
¿Giro a la izquierda?
Por Julio César Moreno Para LA NACION
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Mucho se ha hablado del "giro a la izquierda" en América latina, pero las definiciones se tornan imprecisas a la hora de señalar las características y el rumbo de ese fenómeno político, sobre todo por la imposibilidad de poner en una misma bolsa experiencias tan disímiles como las de Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva y Néstor Kirchner en Brasil y la Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile y ahora Evo Morales en Bolivia. También asoman en esa línea del horizonte Ollanta Humala en Perú, y Andrés Manuel López Obrador en México, países donde habrá elecciones presidenciales en abril y diciembre, respectivamente.
En todo caso puede haber afinidades entre Lula y Kirchner, entre otras cosas porque Brasil y la Argentina son dos potencias agroindustriales, cuyas economías dependen en gran medida de un fuerte mercado interno. Venezuela es hasta ahora un país monoproductor de petróleo, que vende un alto porcentaje del fluido al mercado norteamericano, mientras que Chile es la economía más abierta de América latina, y fue un presidente socialista -Ricardo Lagos- quien firmó un tratado de libre comercio con Estados Unidos, camino que podría ser seguido por otro presidente socialista, Tabaré Vázquez.
Más aún: en su primera conferencia de prensa como presidenta electa, Michelle Bachelet dijo ser partidaria del ingreso al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), aunque condicionado a un acuerdo que reconozca las asimetrías de las economías regionales.
Todo esto tiene poco que ver con la retórica antiimperialista de Hugo Chávez y, en cuanto a Evo Morales y Ollanta Humala, representan a un sector de gran importancia demográfica y cultural en sus países: el indigenismo, cuyas reivindicaciones vienen siendo postergadas desde siempre.
Habría que abandonar, pues, el término "giro a la izquierda" y reemplazarlo por la descripción de un fenómeno multifacético que tiene como rasgo común una revisión profunda del llamado "Consenso de Washington", o sea, el modelo de apertura económica indiscriminada, privatizaciones en gran escala y desnacionalización de la economía, que se puso en marcha en la década anterior.
Restablecer el equilibrio entre el Estado y el mercado es una de las metas de las nuevas elites latinoamericanas, al igual que tender a una redistribución del ingreso más equitativa, esto es, a que haya menos desempleo, pobreza y desigualdad.
Pero las derechas coinciden con estos objetivos, como se vio en la reciente campaña electoral en Chile, donde la coalición de centroderecha dio prioridad a la cuestión social. Y, a propósito: no todo es izquierda en Latinoamérica. En Chile existe una derecha profunda, que maneja varios resortes del poder, al igual que en Perú o Brasil. También en la Argentina, aunque quedó dispersa tras el colapso del menemismo.
Y así como la izquierda tiene un tono firme pero a la vez conciliador, las derechas y los partidos tradicionales han manifestado su disposición a colaborar con los nuevos gobiernos de izquierda, consagrados por el voto popular. Fortalecer el Estado, sin volver al estatismo, y repartir la riqueza con equidad son los puntos de esa coincidencia.





