José Luís Peixoto: "Galveias existe y es más antigua que Nueva York"
El escritor portugués presentó la novela inspirada en su pueblo natal; reivindica la importancia de lo rural en medio de la globalización
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“Galveias existe, y es más antigua que Nueva York”, sentencia José Luís Peixoto sobre la localidad portuguesa que lo vio nacer, sobre la que escribió una novela, y con la que intenta destacar la importancia de lo humano en pequeñas comunidades en tiempos de éxodo masivo hacia las grandes ciudades.
En Galveias, un pequeño pueblo de alrededor de mil habitantes, se desarrolla una historia que se teje con las vidas de personajes que ven alterada su cotidianidad con la caída de un objeto sin nombre durante una noche de enero de 1984, que bien podría ser un meteorito, pero también cualquier cosa que el lector imagine, y que gracias a un fuerte olor a azufre cambia la realidad de un pueblo cuyos personajes son universales; por su configuración, Galveias -la del libro- bien podría ser un pueblo latinoamericano.
“Con los años me quedé con la impresión de que las cuestiones de la ruralidad tienen una cantidad de elementos transnacionales muy fuertes, y que mucho de lo que es la ruralidad en Portugal, en Argentina o en Japón, tiene aspectos símiles”, dice el autor a LA NACION en un hotel de Palermo Hollywood, en Buenos Aires, donde vino a presentar su reciente novela editada por Random House.
“Hoy en día, desgraciadamente, Galveias y otros pueblos del interior portugués atraviesan un período de falta de perspectiva, de envejecimiento muy grande. Hay pueblos más pequeños que están desapareciendo: hay casas, pero sin gente. Eso es grave y Portugal tiene que prestar atención local y global sobre el equilibrio de su territorio; es un valor que defiendo para todos los países. Hay que prestarle atención a quienes están lejos de los grandes centros urbanos y garantizar los aspectos fundamentales de lo necesario para vivir”, añade.
-¿Esa fue la motivación para escribir sobre Galveias?
-Una de las afirmaciones más importantes de hacer la novela es el hecho de que Galveias existe. La de la novela es un ejemplo, pero Galveias sin comillas, sin itálica, existe, y veo casi como una misión hablar y hacer que la gente sepa sobre ella, porque hoy estamos expuestos a mucha información. Estamos, por ejemplo, acostumbrados a leer sobre Nueva York sin conocer Nueva York. Es decir, es normal leer sobre Times Square o la Quinta Avenida, y nunca estuviste y no te interrogas por qué estás leyendo sobre eso si nunca estuviste ahí, pero en cambio lees sobre Galveias y ya te queda una sensación de “ah, pero eso es lejano”. Pero no, Galveias es más antigua que Nueva York. Nueva York no existía y ya había gente en Galveias. Me parece importante que en algún momento la gente de Nueva York pueda leer sobre Galveias como la gente de Galveias ya lee y mira películas sobre Nueva York. Nosotros consumimos mucho de esa cultura que es una homogenización, pero que al mismo tiempo tiene una multiplicidad muy positiva. Hay que llevar esa multiplicidad cultural lejos, que es lo mismo que reconocer la existencia de la gente, reconocer su valor.

-¿Cómo se construyó la novela a partir de tantos personajes distintos? Parecen cuentos cortos que se cruzan para delimitar algo más grande
-Ocurre que esta novela es un intento de dar cuenta de una gran red de relaciones. Esa red de relaciones tiene un color rural muy fuerte, determinante de muchos aspectos. En un pueblo es muy común que uno conozca a toda la gente y ser conocido de todos. Todos están en el mismo ambiente y no se dispersan, y hay un aspecto que no siempre es tan positivo, que es una cierta falta de intimidad. Mientras lo escribía se tornó muy claro para mí que los personajes tienen dos niveles: el nivel más íntimo, donde el lector tiene acceso a una serie de informaciones que no son conocidas por los otros, y luego un aspecto más social, donde existe una idea sobre quién es la persona en lo colectivo. Muchas veces los personajes tienen sorpresas, aspectos que no siempre son positivos.
-Eso los hace humanos: la depravación, la envidia, los celos, el deseo, los secretos, los prejuicios...
-Fue la manera que encontré para llegar a tener un objeto literario que te puede dar una idea de esa dimensión colectiva. En realidad, desde un punto de vista estructural, esta novela muchas veces subvierte algunos elementos más tradicionales de lo que es una novela. Tampoco quise fragmentarla demasiado, y una decisión que tomé para intentar alguna cohesión, fue tener un mismo narrador, uno que de alguna manera hiciera que todos esos fragmentos tuvieran cemento, para que se quedaran ahí un poquito más, porque si cada uno tuviese su voz sería mucho más desordenado. Hay algunos otros elementos que atraviesan la narrativa, como esa cosa sin nombre que cae del cielo, o el olor a azufre y el gusto en el pan, pero no se puede esconder que es una novela que se hace con una pila de historias y de episodios y personajes que se interconectan, pero que tienen también su individualidad. Las historias intentan tener sabores distintos: unos más amargos, otros más dulces, otros más escatológicos, más tristes, crueles…
-Y están también los perros, personajes importantes en la historia
-Están desde la primera página, con los perros que ladran en distintas partes. Y eso es muy de pueblo. No sé cómo es acá, pero en Portugal los perros son muy libres, pero eso no significa que no tengan una persona que cuide de ellos, aunque obviamente también hay unos que son libres totalmente. El perro es un animal muy especial, por eso los pongo en esa posición. Tienen una característica que es un poco misteriosa, y que tiene una importancia: en algunos momentos de la novela dejo pequeñas pistas, como insinuando que ellos saben cuál es la naturaleza de ese objeto que cae del cielo y que no tiene nombre, con el que la gente primero se queda atónita, y con el cual después empieza a vivir y a acostumbrarse. Eso es algo muy importante y fuerte para quien escribe un libro, porque existe una cantidad de cosas que quieres decir pero que no puedes expresar. Es la confrontación con tus propias limitaciones, con las fronteras de la expresión.
-¿Cómo recibió la gente de Galveias un libro con su nombre y en su nombre?
-Eso para mí era una responsabilidad muy grande, construir algo que de alguna manera toca un patrimonio que no es solo mío, porque hay toda una identidad que de algún modo se intenta transportar en esas páginas. La realidad es que las cosas ocurrieron muy bien. El libro se presentó por primera vez en Galveias en una ceremonia donde casi toda la gente estuvo presente, y de algún modo se comprendió que es importante llamar la atención sobre esa gente y ese mundo, en la medida de lo posible. Es muy poco común que esté bajo la luz esa realidad, porque no es habitual que esté en los periódicos, la televisión o el cine, o que existan libros que la traten directamente. Por eso me parece que la cosa sin nombre que realmente cayó en Galveias fue esta novela.
-O quizás fue José Luís Peixoto...
-(Risas) Ese más que caer del espacio nació de la tierra.




