Ideas obsesivas y cómo enfrentarlas

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
(0)
21 de febrero de 2019  • 01:22

Las siguientes son las características de la manera de pensar de alguien en quien predominan los rasgos obsesivos:

  • 1. Necesito el control de mis emociones. Necesita explicar, entender o racionalizar gran parte de su conducta. A través de la palabra, racionaliza aquello que siente en busca siempre de una explicación, dado que sus emociones le hacen sentir que pierde el control. Es por ello que vive "pensando" cada acción que realiza él mismo o el otro.
  • 2. Los detalles son extremadamente importantes. Prisionero del perfeccionismo, observa el árbol y pierde de vista el bosque. Cada detalle, cada acto pequeño le consume toda su energía. Esta situación lo conduce muchas veces a tener roces con los demás.
  • 3. Soy responsable de mi vida y de la vida de los demás. Estas ideas son "creencias nucleares o estructurales", verdades profundamente arraigadas por las que la persona tiene una exigencia desmedida sobre la conducta propia y la ajena; esto hace que cargue con una gran responsabilidad. No disfruta de la vida sino que la padece.
  • 4. Si no actúo con la mayor competencia, fracasaré. La persona con tendencia obsesiva constantemente se está exigiendo. Desea alcanzar la nota 10 pero, una vez que la alcanza, inventa el 11. Predomina en ella una insatisfacción porque piensa en términos de todo o nada: "O logro la perfección máxima o soy un fracasado; o lo hago bien o lo hago muy mal". Esta polarización en la manera de pensar lo lleva a vivir de manera extrema.
  • 5. La gente tiene que hacer las cosas a mi manera. Esta creencia nuclear no solamente hace que se exija o imponga una metodología a sí mismo sino también a los demás. No hay lugar para lo espontáneo, lo creativo, lo imprevisto; todo debe estar planificado con hora, día y mes y cualquier acto que se salga del plan le genera y le potencia la ansiedad. De aquí que en estas personas predomine la obsesión por el orden y la simetría. Lo importante no es llegar a la meta sino que el camino a recorrer es uno solo y debe cumplirse al pie de la letra.
  • 6. Para que las cosas se hagan, solo cuento conmigo. A la persona con tendencia a la obsesión, le cuesta trabajar en equipo, compartir, delegar. A menudo expresa: "Solo yo hago las cosa de manera excelente"; o: "Mi modo de hacer las cosas es el mejor". Esto le acarrea dificultades en el trato interpersonal.
  • 7. No tolero el error. La persona con rasgos obsesivos no soporta la equivocación, ya que, al pensar en términos de todo o nada, cada error o equivocación representan el fin del mundo. No hay margen para aprender del error, corregirlo y seguir adelante, sino que éste es vivenciado de una manera "superyoica" en la que se castiga a sí mismo por equivocarse. Esta idea de perfeccionismo no solo es acarreada en su propia vida sino también en la de los demás, motivo por el cual nunca logra relajarse y "disfrutar del paseo" para lograr la meta.

En la mente de algunos obsesivos irrumpen ideas de manera involuntaria que pueden ser absurdas. Es por ello que necesitan recurrir a algún ritual para intentar calmar la angustia que esas ideas les generan. Dicho ritual, llámese de orden, de chequeo una y otra vez, los alivia en un primer momento pero luego precisan complicarlo un poco más. Así entran en un círculo de ideas obsesivas y de rituales que se retroalimentan mutuamente generándoles una enorme dosis de ansiedad.

Algunas ideas para enfrentar las ideas obsesivas:

Observarlas sin luchar contra ellas. Imaginemos un monstruo que tira de un extremo de la soga, mientras que nosotros tiramos del otro extremo. En el medio hay un pozo. Cuanto más tiramos nosotros, más tironea "el monstruo". ¿Qué debemos hacer para que la lucha cese? Soltar la soga. Mediante este ejemplo quiero decir que, cuanto más luchamos contra una idea obsesiva, más fuerza esta cobra. Lo que debemos hacer es dejar de luchar. Sencillamente observar, como si estuviésemos mirando un cuadro, esa idea que se nos cruza sin luchar contra ella y esperar que así como surgió siga su curso y desaparezca.

Esta capacidad de autobservación, conocida como "metacognición", nos permite ser testigos de aquello que estamos pensando. Nosotros no somos nuestros pensamientos y tenemos la capacidad de observar lo que estamos pensando, lo cual nos hace tomar distancia de las ideas obsesivas y nos permite relajarnos. Las ideas obsesivas serían como las llaves, estas no tienen control sobre nosotros. Somos nosotros quienes administramos las llaves y las podemos utilizar o solamente observarlas sin usarlas.

Pensar en el bosque para olvidar el árbol. Cuando predomina el detalle, perdemos de vista el todo. Por eso, preguntarnos cuál es el objetivo nos ayuda a bajar la ansiedad y a disfrutar los detalles sabiendo que la improvisación y la creatividad son herramientas extraordinarias para disfrutar del paseo.

Salir de la lógica todo o nada. Cuando uno piensa en absolutos: todo, nunca, siempre, nadie, etc., vive de manera rígida e intensa. Una persona rígida es como la caña que, al doblarse, se quiebra. En cambio, cuando uno es flexible, ve los cálidos, los grises, los templados y se asemeja a la rama que se dobla. No todo es vida o muerte. No todo es sí o no. No todo es blanco o negro. Está permitido relajarse. El error es una fuente de aprendizaje y nunca deberíamos castigarnos por este sino corregir, aprender a olvidar los detalles y seguir adelante.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.