La vuelta a clases: tiempo de igualdad de oportunidades 3.0

Gustavo Zorzoli
Gustavo Zorzoli PARA LA NACION
(0)
27 de mayo de 2020  • 17:48

Lo primero que se cerró fue la escuela y todos sabemos que será lo último en abrirse. La fecha es una de las mayores incógnitas y se esconde detrás de los resultados que se obtengan a partir de la emergencia sanitaria, aunque el propio ministro de Educación haya adelantado un posible regreso escalonado a clases después de las vacaciones de invierno. En este contexto de tanta incertidumbre, lo que más necesitamos son algunas certezas; y eso se logra con la planificación a corto y mediano plazo de lo que ocurrirá con la educación de nuestras niñas, niños, adolescentes y adultos. No podemos saber cuándo, pero sí es posible y deseable conocer cómo será ese regreso a otra escuela, que con seguridad tendrá un aspecto muy diferente de la que dejamos el 13 de marzo pasado.

Algunos países europeos ya han vuelto a las aulas; otros, no y han dado por finalizado el ciclo lectivo 2019-2020. Noruega, por ejemplo, fue uno de los primeros en abrir las escuelas. Allí se han escalonado el horario de ingreso, la cantidad de alumnos por aula y qué cursos se irían progresivamente incorporando. El lavado de manos y la limpieza de espacios comunes es una constante. También en Dinamarca, desde hace tres semanas, se turnan para el regreso los más pequeños y los mayores; hasta que se llegue, en estos días, al 100%, con la reducción a 1 metro del distanciamiento social. La reapertura en Bélgica, por otro lado, fue el 14 de mayo, también de forma gradual, con clases de a lo sumo 14 alumnos y un análisis semanal del impacto sanitario que tiene la medida. En Suiza, hace dos semanas comenzaron las clases con el 50% de los alumnos y al 50% del tiempo escolar. Hoy se han reintegrado casi la totalidad del alumnado sin barbijo y sin mantenerse la distancia social.

Por su parte, en Austria el 4 de mayo reiniciaron las clases los últimos cursos de cada nivel educativo y, el 18, se fueron incorporando el resto de los estudiantes, pero siempre en grupos de 50% y alternando los días. En este último país se pide que se use barbijo fuera del aula y no se les permite nada de juegos. Alemania hizo la apertura gradual a partir del 4 de mayo para los últimos años de la secundaria; pero cada región tiene un calendario propio, ya que las decisiones no son unificadas y dependen de cómo el virus los haya afectado. De todos modos, la vuelta al colegio ha sido también por cupos -incluso en muchos lugares donde los contagios tuvieron una escala baja-, con un máximo de 10 alumnos por aula y con normas que regulan el distanciamiento social tanto dentro como fuera del aula. A partir del 18 de este mes, se incorporaron otros grupos, especialmente, aquellos que atienden estudiantes con necesidades especiales, que carecen de tecnología o internet o sus padres trabajan en servicios esenciales. Inglaterra, uno de los países más afectados por el virus, será de aquellos últimos en reabrir las escuelas; lo hará parcialmente el 1° de junio, ya que varias ciudades se oponen a la medida y el 100% de los sindicatos, también. En Holanda, volvieron las clases la semana pasada para los más chicos y el 1° de junio, para secundaria, todos dos veces por semana con el 50% del alumnado.

En cambio, en otros países latinos como Italia, se ha decidido volver a las clases en septiembre, cuando se inicie el ciclo lectivo 2020-2021. Claro está que, en estas naciones, el Covid-19 ha golpeado mucho más fuerte que en otros. Las secuelas de una pandemia que todavía no ha finalizado son amenazantes y, por lo tanto, es lógico el miedo al regreso a las aulas. Italia decidió por decreto que todos pasen de grado, de manera tal que nadie quede perjudicado por la desgracia del coronavirus, aunque los estudiantes serán evaluados apenas se reincorporen y habrá clases de recuperación de contenidos para la preparación de la prueba de acceso a la universidad (que en Italia se conoce como Maturità). En España, los centros educativos han abierto recientemente, pero solo para su desinfección y a los efectos de atender la actividad administrativa. En 15 días, algunos niños volverán a la escuela, aunque se privilegiarán a los que están en el último año de cada ciclo y solo si sus padres pueden justificar que no tienen con quien dejarlos para ir a trabajar. En este país, se ha instruido un fuerte protocolo que contempla todos los cuidados sanitarios y con una reforma del Sistema Estatal de Becas, que aumentó en un 22% la inversión en el próximo curso, con más de 600.000 estudiantes que se beneficiarán y un aumento de la dotación, sobre todo para las familias en situación más vulnerable. Las nuevas becas pasarán a depender de la necesidad económica y no del mérito académico como hasta ahora, una medida imprescindible en un país en el que el 14% de los hogares no tenía acceso a internet en 2018, según datos del Instituto Nacional de Estadística. En Francia, sí han comenzado las clases con estrictas normas de higiene, no sin una fuerte disputa política previa, ya que la medida pone en la cabeza de las familias la decisión de enviar a o no a sus hijos a la escuela. De todos modos, ha habido avances y retrocesos debido a que en los últimos días más de 70 escuelas tuvieron que volver a cerrar como consecuencia de que algunos miembros del personal escolar contrajeran coronavirus.

Sobre la base de la experiencia recogida y de acuerdo con el momento en que nos encontramos en el desarrollo de la pandemia en nuestro país, que todavía no ha alcanzado lo que llaman ¨pico¨, se generan dos escenarios. El primero, inmediato, es que nos quedan varios meses del ciclo lectivo sin presencia en las escuelas y, por eso, es necesario mejorar y fortalecer la educación a distancia que muchas escuelas están ofreciendo con enorme esfuerzo, pero desigual calidad y disímil impacto entre nuestros estudiantes. En tal sentido, es imperativo -con la finalidad de garantizar la igualdad de oportunidades-, por un lado, reiniciar un proceso de distribución de dispositivos a los estudiantes de los sectores más desfavorecidos; y por otro, posibilitar el ingreso de cientos de miles de alumnos sin conexión con sus docentes a la red, no solo para este período excepcional, sino para la educación en un futuro. Para ello, sería factible ofrecer becas de cobertura de internet, a partir del uso de las bases de datos que cada jurisdicción tiene de sus escuelas y la propia de la ANSES.

En segundo lugar, debemos prepararnos para un regreso escalonado a la escuela. Eso implicaría que, en un principio, solo algunos grupos de estudiantes retomaran sus estudios presenciales. Por ejemplo, podría priorizarse el último año del nivel primario y secundario y, luego, el primero de cada uno de esos dos niveles, y así progresivamente el resto. Además, cada grupo lo tendría que hacer por cupos y muy probablemente, al inicio, de modo que solo un 25% de cada clase tuviera que asistir a la escuela. De esta manera, se conservaría la distancia social tanto en aulas como en pasillos y patios, esos mismos que ayer estaban atestados de alumnos. Los estudiantes comenzarían yendo una o dos veces por semana a la escuela y, paulatinamente, se aumentaría su presencia efectiva. También, deberían cambiar los horarios de entrada y salida para que pudieran evitarse concentraciones de personas. Las normas de lavado de manos, uso de barbijos, limpieza de útiles, muebles y espacios comunes deberían constituir un ritual y el juego o las charlas cotidianas entre adolescentes en los patios, dejar lugar a nuevas formas de tiempo libre en las escuelas, hasta que regresemos a la normalidad.

Sin embargo, esta presencia condicionada generará que la educación a distancia siga vigente por largo rato en un sistema dual o mixto, que requerirá, entre otras iniciativas, priorizar y condensar el curriculum para este y los próximos dos ciclos escolares, y analizar cómo incorporar más docentes (sean nóveles o jubilados), ya que los que hoy tienen a cargo sus clases lo seguirán haciendo, pero con grupos reducidos. Ya hay estudios que hablan de la necesidad de un aumento del 40%, tanto en la planta docente como en los espacios físicos para recuperar la escuela a la que estábamos acostumbrados. También, se necesitarán nuevos espacios de acogidas para las niñas y niños, cuyas familias deban ir a trabajar. En este sentido, la sociedad y el Estado tendrán que pergeñar nuevas alternativas diferentes para la escuela. Asimismo, será importante lo relacionado con lo que en muchos distritos llamamos "escuela de verano", que tendrá que redefinirse asumiendo una responsabilidad que antes no tuvo, porque fue pensada con otros fines que hoy cambiaron radicalmente.

Que no tengamos fecha de retorno no es lo que nos debe preocupar. Más que nunca nos debe ocupar proyectar un plan estratégico de cómo fortalecer el sistema educativo argentino en esta coyuntura que lo ha interpelado.

Educador, exrector del Colegio Nacional de Buenos y Director de la Escuela de Formación en Ciencias

Conforme a los criterios de

Más información
ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.