
La práctica ilegal de fotocopiar libros
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La Feria del Libro da ocasión de reactivar argumentos e iniciativas a propósito de la fotocopia ilegal de libros. Esta mala praxis, lamentablemente tan extendida, produce pérdidas anuales que oscilan entre 120 y 140 millones de pesos, perjuicio que alcanza a editores, autores y libreros.
De acuerdo con cálculos aproximativos, se considera que anualmente se hacen 3500 millones de fotocopias, el 90% de las cuales se produce en ámbitos universitarios, especialmente en los Centros de Estudiantes de las casas de estudios oficiales y, por su matriculación tan numerosa, es en la UBA donde se registra el mayor volumen.
No se conoce con precisión cuánto ingresa anualmente por esa tarea de multiplicación, aunque se posean datos parciales. De todos modos, puede tenerse una idea cercana si se considera el número calculado de fotocopias por su valor, que fluctúa entre cinco y siete centavos por hoja, de lo cual resulta una suma que excede los 175 millones de pesos.
Las justificaciones que alegan profesores y alumnos para emplear este recurso se fundan en el menor costo de las fotocopias en relación con los libros, de los cuales en la mayoría de los casos se eligen capítulos o partes de un texto. Es interesante recordar al respecto que en 1999, la Fundación Educar con Libros encomendó al Estudio Moreno Ocampo una encuesta entre directivos y docentes y el 88,3% de ellos juzgó que se trataba de un procedimiento pedagógicamente negativo y jurídicamente ilegal. Sin embargo, el 78,8% de los mismos entrevistados creía que se justificaba el uso del recurso en función de que los estudiantes pudiesen consultar una bibliografía más amplia a menor costo. En suma, la realidad es que la mayoría de los docentes encarga fotocopias y, en muchos casos, facilitan el material que ha de multiplicarse, lo que lleva a pensar que esta practica se ha instalado entre nosotros ya como hábito cultural.
Tal como se ve, se perfila un circuito en el cual las menores ventas de libros llevan a las editoriales a lanzar tiradas mas reducidas y, consecuentemente, más costosas. Esto incide en el precio de tapa que debe abonar el consumidor final, por lo cual la fotocopia es el medio de abaratar el material bibliográfico que necesita el estudiante.
Curiosamente, se han conocido casos en los cuales se han fotocopiado libros completos casi al mismo precio o aun mayor que el texto impreso, a pesar de la distancia en calidad entre el libro y su multiplicación, cuestión que sólo se entiende si se trata de material agotado.
En la actualidad las editoriales intentan combatir esta conducta por varios caminos. Uno ha sido el de la denuncia legal en 140 casos, lo que ha puesto en marcha la instrucción de 40 sumarios, de los cuales 16 han llegado al juicio oral. Esta vía está plenamente justificada porque la ley 11723, que prevé sanciones para esta multiplicación, esta vigente y debe respetarse.
Se ha intentado, también, un acuerdo sobre la base de un pago de arancel por fotocopia, lo que en parte resarciría de pérdidas. Asimismo, se está buscando un cambio de conductas mediante una acción persuasiva a cargo de inspectores de editoriales ante directivos y docentes de establecimientos educativos. Cabe pensar -además- que el diálogo tiene que encontrar en punto de equilibrio entre las partes, sin descartar una reducción de costos y de precios en los libros.
Por ultimo, cabe insistir que el perjuicio de las fotocopias alcanza al hecho de que fragmenta el contacto directo con libros e incorpora un pésimo ejemplo de infracción a la ley en el espacio universitario, lo que indirectamente contribuye a la admisión temprana de conductas marginales.






