Escritoras de moda
De Dorothy Parker a Clarice Lispector, y de Sylvia Plath a Joan Didion, las grandes escritoras del siglo XX cultivaron una estrecha relación con las revistas femeninas más prestigiosas, como Vanity Fair o Vogue, cuya pluma filosa y original visión del mundo ayudó a convertir a esas publicaciones en árbitros del estilo global
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Las revistas femeninas suelen ser un blanco discursivo fácil. Que son frívolas y superficiales, que tratan a la mujer como boba, que sólo se dedican a fomentar el consumo o que están condicionadas por su pauta publicitaria. Pero aunque alguna de esas afirmaciones pueden tener parte de verdad, esas publicaciones también son –como una universidad, un centro de investigación o la cocina de cualquier hogar– un semillero de voces de mujeres capaces de penetrar en lo más íntimo del ser humano a través de las palabras. Ojo, que ahora –como en los años de Betty Draper de Mad Men– no se trata de salvarnos, primero, claro, porque no necesitamos ser salvadas de nada y segundo porque la moda en sí misma tiene suficiente con su propio sistema de trabajo: la interpretación de lo que se respira en las calles, que se debe traducir en cuestión de meses a las pasarelas y ahí volver a empezar. Tal como dice Ana Torrejón, directora de la edición argentina de Harper's Bazaar, "La moda ya tiene bastante con ser lo que es: un interesante fenómeno difícil de decodificar, para que su importancia venga por otro lado".
En otras palabras, todo puede ser tan serio o tan frívolo en función de quien esté mirando. En el caso de quienes son o fueron capaces de compatibilizar en armonía sus pasiones por las letras y por la moda, la ecuación siempre terminó dando +1 en el desarrollo de sus carreras.
La referente actual
Joan Didion aparece aquí como el mejor ejemplo de una escritora aceptada por los cánones de la intelectualidad literaria que, a la vez, siempre mantuvo un contacto estrecho con la moda. El año pasado, Phoebe Philo, directora creativa de Céline, una de las marcas actuales con mayor capacidad de inspirar y de marcar tendencia, eligió a la autora de Noches azules y El año del pensamiento mágico, entre algunas de sus obras, como imagen de la campaña de la primavera-verano 2015. Vestida con un sweater negro, con la mirada oculta detrás de unos enormes anteojos oscuros, la piel arrugada y una elegancia sin artificios ni Photoshop, la noticia de las fotos revolucionó las redes sociales tanto como la imagen de Kim Kardashian mostrando sus atributos físicos en la tapa de la revista Paper.

Que Philo, la actual voz cantante de lo que en moda se llama "el chic sin esfuerzo", haya elegido a Didion como imagen de Céline no es casualidad. La escritora ha cultivado un estilo de líneas austeras y sofisticadas que hoy son sello de identidad de la marca francesa. De hecho, en una de las primeras declaraciones después de la difusión de la noticia, la octogenaria modelo declaró ser fan de la marca y sentirse afortunada de poder tener algunas de sus prendas. En uno de los ensayos de El álbum blanco, publicado en 1979, aparece una lista de ítems que Didion tenía pegada a la puerta de su armario para poder armar una valija completa, cómoda, práctica y elegante en pocos minutos y que, analizándola, se asemeja bastante a la propuesta que la directora creativa de Céline viene construyendo desde 2008.
El romance con la moda de la autora –que también forma parte de la lista de quienes crearon el "nuevo periodismo" junto aTom Wolfe, Hunter Thompson y Truman Capote, entre otros–, es anterior a toda la movida de Céline y se remonta a sus primeros años de carrera, cuando ganó un concurso de ensayos auspiciado por Vogue. Trabajó allí como redactora entre 1956 y 1963, donde según ella misma reconoce ganó "Facilidad con las palabras para aprender a considerarlas como herramientas, juguetes y armas que se despliegan estratégicamente sobre la página", escribió en el prefacio de Telling Stories.
La vanguardia

Mucho antes de la aparición de los prejuicios acerca del contenido de las revistas femeninas y del mandato de exigirle a la moda algo distinto de lo que es, en 1915 Dorothy Parker encontró en la redacción de Vogue una alternativa a la salvación clásica femenina de la época cifrada en el matrimonio y los hijos. "Las mujeres con las que trabajé en Vogue eran simples, nada chic. Mujeres decentes y buenas, las más buenas que he conocido en la vida", dijo la escritora en una entrevista con The Paris Review. Allí Parker empezó escribiendo epígrafes como "Este pequeño vestido rosa le ganará un galán", mientras desarrolló su característico estilo afilado, irónico y perspicaz basado sobre pinturas objetivas de situaciones y escenas propias del ambiente urbano de Nueva York que frecuentaba –millonarios, actrices, guionistas, mafiosos– teñidas con los matices de la experiencia de contemplarlos en vivo con sus trampas, vanidades, miserias y dobleces.
Con cientos de citas que hoy serían retuiteables, los relatos de la escritora se publicaron en distintas revistas como Vanity Fair, Life y The New Yorker y luego se compilaron en una Narrativa completa. Sus señas de identidad eran las perlas en el cuello y un vaso en la mano. Se suele decir que las crónicas de Candance Bushnell –la creadora de Sex and the City– fueron parte de la herencia literaria de la escritora que hoy tendría 122 años.
Brevity is the soul of lingerie.&— Dorothy Parker (@MsDorothyParker) August 22, 2011
The cure for boredom is curiosity. There is no cure for curiosity&— Dorothy Parker (@MsDorothyParker) March 28, 2011
La que no pudo ser

Otra que también comenzó su carrera literaria en una redacción periodística fue Sylvia Plath. A los 20 años, al igual que Joan Didion, la joven ganó una pasantía como redactora en la revista Mademoiselle, una publicación reconocida por mezclar moda y literatura. Cuenta una de sus biógrafas, Elizabeth Winder, en Pain, Parties, Work: Sylvia Plath in New York, Summer 1953, que cuando Plath se fue de Boston a Nueva York, además de comprarse el labial Cherries in the Snow de Revlon, no pensaba en el trabajo que iba a hacer, sino en la ropa que iba a usar. Muchas de las descripciones de los trajes documentados en el libro provienen de sus propios diarios y cartas. Plath adquirió un vestuario nuevo para lucir durante las supuestas cuatro prometedoras semanas de trabajo que, finalmente, no resultaron tal como la joven esperaba y que cambiaron definitivamente el rumbo de la vida de la autora de La campana de cristal.
De la literatura a la moda

En el revés del derrotero de Didion, Parker y Plath, también resuenan otros nombres de escritoras que se animaron a salirse de lo canónico y a escribir sobre cuestiones de moda y belleza.
Susan Sontag. Reconocida por sus reflexiones sobre el arte y sus análisis de la realidad política, Sontag también colaboraba con cierta frecuencia con Vogue. En el libro Belleza de mujer, publicado por la revista en 1975, Sontag deconstruye el concepto a través de la historia en un ensayo de diez ideas en clave feminista donde hace una crítica al afán de dividir a la belleza interior y exterior: "Nos sorprendemos cuando alguien que es hermoso también es inteligente, talentoso y bueno".

Clarice Lispector. Los libros Correo femenino, Sólo para mujeres y Revelación de un mundo recopilan algunos de los cientos de artículos que escribió Clarice Lispector para diferentes revistas y periódicos durante su carrera literaria. Aunque la escritora firmara en su momento con otro nombre, allí es posible encontrar recetas de cocina, consejos de seducción y hermosas reflexiones sobre el concepto de saudade o la necesidad imperiosa de escribir.
Mary McCarthy. De forma indirecta y sin incursionar en las redacciones de Vogue, Harper's o Vanity Fair, McCarthy irrumpió en el mundo femenino a través de la novela El grupo, la historia de las desgracias y felicidades de ocho amigas mujeres que se convirtió en uno de los best sellers de 1963. Cuestionada por sus colegas literarios más conservadores por lo escandaloso del relato para la época, unos meses antes de morir, en 1989, la escritora reconocía en una entrevista al New York Times que la obra había arruinado sólo parte de su vida debido, por un lado, al desprecio provocado en la comunidad intelectual a la que pertenecía y, por otro, al reconocimiento popular que le había ganado la obra. McCarthy, además, suele aparecer en las listas de escritoras con estilo gracias a sus vestidos de Balenciaga, sus camisas de Lanvin y sus pañuelos de Hermes.







