La necesidad de enfrentar los desafíos globales

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28 de mayo de 2020  

Esta pandemia de Covid-19 y el cambio climático son amenazas de carácter global, por eso requieren ser enfrentadas con medidas globales, que no son fáciles de acordar entre las naciones. La actual pandemia es un recordatorio de la vulnerabilidad frente a amenazas globales. Mientras avanza la pandemia, la temperatura sigue subiendo; los glaciares, derritiéndose, y los desastres naturales, acechando, por esto no se puede detener la lucha contra el cambio climático. Ya han pasado 50 años desde el primer Día de la Tierra, y los científicos alertan sobre las consecuencias que el calentamiento global tiene sobre el futuro de la humanidad. El cambio climático se ha acelerado en la última década y la temperatura seguirá subiendo en los próximos años, según alerta la Organización Meteorológica Mundial.

La concentración de CO2 alrededor de nuestro planeta sigue subiendo desde que comenzaron los registros, hace varias décadas, mientras que la temperatura ha subido desde entonces, y es 1,1 °C más elevada que en la era preindustrial. Es probable que se produzcan nuevos aumentos de la temperatura mundial; el quinquenio 2015-2019 fue el más cálido que hemos vivido desde que se llevan registros (siglo XIX). La acumulación de CO2 rodeando la Tierra aumentó un 31 por ciento desde que la mide el gobierno de los Estados Unidos (1959). Al actual ritmo de crecimiento de la contaminación, hacia la próxima década ya estaríamos cruzando el crítico límite de 450 ppm de acumulación de CO2, lo que implicaría un grave aumento de la temperatura global y una aceleración de los daños ambientales,

Necesitamos convertir la recuperación económica que vendrá cuando se supere esta pandemia en una oportunidad de hacer lo correcto en el futuro, ya que los gases de efecto invernadero, al igual que los virus, no respetan las fronteras nacionales. Las inversiones en energías renovables y tecnologías verdes deben aumentar, lo que requiere utilizar los paquetes de estímulo económico como base para una transición hacia nuevas inversiones más respetuosas del medioambiente y el clima. Los programas de estímulo posteriores al Covid-19 deben ayudar a que la economía vuelva a crecer de una manera más ecológica. Recordemos que las crisis económicas anteriores fueron seguidas por años de "recuperación" con aumento de las emisiones. Las disminuciones en las emisiones que están ocurriendo en esta crisis son transitorias; si no actuamos responsablemente, serán seguidas por un repunte durante la fase expansiva de la producción de bienes, Debemos cambiar esta tendencia, porque significará mayores pérdidas económicas y de vidas en los próximos decenios. Para fines de 2020, las emisiones globales de carbono deben disminuir un 7,6% y continuar disminuyendo en esa misma proporción cada año durante la próxima década para que se logre mantener el calentamiento global por debajo de 1,5°C a fines de este siglo.

Esta pandemia del Covid-19 y el cambio climático son amenazas globales que exigen soluciones globales basadas en acuerdos entre las naciones, pero la experiencia señala que no siempre estos acuerdos globales implican una acción eficaz. Un ejemplo de esto es el Protocolo de Kyoto, de fines del siglo pasado, que no pudo ser implementado eficazmente: Estados Unidos, que en esos años era el principal emisor mundial de CO2, nunca lo ratificó. Los acuerdos internacionales gestionados en el ámbito de las Naciones Unidas se han venido caracterizando por su escasa capacidad de concretar medidas que sean efectivas para abatir las emisiones. Ha primado el razonamiento, no siempre hecho explícito, de que el costo financiero por reducir las emisiones es absorbido por el país que concreta esa acción, mientras que los beneficios ambientales no son totalmente apropiados por el país responsable, ya que se trata de una externalidad no monetaria de alcance global que beneficia a todas las naciones.

No ha contribuido a la implementación de eficaces políticas ambientales, que propendan al crecimiento de las energías limpias, la actitud de los países que poseen grandes recursos de carácter fósil (carbón, petróleo y gas). Así se propiciaron estudios de escaso valor científico, pero que apuntaron a dudar del carácter contaminante de estas emisiones, sosteniendo que los grandes cambios climáticos tenían otros orígenes que nada tenían que ver con la utilización de combustibles fósiles, pero las evidencias vienen ratificando el carácter antrópico del actual calentamiento.

China es hoy el primer contaminador, ya que sus emisiones representan el 28 por ciento de las emisiones globales, mientras Estados Unidos (el segundo contaminador) ahora representa el 15 por ciento, pero cada norteamericano emite el doble que cada chino, lo cual dificulta las negociaciones. Cuando Deng inició las reformas en los ochenta, las emisiones de los Estados Unidos eran más del triple que las de China, que en esos años recién comenzaba a transitar por el sendero del desarrollo económico. Desde esos años, China inició el más acelerado proceso de crecimiento económico de los últimos siglos y logró abatir la pobreza de su gente. Cuando comenzaban las grandes reformas de Deng en los ochenta el PBI de los Estados Unidos era equivalente a 9 PBI de China, mientras que ahora el PBI chino es 37 por ciento superior al de los Estados Unidos. Pero el cuidado ambiental no jugó un papel relevante en este proceso de desarrollo económico en China. Fue por esta razón que mientras las emisiones de los Estados Unidos apenas aumentaron un 4 por ciento desde 1980, las de China se multiplicaron 7 veces. No habrá un futuro con reducción de las emisiones si no hay apoyo de estas dos naciones en la arena internacional.

No hay tiempo para perder: llegó la hora para que las 200 naciones que pueblan esta tierra encaren sin demoras estrategias para alcanzar las emisiones netas cero para 2050. El cambio climático está causando graves calamidades, y si no reaccionamos todos los países habrá más en el futuro. No se trata solamente de reducir las emisiones, sino también de escoger un nuevo camino del desarrollo. Los recursos destinados a la recuperación del Covid-19 deben servir para crear nuevos empleos y actividades productivas que apunten a una transición limpia y ecológica, lo que exige que las nuevas inversiones aceleren la descarbonización energética, y no deben apuntar a estimular industrias contaminantes e intensivas en CO2; por eso los nuevos recursos deben invertirse en proyectos que ayuden al medio ambiente y al clima. Deben finalizar los subsidios a los combustibles fósiles, la emisión de carbono debe tener un precio y los contaminadores deben pagar por su contaminación.

El secretario general de las Naciones Unidas reconoció que la clave para combatir la crisis climática reside en los dos grandes emisores de gases contaminantes, es decir, China y Estados Unidos, más todo el G-20, que representa más del 80% de las emisiones mundiales, expresando que sin la contribución de los grandes emisores nuestros esfuerzos estarán condenados al fracaso.

Es importante que en la próxima reunión climática de las Naciones Unidas no se repitan las indefiniciones y los discursos irrelevantes, como ha ocurrido desde que se realizó la COP-1, en Berlín, en 1995, sino que se concreten compromisos efectivos y exigibles. La Tierra debe ser cuidada por todos en esta generación y no queda mucho tiempo para esto.

Miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente

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