujo y color. A contrapelo de la estética y la temática del muralismo, es una de las obras de Rivera más importantes de la colección Carrillo Gil.
Orozco, Rivera y Siqueiros impulsaron el programa de murales ideado por José Vasconcelos, primer secretario de Educación Pública de México. Sostuvieron un ideario político sobre la importancia del arte público en la educación. Hicieron murales en edificios públicos y privados de México, y también en Estados Unidos. En el caso de Siqueiros, en Chile, Cuba y en la Argentina, donde en 1933 realizó Ejercicio plástico en la quinta Los Granados, de Natalio Botana. "El muralismo mexicano fue revolucionario: estos artistas narraron una historia con un programa iconográfico muy elocuente, directo y diáfano", dice Palacios.

Siqueiros, el gran combatiente
"Siqueiros es el gran combatiente, el gran muralista latinoamericano que asume la práctica artística como práctica política", explica el curador. Para Siqueiros, arte y vida eran una unidad indivisible. Encarnó la aventura plástica, creó el taller experimental en Nueva York, y también participó en la Revolución mexicana, en el bando republicano en la Guerra Civil Española y en el intento de asesinato contra León Trotsky. Estuvo varias veces en prisión.
Zapata, estudio para el mural del castillo de Chapultepec (1966) es una obra fundamental porque evidencia la mirada política que tiene el artista respecto de la historia mexicana y de la función social del mural. Representado con apenas unos trazos, Zapata avanza en un caballo blanco, al galope. La figura ecuestre simboliza al luchador.
Siqueiros trabajó en el castillo de Chapultepec, que fue residencia de los emperadores Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica, y que en 1944 fue transformado en el Museo Nacional de Historia. "Es una obra muy singular en la que experimentó con piroxilina (una laca para coches) y exploró la relación entre abstracción y figuración, aunque rechazaba la abstracción por considerarla un arte pequeñoburgués y decorativo –dice Palacios–. Para Siqueiros, el arte tiene que ser revolucionario y llevar a las masas a un cuestionamiento crítico."
Orozco, contra el horror
De Orozco se exhiben obras muy tempranas con escenas de género, de la vida cotidiana, de la clase media en el porfiriato y del momento revolucionario. Hay también apuntes para murales. Con un marcado estilo expresionista, las imágenes atroces ponen el foco en maltratos e injusticias. "Orozco ve la revolución como una gran barbarie, una tragedia sin vencedores ni vencidos", señala Palacios. Hay varias obras que condensan escenas de desolación. Los agachados (1948), en carbonilla, muestra a hombres y mujeres humillados, arrodillados y enterrados de cabeza, al lado de una figura extraña, en sombras. "Es una gran alegoría social", observa el curador.
Inspirado en el Guernica de Picasso, Los teules IV (1947) es una pintura de una cruenta lucha cuerpo a cuerpo en la que el centro de la composición lo ocupa el instante del acuchillamiento. En El niño muerto (1925-28) se ve a una mujer que sostiene en el regazo a su hijo muerto y a un miliciano que porta un fusil. "Este cuadro –dice Palacios– pone de manifiesto los horrores de la guerra. Muestra que los dramas son mucho más íntimos que esas grandes discusiones políticas o esa mirada heroica que hay sobre la revolución: Orozco rebaja la mirada heroica que hay sobre la Revolución mexicana".
Actividades para hoy
Como parte de la muestra Orozco, Rivera, Siqueiros. La exposición pendiente y La conexión sur, el Museo Nacional de Bellas Artes organiza visitas guiadas, charlas temáticas y talleres para toda la familia, de entrada gratuita.
Hoy a las 17.30, se realizará la conferencia "La obra mural y su integración con la vida cotidiana", a cargo del escultor Antonio Pujia, y de Analía Romero y Nicolás Ramón Boschi, del proyecto América en Colores.
Las visitas guiadas se realizan los viernes, sábados y domingos a las 18. De martes a domingos, a las 15, 16 y 17, hay charlas didácticas de 15 minutos de duración que ofrecerán claves recorrer la exposición de forma independiente.








