El país posverdadero
La extensión de las dudas que genera el atentado en vivo y en directo a Cristina Kirchner reinstala y potencia la era de la posverdad y su arraigo en la sociedad argentina.
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Sucedió, pero no ocurrió. No, al menos, como cuentan que pasó. Esa es la ¿verdad? Hace seis años el Diccionario Oxford la instituyó como la palabra del año. Posverdad. Aunque no era nueva. Ya la había autilizada y titulado su libro en 2004 el sociólogo norteamericano Ralph Keyes: “La era de la posverdad, deshonestidad y decepción en la vida contemporánea”. La llegada de Donald Trump al poder en ese 2016 y su manipulación de la realidad a través de medios y redes sociales la puso en el centro del mundo. Fue algo más que una manera de explicar su elección y el poder de simular la existencia y la inexistencia hasta de lo palpable.
Nada nuevo, podría decirse, si no fuera por la dimensión y escala alcanzadas. El mundo como un universal Truman Show. Sin chequeos suficientes para desmentir o confirmar. El atentado contra Cristina Kirchner repone el concepto. Y lo extrema. El número de los que dudan de todo o parte de lo que se vio en vivo y en directo sorprende. Hace explotar burbujas de sentido. Las de paredes menos blindadas, pero burbujas al fin. La Argentina como país irreal. Posverdadero. O postrero. Algunos creen todo y demasiados no creen en nada.
El adiós a Magdalena Ruiz Guiñazú, adalid de la búsqueda de la verdad a riesgo de su propia vida, solo hace todo más triste. Y más real. Para desear que sea una posverdad.






