Empezar el otoño de la mejor manera: con poesía
Hoy celebramos el día de la poesía con obras de Diana Bellessi, Paula Jiménez España y Alicia Genovese, entre otras, centrados en la "estación más hermosa del año"
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Comienza la estación que muchos consideran la más hermosa del año, o al menos aquella en la que se puede andar y respirar, trabajar, no trabajar y observar los cambios en árboles, en la luz del día, en el paisaje y en las personas. En la literatura, como en otras artes, se asocia el otoño con la madurez, con la clausura de la pasión y la entrega a calmos impulsos meditativos; se lo vincula también con aquello que caduca y macera. De Percy B. Shelley a Federico García Lorca, pasando por un tétrico Charles Baudelaire o un arrebatado Octavio Paz, o, en la literatura local, por María Elena Walsh y Silvina Ocampo, el otoño ha sido objeto de distintas miradas, versiones y vivencias en la poesía universal. Elegimos cinco poemas de poetas nacionales contemporáneas que, en distintos registros, representaron el otoño en diferentes regiones: en el delta de Tigre, en Quebec, a orillas del río Limay o en la ciudad de Bahía Blanca.
(De Pasos de baile, Adriana Hidalgo, 2014)
Chatas
Impacto, Marejada, Don
Tomás… cruzan las chatas
con su aire noble y lento
en las aguas amarronadas
y la leche se vuelve de oro
en el café del San Antonio
por los reflejos de un celaje
en turbulencia gris oscuro
con los festones que señalan
la tormenta y un biguá
negro y enorme pesca
en la cercanía del muelle
sacando su cabeza
de entre la leche color café
para hundirse de nuevo
con su cola desplegada
en el gesto grácil de nadar
bajo las aguas, mientras Miguel
me cuenta que a un dorado
de tres kilos hay que largarlo
al río y sólo puede tomarse
uno de diez, estos doraditos
dice, no volverán a las aguas
calientes del Paraná
¿mueren? pregunté, se los comen
los más grandes concluyó
cuando pasaba la Catalina,
la Capote, y la Pucará…
vacías hacia el Río de la Plata
para volver después
con su carga de madera
bellas y lentas al ras del agua
que se enfría rápido
en los días cortos de abril
cuando me siento cada tarde
en el muelle de El Alba
con un libro bajo el sol
y leo lentamente, miro, así
de lento también y pienso
en los dulces doraditos
que van a morir bajo las quillas
de las proas de la Ifiginia,
Romance Isleño, Macarena,
o Don José… como si ellas
guardaran su recuerdo, o yo,
que recojo los nombres
de estas chatas sin saber
por qué… las hormigas juntan
comida antes del invierno
y la tormenta, o nombres
que dan belleza a la vida
Don Cirilo, Andadura,
La Primera, ¡Qué pasó!…
los doraditos ya no tienen
tiempo para volver,
con el otoño las aguas
se vuelven frías y van
hacia el Río de la Plata
donde se los comen otros
más grandes… Don Raúl
Río Paranacito, Itapé,
Pity Pity, Joaquín T…
como a la madera de estas
chatas, a vos y a mí, Miguel
Diana Bellesi nació en Zavalla, Santa Fe, en 1946. Estudió filosofía en la Universidad Nacional del Litoral, y entre 1969 y 1975 recorrió a pie el continente. Durante dos años coordinó talleres de escritura en las cárceles de Buenos Aires, experiencia retratada en el libro Paloma de contrabando (1988). Ha publicado Destino y propagaciones (1970); Crucero ecuatorial (1981); Tributo del mudo (1982); Contéstame, baila mi danza (selección y traducción de poetas norteamericanas contemporáneas, 1984); Danzante de doble máscara (1985); Eroica (1988); El jardín (1993); Colibrí, ¡lanza relámpagos! (poemas escogidos, 1996); Lo propio y lo ajeno (un libro de reflexiones, 1996); Leyenda (poemas escogidos, 2002); Antología poética (2002); Mate cocido (2002), y Variaciones de la luz (2014), entre muchos otros libros. Tener lo que se tiene, su poesía reunida, fue publicada en 2009. En 1993 ganó la beca Guggenheim en poesía; en 1996, la beca trayectoria en las artes de la Fundación Antorchas; en 2004, el diploma al mérito del Premio Konex y en 2007, el premio trayectoria en poesía del Fondo Nacional de las Artes. Es una de las poetas más destacadas de la Argentina.
Otoñal
(De Paisaje alrededor, Bajo la Luna, 2014)
El Limay, desparejo, va bañando
la costa pedregosa. Detrás
de la bruma de esta hora
los álamos despliegan sus colores.
Sumisos, se inclinan uno a uno
peinados por los soplos
y aunque secos de frío, sus corazones
laten todavía
atravesados por un rayo de sol.
Con la luz, el paisaje
toma un tizne especial, el de las cosas
que empiezan a perderse.
Desde la orilla veo el oleaje avanzar con el ímpetu
prestado de los vientos. Silenciosos, helados
golpean mientras cae
la efímera fortuna de un bordado sureño.
Paula Jiménez España (Buenos Aires, 1969) publicó Ser feliz en Baltimore (2001), Formas, libro y CD (2002), La casa en la avenida (2004), con el que obtuvo en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes; La mala vida (2007), Ni jota (2008), Espacios naturales (2009), La vuelta (2013) y Canciones de amor (2015). Es autora de Pollera pantalón/Cuentos de género (La Mariposa y la Iguana, 2012) y de los relatos "Aventuras de Eva en el planeta" (2005) y "La calle de las alegrías" (2006), que fueron editados en Barcelona. Varios de sus textos integran antologías argentinas, españolas e hispanoamericanas. Colabora en varios medios gráficos como periodista cultural, es activista por los derechos humanos, licenciada en psicología por la Universidad de Buenos Aires y astróloga.

Arces
(De El borde es un río, Libros de Tierra Firme, 1997)
Escribir otoño, el paisaje
los bosques de arce en Quebec
rojo llameante de las hojas
última pasión en el aire
leve de octubre. Relámpago
amarillo sobre el verde
aún,
el verde. Luz que inicia
su apagamiento hacia
el estupor del frío denso,
las nevadas
Ultima pasión flameante
en los arces
carente de congoja
salto apabullante de las ramas
corte de toda distancia
la mayor cercanía, lo más abierto
y múltiple, en el follaje
la confusión armónica de los cambios
Nada ha muerto aún
hay un final
que el fuego anticipa
en su terrible delicia, arces
Llegaré a Montreal
cruzaré de nuevo el río
el goce boscoso
y esta alteración
imperceptible que es mi aliento
mi ruido de viaje en los oídos
una aireación insensata
de la piel, boca voraz
y transpirante
un bosque de arces, una extranjera
intenta atraer la imagen
hasta su respiración regular
Bosque, eso que rompió
la postergada dicha
esa campana que hizo del aire
y de mí un hueco retumbante
eso que toqué y se encanta
en mi ojo táctil
¿era tu corazón?
Alicia Genovese (Buenos Aires, 1953) es profesora de Letras por la Universidad de Buenos Aires y obtuvo un doctorado en Literatura Latinoamericana en la University of Florida, Gainesville. Dirige el departamento de Literatura de la Universidad John F. Kennedy, de Buenos Aires, y coordina talleres de escritura. Publicó críticas y notas periodísticas en diversos suplementos culturales y revistas especializadas. Obtuvo la beca a la creación en poesía otorgada por el Fondo Nacional de las Artes en 1999 y la beca John S. Guggenheim en 2002. En 2014, ganó el premio internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz por La contingencia, escrito luego de la muerte de su padre. Es autora de los libros de poesía El cielo posible (1977), El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), La ciudad de los puentes/La ville des ponts (Quebec, Canadá, 2001), Química diurna (2004), La hybris (2007) y Aguas. Ha publicado también el ensayo La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (1998) y Fondo de Cultura Económica editó su Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco (2011).
(De El verano, Librería de la Paz, 2010)
Lo que resplandece una vez y declina, deja de sí la estela:
el ala de una chicharra en la tierra, dorada en la luz
cuando el verano se acaba. Pura alegría de cantar o estar al sol
que va a convertirse –por obra del otoño- en sedimento,
limo, piedra lavada por al agua hasta que brille solitaria y a la vez
parte del río, cuando lo dichoso y lo triste, lo brutal
y lo manso, en la trama que lo enlaza todo, se vuelvan lo mismo.
Claudia Masin nació en Resistencia, Chaco, en 1972. Es escritora y psicoanalista. Vive desde 1990 en Buenos Aires, donde coordina talleres de escritura. Publicó los libros de poesía Bizarría (1997), Geología (2001, reeditado en 2011), La vista (2002, reeditado en 2012, que vincula dos pasiones de la autora: el cine y la escritura), El secreto (antología, 1997-2007), Abrigo (2007),La plenitud (2010), el libro de fotografías y poemas El verano (2010) y La materia sensible (antología, 2014). Este año la editorial Hilos publicó La cura, su extraordinario nuevo libro. La vista ha obtenido por unanimidad el Premio Casa de América de España en 2002, y Abrigo obtuvo una mención del Fondo Nacional de las Artes en 2004. Varios textos de Masin han sido traducidos al francés, inglés, portugués e italiano.
(De El dibujo del sol en las persianas, Vacasagrada Ediciones, 2015)
Los últimos días de marzo
27
El sol desde las persianas
enciende el borde de las cosas.
Es mi regalo
por levantarme temprano.
28
Todavía conviven en el placard
las soleras con los sweaters,
las sandalias con las botas.
Sin embargo el verano se va,
y pienso en la playa cada vez más lejana,
mientras mi piel va perdiendo el color
y lo único que me queda del verano
es una tobillera con cuentas amarillas
verdes
rojas.
29
Una música de piano,
el perfume de una torta en el horno.
El ganchillo va y viene
trazando una grafía misteriosa.
¿Le dirá a quien use esta boina
algo de la tarde nublada,
de las cosas que me dije en silencio
mientras tejía?
30
La mañana crece en mi habitación.
Lorenza duerme sobre la biblioteca y yo sigo en la cama.
Virginia Woolf habla de la luz y las olas
una mañana en St. Ives.
Después dice:
"Tengo la impresión de que al escribir estoy haciendo
algo que es mucho más necesario
que cualquier otra cosa".
Me levanto.
Eva Murari nació en Bahía Blanca en 1974. Es profesora en Letras (UNS). Publicó Violetas (2003), Tres (2004) y Savia, de 2009, gran libro donde Murari "transcribe" lo que los árboles le han dicho. Formó parte de las antologías Bahía Blanca, la ciudad letrada y 23 chichos bahienses Algunos de sus textos inéditos se pueden leer aquí







