Julio Hirsch, artista: otro rol de Julio Chávez
El actor inauguró en la galería Rubbers una muestra de esculturas y bocetos realizados en Red, obra teatral en la que interpretó a Mark Rothko
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"Es un riesgo enviarlas al mundo", repitió Julio Chávez infinidad de veces, en referencia a las obras que estaban por ser exhibidas. Lo hizo en cientos de ensayos y frente al público mientras interpretaba a Mark Rothko en Red, obra teatral estrenada en enero de 2014 en el Paseo La Plaza. En cada una de las 320 funciones, el actor se sentó durante 57 segundos para hacer un boceto, compenetrado en el rol de uno de los artistas más importantes del siglo XX.
La misma frase se repetía seguramente a sí mismo anoche mientras recibía a sus colegas del ámbito actoral y daba notas a la prensa en la galería Rubbers, donde presentó una selección de 57 de esos bocetos realizados en escena.

Un nuevo desafío para este hombre de 59 años que ya fue reconocido con de los más importantes premios por su trabajo en teatro, cine y televisión, pero que no duda en seguir explorando disciplinas para expresar su talento. Formador de actores y autor teatral, semanas atrás presentó en la Feria del Libro Madame Pipí y otras obras breves, editado por Imaginador.
"Esta obra está llena de accidentes, y yo respeto los accidentes. Intento sortearlos", había dicho Chávez a La Nacion en junio de 2014, cuando presentó por primera vez en Rubbers sus esculturas realizadas en madera. Otras más recientes acompañan ahora la muestra titulada 57".

"Como dice Rothko: ‘Has sido pesado en la balanza y has sido hallado defectuoso’. Me conmueve profundamente, porque he empezado en la actividad artística para superar lo que entendía como defectuoso en mi persona y en mi familia. Pero es imposible escapar.", agregó entonces Chávez, decidido a integrar por fin sus dos identidades. Hasta ese momento, para exhibir una producción artística que comenzó hace tres décadas había usado sólo su apellido real: Hirsch.

Aquella muestra en Rubbers hace dos años se tituló J.H.C., iniciales de Julio Hirsch Chávez, hijo de un lustrador de muebles al que casi todo le salía mal. Y que intentó ser redimido por su hijo con aquellos "mueblecitos inútiles", sus primeras esculturas expuestas en 2003 en la galería Sonoridad amarilla, distintas de estas piezas frágiles y abstractas realizadas con madera balsa.
"¿Qué ves?", preguntaba Chávez en la piel de Rothko al joven que entraba en su taller al comenzar la obra. "¡¿Qué ves?!", insistía, impaciente, mientras señalaba una pintura. En el rol de Julio Hirsch Chávez, el artista ve en sus esculturas "algo infantil, lúdico", que refleja su identidad: parecen pesadas, de metal, pero son muy vulnerables.
Los bocetos, en cambio conservan algo del gesto enérgico de los primeros dibujos que realizaba en el taller de San Telmo de Nora Dobarro, su maestra y curadora de las dos exposiciones en Rubbers. Tal vez sea en el clima misterioso y teatral de las obras figurativas como la que ilustra la tapa de Madame Pipí donde Julio Hirsch Chávez logra integrar mejor todas sus facetas para sorprender una vez más y cosechar aplausos.










