La revolución de la gente fea
Vivimos en una sociedad que reacciona contra la discriminación, el racismo y el sexismo; pero todavía no tenemos herramientas legales que defiendan a la gente fea. El “aspectismo” –así se lo llama- es la discriminación contra una persona que no tiene rasgos limpios y simétricos sino irregulares y “poco atractivos”.
No es verdad aquello de que a la suerte de la fea la linda la desea: hay estudios que demuestran que las personas bonitas suelen recibir un trato preferencial y son más propensas a recibir invitaciones a entrevistas de trabajo, a ser contratadas y luego ascendidas. “Las personas atractivas cuentan con una ligera ventaja física” explica el periodista David Brooks en el New York Times. “Pero luego, la gente comienza a proyectar sobre ellas todo tipo de estereotipos que no tienen en realidad ninguna relación. En una encuesta tras otra, las personas atractivas son descritas como confiables, competentes, amigables, agradables e inteligentes, mientras que las personas feas reciben etiquetas opuestas.”
Otro estudio revela que hay más personas discriminadas por su aspecto físico que por su origen étnico. En nuestro diverso siglo XXI seguimos creyendo que lo bello es lo bueno y lo verdadero, por más que la realidad nos demuestra lo contrario. “Eres negra, eres pobre, eres fea, eres mujer”: esta es la maldición que su esposo dispara sobre el personaje de Whoopie Goldberg en la película El color púrpura. El racismo, la pobreza y el feminismo están en las agendas de los gobiernos. Falta que llegue, todavía, la revolución del feísmo.
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Todos los años las revistas femeninas proclaman el final del reinado de las modelos ultraflacas, pero este paradigma permanece y la nueva moda no llega. Hace poco la marca de lencería Victoria’s Secret decidió reemplazar a sus famosos “angels” por mujeres con tipos de cuerpos más diversos. ¿Por fin, tiempos de cambio?









