
El significado político del New Deal
El éxito de Roosevelt al sacar a su país de la depresión se debió más a la guerra que a las políticas keynesianas. Su verdadero logro fue establecer consensos y haber sabido acercar el gobierno a la gente
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En las últimas semanas, políticos y periodistas han invocado al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt y al New Deal para justificar la necesidad y bondades de una política de reactivación de corte keynesiano.
Dicha referencia a una experiencia histórica de las más singulares ha generado no poco entusiasmo y optimismo entre dirigentes y actores sociales. Convendría, sin embargo, detenerse un momento a pensar acerca del sentido real del New Deal, sobre lo que hizo de ese "nuevo trato" propuesto por el presidente demócrata a las desahuciadas familias norteamericanas uno de los capítulos de mayor importancia de la historia reciente de los Estados Unidos.
Una de las imágenes de mayor emotividad de la época de Roosevelt es la foto de un afroamericano de la ciudad de Washington que, con rostro compungido y lágrimas en los ojos, ve pasar el cortejo fúnebre del amado presidente (Roosevelt falleció en abril de 1945). Su muerte fue sentida como una pérdida irreparable por la mayoría de los norteamericanos, y en particular por el hombre y la mujer común, a cuyos corazones el presidente tan bien había sabido llegar en los duros tiempos de la depresión. Ejerció la presidencia durante 13 años (1933-1945), siendo reelegido en tres ocasiones consecutivas (1936, 1940 y 1944). Un caso sin precedente para una nación democrática.
¿Qué lo hizo tan popular? ¿Fue el New Deal el responsable? Sí, pero en un sentido diferente del que parecen darle en la actualidad políticos y periodistas. Lo revolucionario e imaginativo de la política de Roosevelt no radicó en las medidas económicas per se. Y para convencerse de ello basta examinar las cifras del desempleo a lo largo de la década de 1930. En 1933 uno de cada cuatro norteamericanos en edad activa no tenía trabajo. Cuatro años después eran todavía uno de cada seis, y en 1937-38 el desempleo alcanzó a uno de cada cinco. Fue la guerra de 1939-1945 la que sacó al país del marasmo económico. La situación económica de la mayoría de los norteamericanos, en particular los que seguían sin encontrar trabajo, no mejoró mucho a lo largo de la década.
Y sin embargo, la sensación era muy diferente. La gente percibía que el gobierno actuaba frente a la crisis a través de políticas activas. Había habido un cambio notable en el estilo de gobierno frente la inercia de la última administración republicana. Es cierto que muchas de las políticas adoptadas en los primeros cien días del "primer New Deal" (1933-1934) no tuvieron un impacto inmediato en la economía, bien porque los programas de obras públicas promovidos por las distintas agencias del gobierno federal eran de carácter temporario, representaban una remuneración baja o dependían en buena medida del apoyo de los gobiernos estatales para su financiamiento. Pero la proliferación de organizaciones y planes federales creados y concebidos ad hoc para combatir la recesión redefinió el rol social del Estado e hizo del gobierno federal, gracias a la convicción y denuedo de los jóvenes del ala izquierda del partido demócrata (los New Dealers ), un agente de transformación sociocultural fundamental.
Sentido de propósito
A través de organizaciones como el Civilian Conservation Corps (reforestación, parquización y control de la erosión), la Tennessee Valley Authority (aprovechamiento y control hidráulico), la Public Works Administration (obras públicas) y los innovadores programas para escritores, libretistas y actores teatrales, imprimieron en amplios sectores de la sociedad un sentido de propósito, una causa para continuar y no perder las esperanzas. El gobierno mostró que estaba allí, a veces quizá de una manera más discursiva o formal, pero no por ello menos efectiva. Un buen ejemplo de esto fueron las fireside chats (literalmente "charlas al lado del fuego"), una serie de emisiones radiales nocturnas con las que el presidente intentaba, en un estilo informal y casi familiar, transmitir confianza y tranquilidad a la población. Más que un "nuevo trato", el New Deal forjó un nuevo "contrato" entre el gobierno federal (no los Estados) y la sociedad.
Hay otro aspecto del New Deal que es importante destacar si queremos entender las condiciones políticas que lo hicieron posible: la elaboración de consensos amplios que integren fuerzas sociales disímiles. El New Deal se construyó sobre una amplia coalición de intereses, desde los granjeros del medio Oeste y los trabajadores sindicalizados e inmigrantes de las grandes ciudades (corrupta maquinaria política de los caudillos demócratas mediante) hasta la población negra del Norte y las mujeres (apoyo conseguido gracias a la figura emblemática de la esposa del presidente, Eleanor, y a la presencia, por primera vez en la historia norteamericana, de mujeres en cargos políticos de alto nivel).
Pero ello también significó tolerar situaciones moralmente reprobables, como lo eran las prácticas de segregación racial de los Estados sudistas (que impedían a la población negra ejercer libremente el derecho de voto). Si bien Roosevelt las condenaba (de hecho promovió la adopción de medidas antidiscriminatorias en las oficinas del New Deal), prefirió no presionar y arriesgarse a perder los votos blancos del sur, región que por otra parte constituía uno de los baluartes históricos del Partido Demócrata. Fue una decisión duramente criticada por las organizaciones de derechos civiles, en particular la Naacp (Asociación Norteamericana de Gente de Color). La imagen anteriormente evocada del afroamericano que le rinde su último adiós al presidente fallecido quizá demuestre que pese a todo lo que no cambió en la vida material y cotidiana de muchos estadounidenses, el New Deal creó las condiciones políticas (consensos amplios) que permitieron la búsqueda de soluciones a la crisis económica dentro del sistema democrático a diferencia de como ocurriría en buena parte de Europa y América latina.





