
El poder mundial se decide en los Estados Unidos
1 minuto de lectura'
EL núcleo de la estructura de poder mundial en 1996 es el resultado directo de la forma en que terminó la guerra fría. Esto es, del modo en que concluyó el anterior sistema de poder mundial -bipolar, heterogéneo, planetario- vigente desde 1945 a 1991.
La Unión Soviética se autodisolvió. Tras disputar con los Estados Unidos durante cuatro décadas la hegemonía mundial, cayó sin disparar un tiro, con su sistema de defensa intacto.
En diciembre de 1991 (acuerdo de Minsk), las tres repúblicas eslavas -Rusia, Bielorrusia, Ucrania- resolvieron dar por terminado el experimento iniciado por Lenin en octubre/noviembre de 1917.
Reconocieron la imposibilidad de continuar la puja con los Estados Unidos y el Occidente capitalista, y disolvieron la federación soviética.
"Hay más arrepentimientos que confesiones", dijo Gilbert K. Chesterton. En 1991, en la Unión Soviética hubo arrepentimiento y confesión : una rareza histórica.
Había dos superpoderes en el mundo en 1991. Uno se autodesintegró. Queda en pie el otro, vencedor: los Estados Unidos.
La década del 90 muestra en el núcleo de la estructura de poder mundial una situación de estabilidad hegemónica con eje en los Estados Unidos.
Es un tipo de configuración que históricamente se reveló provisoria. El poder en el mundo tiende a la polarización, porque su naturaleza se identifica con el conflicto: es conflicto ("La guerra es la madre de todas las cosas").
La situación actual del poder mundial es provisoria, seguramente un intermedio, pero es una provisoriedad quepuede durar años, quizá décadas.
En la reunión del Foro Asia-Pacífico (APEC), que tuvo lugar en Manila del 23 al 26 de noviembre entre el presidente Bill Clinton y los jefes de Estado o de gobierno de 17 países de la región, se mostró la nueva estructura del poder internacional.
Los Estados Unidos entraron en su sexto año de crecimiento consecutivo, y Japón -segunda potencia económica global- en su cuarto año de depresión. China crece hace 17 años en forma sostenida y logró duplicar el ingreso real per cápita de su población de 1250 millones de habitantes en los últimos 10 años. También posee el mayor superávit comercial frente a los Estados Unidos (atrás quedó Japón).
Por eso, la reunión de Manila giró sobre las negociaciones entre Washington y Pekín. El eje fueron las condiciones bajo las cuales los Estados Unidos podrían permitir a China ingresar en la Organización Mundial de Comercio (WTO). Las reglas efectivas del comercio mundial dependen de esta negociación bilateral.
El rasgo característico de la política exterior de los Estados Unidos en la década del 90 es que interviene cada vez más en la forma en que los otros países organizan sus economías domésticas.
Exige a China que establezca un mapa de ruta hacia la apertura de sus mercados y el reconocimiento de la propiedad intelectual. Reclama a Indonesia (190 millones de habitantes) que modifique el trato que otorga a sus trabajadores fabriles. Insiste ante la India (900 millones de habitantes) para que abra su mercado telefónico a la competencia internacional y enfrente el problema de la corrupción estatal.
De pronto, todos los protagonistas del juego político-económico de la región de más rápido crecimiento del planeta -2.000 millones de personas sobre 5.800 millones que habitan el planeta- advierten que decisiones fundamentales que los afectan en forma directa se toman dentro del sistema político norteamericano. Comprueban que medidas políticas de envergadura mundial surgen de la dinámica doméstica del sistema de decisiones estadounidense. Constatan que lo que sucede internamente en los EStados Unidos es más importante para el mundo que las distintas formulaciones de la política exterior norteamericana.
El sustento material de esta conversión de la política doméstica de los Estados Unidos en componente central del poder mundial, es el crecimiento sostenido de su economía, expresión de un cambio tecnológico de envergadura histórica.
El rasgo primordial del actual ciclo de crecimiento del capitalismo norteamericano es que participan por igual las distintas subregiones de esa economía continental.
La pauta histórica es que no hay ciclo económico unificado, sino sucesivas fases de auge y recesión que atraviesan las diversas economías regionales.
En 1981/82 (Reagan), el Norte industrial tradicional -acero, industria automotriz- y el Medio Oeste agroalimentario se hundieron en la recesión.
Al mismo tiempo, en las regiones costeras del Atlántico y el Pacífico (Nueva Inglaterra y California) se desató un boom.
En 1991/92 (Bush), el fenómeno fue igual, sólo que de signo inverso. La recesión se produjo en las costas, y el auge en el Medio Oeste y el Norte industrial (en plena reconversión tecnológica).
Hoy, en el sexto año de crecimiento -sobre una matriz tecnológica cualitativamente superior-, un círculo virtuoso recorre al mismo tiempo todas las regiones del país. El Este y el Oeste, las Grandes Planicies y el Sur profundo, crecen con fuerza similar.
El riesgo que enfrentan los otros países del mundo frente a los Estados Unidos en la década del 90 es un exceso de intervención y la tentación de la unilateralidad. En estas condiciones, quizás haya un peligro mayor: la indiferencia. De los males del alma el peor es el frío.





