El ‘realismo mágico’ de Gaby Herbstein, en imágenes
La fotógrafa argentina expone en el Museo Sívori más de 30 fotos con las que ganó el Oro del Prix de la Photographie de París
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Reconocer el ego, ver los obstáculos como oportunidades, deshacer ataduras para transformarse, soltar lo que daña, entender que las acciones tienen efectos. "No son doctrinas religiosas, de lo que hablo es de una búsqueda interior y de que el cambio empieza por uno mismo. En esta serie, utilizo las imágenes para plasmar estos mensajes", explica la fotógrafa argentina Gaby Herbstein, cuya nueva exposición, Retratos de conciencia, se expone al público en el Museo Sívori.
Se trata de una muestra distribuida en un espacio laberíntico, que, por su contenido, también discurre aleatoriamente por los caminos de la mente del visitante.
Una joven enseña sus contorneadas piernas sobre una hamaca que cuelga de un mundo invertido: la retratada pende de las montañas y sus pies quedan suspendidos en un cielo con nubes. Ésta es la estampa de El cielo en la tierra, una de las imágenes que da la bienvenida en la antesala.
La exposición, con la que Herbstein gañó este año el Oro del Prix de La Photographie de París, se desarrolla en tres ámbitos diferenciados: un hall vidriado, la sala principal y un largo pasillo a modo de galería. La muestra estará abierta hasta el 7 de febrero y se compone de 34 fotos y más de 70 objetos.
A través de dos modelos, Carla Moure y Cristian García, la conocida fotógrafa trasladó a las imágenes ideas preconcebidas, filosóficas, con un gran proceso creativo y de producción detrás. "Ellos son como mi Adán y mi Eva", dijo la artista a LA NACIÓN.
Detrás de las fotos de Herbstein, hay una trastienda de intensos preparativos previos al shooting, que movilizan a un amplio equipo de diseñadores, vestuaristas y profesionales de la imagen.
La artista decidió, por primera vez, desnudar en una exposición su proceso creativo y exhibir, además de las fotos, bocetos, elementos de vestuario, postizos, objetos, decorados, textos y boards. En uno de los laterales del hall, se improvisaron en un habitáculo pequeñas ventanas, a modo de periscopios, para observar elementos colocados intencionadamente en el interior. Zapatos, vestidos con diseños de origami, joyas, accesorios y otros objetos utilizados en las sesiones fotográficas son los protagonistas de esta parte de la muestra.
Graciela Limardo, responsable del Museo, destaca el carácter cinematográfico de la producción en la obra de Herbstein. "Hoy en día, cuando la fotografía se ha democratizado, acá vemos fotos con un enorme trabajo de creación previa, ideas que conducen, en este caso, a un clima que tiene mucho de onírico y de intimidad. Gaby pinta con la fotografía", recalca.
En la sala principal, dos textos coronan el acceso: uno de la propia artista, sobre la conciencia, y otro de la curadora de la exposición, Vicky Salías, que coincide en que Herbstein "no es una fotógrafa que ve una escena y la toma, sino que la construye para fotografiarla".
En esta sala, concebida como un espacio introspectivo, ambientado con luz tenue y con focos recortados sobre partes concretas de las imágenes, las obras se relacionan principalmente con la búsqueda y el reconocimiento del ego, y con lo onírico: qué mensajes traen los sueños y qué aportan a la construcción de la conciencia.
"Yo vinculo el trabajo de Gaby con el realismo mágico. Juega la tensión entre la realidad y la fantasía. Ella trabaja la imagen de una forma muy realista, pero el producto final son situaciones imposibles. Una chica no va a estar flotando en la noche, como aquella", explica Salías, en referencia a una de las obras que más miradas acapara entre los visitantes, aquella llamada Entre sueños, mi alma se eleva.
La sala central se subdivide en otro espacio diferenciado, de techo bajo y paredes oscuras, en el que se aborda lo que la curadora define como conciencia propositiva. Tiene que ver "con el dejar atrás lo que atormenta, las partes oscuras del ser, las cegueras para poder ver, con el verse para encontrarse". Estas situaciones, estos estados de ánimo, se aprecian claramente en una de las obras a las que Herbstein tiene mayor cariño: sobre un fondo oscuro, el modelo, inmaculado y con lágrimas artificiales en sus mejillas, enciende una lamparita. "En la oscuridad, siempre hay un punto de luz", dice la artista.
Las fotografías de Herbstein están llenas de pequeños detalles y, en la inspiración de la obra, además de una estética pictórica, se aprecian "referencias y un homenaje al surrealismo, a Magritte, a Frida Kahlo", explica la curadora.
En un tercer espacio, el pasillo; la apuesta conceptual de las obras es "más positivista y de mayor claridad". Las imágenes intentan reflejar ideas como la de tomar perspectiva ante las adversidades, saber elegir o construir el propio paraíso.
Autoafirmaciones como las que se reflejan en la obra –Si tengo certeza, no voy a caer–, representada en la imagen de la modelo suspendida desde el cielo con hilos, pueblan el hall. Otros trabajos reflejan conceptos más relacionales "de uno con el otro", como los de almas gemelas, el poder de la mirada (en la foto, los ojos de la modelo traspasan las manos con las que se los cubre), el dejar ir las cosas, el acercarse a las personas que están lejos o el de tender puentes.
Cuqui Cohen, una de las primeras personas que visitó la muestra, dice que elegiría la obra que habla de tender puentes (retratada con los modelos ubicados cada uno a un lado de una rama sobre la que deben caminar en equilibrio), para su living. "Tender puentes es lo que yo vengo haciendo con mi marido desde hace 50 años. No sé de dónde saca Herbstein toda esta imaginación, me encanta", dijo a este diario, mientras recorría las salas del museo.
La exposición cierra sus puertas este fin de semana.









