
Exitista
"La Argentina es un país muy exitista. Cuando se gana, está todo bien y cuando se pierde, todo mal. Yo no creo que sea así
(Del tenista David Nalbandian.)
Ser exitista es aplaudir lo que tiene éxito sólo porque tiene éxito. El aplauso genera más éxito, y el exitoso se va inflando, inflando, hasta que... ¡plop! un pequeño revés, un alfiler de pequeño diámetro, pincha el globo y el exitoso se desinfla, se viene abajo haciendo eses y es pisoteado sin compasión por los mismos hinchones que hasta ayer hinchaban por él las 24 santas horas del reverendísimo día.
Los argentinos somos exitistas, dice Nalbandian. Odiamos a los que pierden, y eso no es bueno, porque de reveses también está hecha la vida, en especial la vida de los jugadores de tenis.
Nalbandian tiene razón. Nos va mal de puro exitistas. Por querer ganar siempre, perdemos como en la guerra. No admitimos lo importante que es saber administrarnos un porcentaje suficiente de derrotas. Sólo cuando aprendamos a amar el fracaso con la misma ternura que al éxito estaremos completos como personas y seremos sabios. El ying y el yang, el blanco y el negro: adoremos por igual las dos mitades del espíritu humano.
Para aprender esta lección, esperamos el ejemplo de nuestros líderes políticos. Que no sean exitistas, que no nos pongan por delante nada más que sus éxitos. Que en sus campañas publicitarias enarbolen también su lado débil, el de sus fracasos, y hagan que los queramos más por ellos.
Seguro que la Unión Cívica Radical se pondrá al frente de esta campaña educativa, pero para dejar atrás el exitismo, necesitamos el aporte de todos los partidos. Que el Presidente anuncie que el candidato, pingüino o pingüina, será de los dos el que tenga menos puntos en las encuestas. Que Lilita Carrió vaticine que perderá las elecciones y que diga que a pesar de eso se seguirá presentando. Que el Indec diga que todo fue un chiste. Que Macri se caiga en la mitad del bache. ¿Cómo dicen? ¿Que no pueden perder, que tendrán éxito aun a pesar suyo? Bueno... en ese caso, estamos en el horno del exitismo. Pobre Argentina, ¿aguantarás el peso muerto de tantos triunfos?





