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Elecciones 2019

Elecciones clave. ¿Qué mueve al votante argentino modelo 2019?

Lorena Oliva
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14 de julio de 2019  

En tiempos en los que la tecnología al servicio de monitorear y predecir el comportamiento humano está en auge, aún no existe algoritmo capaz de decodificar con certeza qué factores intervienen sobre nuestras decisiones electorales.

¿Por qué votamos como votamos? ¿Qué privilegiamos en el cuarto oscuro, nuestra situación personal o la del país? ¿Con qué nivel de información llegamos a los comicios? ¿Cuán ideologizado es nuestro voto? La motivación última de los votantes desvela a politólogos, encuestadores y políticos por igual. Sobre todo porque, en los últimos años, la voluntad ciudadana se ha vuelto más volátil y, por eso mismo, más difícil de anticipar, como ya lo han demostrado algunos resultados electorales inesperados. Un fenómeno que se verifica tanto en el país como en otras democracias del globo.

Algunos se preguntan si, en un mundo en permanente cambio, las encuestas continúan siendo las herramientas más eficaces para desentrañar el ánimo electoral de la ciudadanía; muchos consideran que es tiempo de sumar, entre los diferentes tipos de votantes, nuevas categorías. Por ejemplo, la del votante líquido, integrada por aquellos cuyo comportamiento fluctuante es un verdadero enigma para la ciencia política, o la del votante-consumidor, que designa a quienes no tienen un interés real por la política y se deciden por aquello que les puede reportar una satisfacción inmediata.

En la antesala de una elección presidencial clave, el panorama político argentino se presenta cargado de incertidumbre. Con candidaturas que terminaron de consolidarse casi al filo del cierre de listas, es entendible que pocos se animen a arriesgar pronósticos. Pero, ¿cuánto se sabe del votante argentino modelo 2019?

Salvo excepciones, en el proceso de elección de un determinado candidato actúan un componente racional y otro emocional. Al mismo tiempo, en la decisión se conjugan múltiples factores, como edad, género, posición social, historia personal, expectativas y consumo mediático. Esto se combina, a su vez, con otras variables, como la coyuntura o el nivel de complejidad de la escena política. Y este último punto parece ser crucial: una escena política inestable suele poner a prueba, incluso, las certezas que hasta ese momento se tenían acerca de los distintos grupos sociales y su comportamiento en términos electorales.

"En algún momento se había hablado del fin de las ideologías, pero a la luz de los acontecimientos locales y también internacionales, podemos decir que esa bibliografía quedó completamente desactualizada", sostiene con ironía el sociólogo Ignacio Ramírez. Recuerda que incluso el Pro, en sus inicios, proponía un vínculo más transaccional con la ciudadanía. "Cuando uno repasa la propuesta macrista de los últimos cuatro o cinco años ve que el discurso se volvió mucho más ideologizado. Los dos espacios políticos de mayor protagonismo han hecho propuestas identitarias muy fuertes", agrega el especialista, director del posgrado de Opinión Pública y Comunicación Política de Flacso.

Mauricio Macri visita una cooperativa, durante la campaña del oficialismo en las elecciones legislativas de 2017; el Presidente suele buscar oportunidades de contacto directo para sumar votantes
Mauricio Macri visita una cooperativa, durante la campaña del oficialismo en las elecciones legislativas de 2017; el Presidente suele buscar oportunidades de contacto directo para sumar votantes Crédito: ARCHIVO

¿Significa esto que toda la sociedad está hoy en modo ballottage, es decir, regida por la polarización? Si bien asistimos a la autopsia conceptual de la avenida del centro y eso acotaría el espectro de propuestas, Ramírez percibe un cierto espacio para la heterogeneidad dentro del universo del electorado.

"No todos votan por las mismas razones -afirma el experto-. Hay un sector más ideologizado, que es más estable, con una decisión difícil de revertir; otro tipo de votante privilegia en cambio el día a día, y el suyo es un voto más económico, que tiende a premiar o castigar a los gobiernos según cómo le vaya en lo personal; y hay otro sector que representa a una porción más chica del electorado, de voto más coyuntural, que se define en función de las campañas, los rasgos de los candidatos y su comunicación política".

En este escenario, los partidos han resignado parte de su relevancia histórica. "El voto por identificación partidista perdió peso en nuestro país, especialmente a partir de la crisis de 2001

2002, lo que contribuyó a que aumentara la volatilidad en el apoyo a los partidos de elección en elección -dice María Laura Tagina, profesora e investigadora de la Escuela de política y gobierno de la Universidad Nacional de San Martín-. A partir de los años 90, pero en particular desde la década siguiente, el sistema de partidos se ha ido transformando en la Argentina y han surgido partidos nuevos, con posicionamientos ideológicos diferenciados. Sin embargo, en comparación con otros factores, la ideología del votante sigue resultando un predictor bastante impreciso del voto en la Argentina".

Tagina presta atención a las características propias de cada persona como factores que también influyen en nuestra decisión electoral, casi sin que nos demos cuenta. "La edad que tenemos, nuestro oficio o profesión, o la cantidad de años que hemos estudiado en la escuela o universidad. Así, por ejemplo, los jóvenes tienden más a apoyar partidos radicalizados en comparación con los adultos, que apoyan a partidos más moderados", compara.

Economía y crisis

Pero, ¿qué dicen, hasta el momento, las encuestas sobre la situación y las expectativas del votante argentino de cara a las elecciones?

Según encuestas recientes de las consultoras Synopsis y Opinaia, el 51% del electorado considera que el factor económico será determinante en su voto. Para un 19% es importante la lucha contra la corrupción, en tanto que un 9% priorizará cuestiones relacionadas con la seguridad. El rumbo económico del país preocupa a 6 de cada 10 votantes y, en ese sentido, el 70% evalúa negativamente la gestión económica del Gobierno. El 62 % considera que el gobierno anterior comparte en gran medida la responsabilidad por la crisis económica actual.

"Al no contar con la posibilidad de una estabilidad económica, política y social, los argentinos nos enfrentamos cotidianamente a la incertidumbre de no saber qué puede suceder, no en cinco años, sino en cinco días", analiza el profesor Jorge Biglieri, a cargo de la cátedra de Psicología Política y decano de la Facultad de Psicología de la UBA.

"Los discursos políticos tampoco ofrecen certezas mínimas -agrega-, y eso aumenta los niveles de ansiedad de las personas, así como el estrés. La incertidumbre favorece la percepción cotidiana de vivir agotado o 'quemado'. Esta inestabilidad muchas veces conduce a la radicalización de las posturas o al desinterés por la política, a partir de una sensación de desempoderamiento".

Guillermo Oliveto, especialista en temas de consumo y experto en decodificar el humor social, considera que en las últimas décadas la política y el consumo han construido un territorio híbrido en el que ejercen una mutua influencia. "Vivimos en una sociedad de consumidores. En consecuencia, los valores del consumo afectan la política. Y a la inversa, las marcas fueron desafiadas a tomar postura en temas de carácter social, por ejemplo el género o el clima. Hoy por hoy los políticos comunican como marcas y las marcas hablan como políticos", analiza.

Pese a que hay quienes hablan del votante-consumidor como sinónimo de escaso compromiso, Oliveto, director de la consultora W, considera que la dimensión consumidora de la ciudadanía cuenta con ciertas actitudes que bien valdría replicar en el plano de la acción política. "Los ciudadanos pueden tomar de su dimensión consumidora la capacidad de evaluar de modo exhaustivo lo que eligen. Chequear, contrastar, preguntar, comparar. Poner a prueba la coherencia y la consistencia. Desafiar la credibilidad. Se trata del 'producto' más importante, dado que impactará en muchos aspectos de su vida. No es una decisión menor, todo lo contrario".

Humores sociales

De acuerdo con Mario Riorda, director de la maestría en Comunicación Política de la Universidad Austral, los espacios políticos tratan, según sus posibilidades, de estar al tanto de los cambios en el humor social. "Hay candidatos que entienden perfectamente o incluso sienten la lejanía del votante, así como hay otros que no sólo no la comprenden, sino que incluso se sienten sorprendidos cuando esta distancia se representa en términos electorales."

En este sentido, Riorda cree que es clave no perder de vista la heterogeneidad de los votantes. "El electorado argentino tiene múltiples definiciones y clivajes. A lo largo de los últimos diez años se hicieron notables dos polos dominantes: uno tiene que ver con un sector más bien liberal conservador, hacia la derecha, y otro sector más bien liberal progresista, hacia la izquierda, como orientación inicial. Es el clivaje más significativo, sin dejar de considerar los regionales, geográficos, representados muchas veces por valores culturales e ideológicos diferentes", agrega el especialista, quien justamente destaca que hoy lo ideológico ocupa un espacio vital en los discursos políticos.

"Luego de analizar 38 campañas presidenciales de América latina para un estudio que realicé, la conclusión fue que aproximadamente las dos terceras partes de los discursos, especialmente en época electoral, son de corte ideológico. Esto implica que los valores son centrales en el mensaje de los partidos", destaca.

En cuanto a los pronósticos acerca de los resultados de las PASO, lo que las encuestas vienen registrando es un aumento en la intención de voto a Mauricio Macri a partir de la incorporación de Miguel Angel Pichetto a la fórmula. En cualquier caso, es claro que la polarización dominará la escena: más allá de los vaivenes que se vienen registrando entre el macrismo y el kirchnerismo, el espacio para las demás opciones electorales es sumamente acotado.

Las presentaciones de su libro, Sinceramente, le sirve a Cristina Kirchner para tomar contacto con sus votantes sin exponerse demasiado; aquí en la primera de ellas, durante la Feria del Libro
Las presentaciones de su libro, Sinceramente, le sirve a Cristina Kirchner para tomar contacto con sus votantes sin exponerse demasiado; aquí en la primera de ellas, durante la Feria del Libro

"Con los datos que aporten las primarias, se ajusta un mecanismo de relojería más o menos sofisticado según las posibilidades y recursos de cada equipo, para llegar con un mensaje más directo a cada porción del electorado. Así se hacen las campañas en todo el mundo", analiza el consultor Sergio Berensztein, que coincide en que la economía es, por lejos, la principal demanda de la sociedad. "La economía predomina entre las preocupaciones de los argentinos, se percibe una fuerte sensación de frustración y falta de perspectivas. Detrás hay otras demandas, como la seguridad, aunque se trata de un aspecto al que este gobierno le ha venido dando una importancia más nítida que la que le dio el gobierno anterior", agrega.

Con él coincide Tagina. "Los temas que, en cada coyuntura, aparecen como importantes también tienen su peso, ya que hay partidos y candidatos que se han apropiado de algunos de ellos y los hacen su caballito de batalla. Eso sí, algunos están siempre sobre el tapete. Es el caso de la economía. Su influencia puede variar de elección en elección, pero siempre está presente. El desempeño económico del Gobierno tiene un peso más determinante en los votantes que no están atados por identidad o ideología a un partido. También es mayor cuando quien gobierna compite por su reelección".

Realismo y audacia

En este sentido, a Ramírez le parece notable el viraje discursivo del oficialismo. "Inicialmente, la lógica vincular del Pro con el electorado era más transaccional: lo suyo era la gestión; el relato era, supuestamente, del kirchnerismo. Pero todo gobierno que fracasa económicamente apela a un sustrato más emocional. En ese sentido, cuenta con resortes para impactar sobre el clima ideológico y cultural, para manejar la agenda pública y cultivar algunos instintos ideológicos más de derecha, que tal vez no estaban en la propuesta inicial pero que fueron incorporados en el camino. En ese sentido, el Gobierno compagina realismo para leer la sociedad y audacia para proponer ciertos mensajes", considera.

Según los últimos datos de Latinobarómetro, el nivel de apoyo al sistema democrático es, en nuestro país, el peor desde la crisis de 2001. El porcentaje de indiferentes a la hora de optar entre un sistema democrático y otro autoritario pasó, en el año último, del 16% al 28. La medición revela bajos niveles de confianza en las instituciones, lo que afecta especialmente a los partidos políticos.

Sin embargo, la sociedad de los cacerolazos y del "que se vayan todos" no se caracterizaría precisamente, según los especialistas, por la apatía. "A diferencia de otros países de la región, no se vislumbran candidatos extremos que cuestionen el sistema. Y en cuanto a la sociedad, predomina una visión más ponderada, más comprensiva, con otras prioridades e, incluso, una visión positiva sobre el rol del Estado", dice Berensztein.

"Los acontecimientos de 2001 demostraron que uno de los principales rasgos de nuestra cultura política es la alta politización -considera Ramírez-. Se trata de un rasgo más o menos estructural. Entre los jóvenes, alcanza umbrales inimaginables en otras sociedades. La juventud local es exportadora de repertorios de acción colectiva, de lenguajes y símbolos. Se habla de política hasta en los programas de entretenimiento. El macrismo y el kirchnerismo son hijos de 2001, con estéticas y lenguajes que surgieron a partir de aquellos acontecimientos."

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