Hablar con Francisco

Carolina Perín
Carolina Perín PARA LA NACION
Carolina Perin y el Papa Francisco
Carolina Perin y el Papa Francisco
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9 de enero de 2019  • 00:14

ROMA.- Llegar físicamente a verlo es comprobar que esa sencillez, no reñida con su erudición, se mantiene presente. El Padre Jorge está en él en todo momento. Santa Marta respira austeridad y la sala donde recibe a quienes van a visitarlo es sobria. La protagonista es su palabra.

Su sillón es igual al que ofrece a sus peregrinos y si uno le pregunta ¿Dónde se sienta usted? Solo responde: "Prefiero éste… ¿Está bien?"

Sabe que cuando les pidió a los jóvenes en Brasil que hicieran lío no les estaba pidiendo nada que él no estuviera dispuesto a hacer. Francisco hace lío. Es capaz de sostener la doctrina de la Iglesia Católica pero estudiando en todo momento la inclusión de quienes quieren estar adentro y pertenecer.

Las nuevas uniones de los católicos merecieron algunas preguntas cardenalicias en su homilía por la familia que él no creyó necesario responder y eso es hacer lío. Para el que había construido el documento de Aparecida esta decisión respondía a una necesidad fruto de tantas confesiones.

Tantas veces matrimonios consolidados en segunda instancia con hijos y familias le hicieron llegar su preocupación por quedarse fuera de la Iglesia, que Francisco no eludió la respuesta y se las dio en "La Iglesia no tiene las puertas cerradas a nadie".

"Todos los cristianos están llamados a imitar al Buen Pastor. Sobre todo las familias cristianas pueden colaborar con Él cuidando a las familias heridas, acompañándolas en la vida de fe de la comunidad. Cada uno haga su parte asumiendo la actitud del Buen Pastor, que conoce cada una de sus ovejas ¡y a ninguna excluye de su infinito amor!" (Catequesis del Papa Francisco sobre la familia: los divorciados vueltos a casar, 5 de agosto de 2015).

Francisco está atento a esto no sólo en la palabra sino también en la acción. Hablar con Francisco hoy es comprender su profundo dolor por el odio que los argentinos no conseguimos mitigar.

Tal vez desde ese lugar algunos comprendan porque siempre fue capaz de recibir a quienes lo criticaron. Apostando por la unidad, es capaz de tener la humildad de no creerse dueño de la verdad absoluta.

Francisco recuerda en todas sus acciones a la oración por excelencia que los católicos tenemos cuando rezamos El Padre Nuestro "… Perdónanos nuestras deudas; así como nosotros perdonamos a nuestros deudores".

¿Por qué nos cuesta tanto a los argentinos comprender esta conducta?

Francisco ya no usa sotana negra su sotana es blanca. Es el argentino más importante en el mundo. El Papa debe atender a todos aún a aquellos que lo hirieron con las acciones o con la palabra.

El intento de asesinato contra el papa Juan Pablo II tuvo lugar un miércoles 13 de mayo de 1981, en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano. Mehmet Ali Agca disparó contra El Papa cuatro veces mientras éste entraba en la plaza. A causa de las graves heridas, El Papa tuvo que ser hospitalizado. Agca fue apresado inmediatamente y sentenciado a cadena perpetua.

Sin embargo, el Papa perdonó a Agca por haber intentado asesinarlo. El presidente italiano Carlo Azeglio Ciampi otorgó el indulto a Agca a petición del Papa, tras lo cual fue deportado a Turquía en junio del 2000.

¿Recordamos los argentinos este hecho? ¿Se nos hubiera ocurrido cuestionar esta solicitud de Juan Pablo II? ¿Por qué entonces para algunos es tan difícil comprender que Francisco decidió no responder afrentas pasadas desde el trono de San Pedro?

Hoy Francisco es el representante de todos los católicos del mundo. Y todos son todos.

En silencio Francisco trabaja. Es capaz de recibir un regalo simple como un libro de vocabulario criollo porque con picardía recuerda frases que incluyen a la acepción "magoya" como entusiasmarse con el fuerte compromiso por la oralidad.

La importancia del vínculo entre abuelos y nietos, entre mayores y jóvenes está en su esencia de formación jesuita.

Los jesuitas hacen política y Francisco no lo oculta.

En estos días llamó a todos a involucrarse en política como una forma de cambiar aquellas situaciones que aparecen como tan injustas.

Los sin techo, los migrantes sin país, los que esperan en medio del mar que alguien levante el permiso de ingreso. Lampedusa fue el primer lugar al que Francisco fue. Era ese el lugar adonde llegaban buscando refugio los que venían en busca de algo que siempre iba a ser un poco más que la nada.

Todos estos temas fueron abordados con Francisco a lo largo de una hora en Santa Marta. Cuando nos íbamos, después de encargarse personalmente de pedirnos un auto en esa noche que caía tan fría, miré hacia atrás mientras subía los escalones que me pondrían en la puerta de entrada, lo miré y mientras levantábamos las manos en señal de Hasta Pronto supe que un profundo compromiso me invadía como comunicadora: Contar de la forma más simple y humana este encuentro.

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