#LectoresEnRed. María Fernanda Heredia: "La palabra escrita es una huella poderosa"
Autora de la novela La lluvia sabe por qué -que acaba de reeditarse en formato especial-, la escritora ecuatoriana sostiene que la revalorización de la literatura infantil y juvenil debe celebrarse trabajando aún más y mejor
1 minuto de lectura'


La reconocida novela de la ecuatoriana María Fernanda Heredia, La lluvia sabe por qué, es otro de los títulos elegidos por Norma para ser relanzados en una edición especial que busca, tal como ya nos comentara Laura Leibiker, directora editorial de Norma, “transformar a estos textos interesantes en objetos de diseño, atractivos, que dieran ganas de tener, de abrir y de llevarse a casa.
“Desde el presentimiento de unas lágrimas inevitables y de la partida de mi abuela, así nació La lluvia sabe por qué –cuenta la escritora que ha recibido numerosas distinciones–. Sus brazos y sus palabras fueron siempre mi refugio; y cuando terminé de escribir la historia, ella ya no estaba conmigo. La novela trata sobre dos adolescentes, Lucía y Antonio, que por distintas circunstancias sienten que la vida los ha cercado, que no hay caminos para escapar ni rescate posible. Una travesura de amigas ha dejado expuesta a Lucía: una fotografía de ella, en la que aparece semidesnuda, y que ha sido tomada en una fiesta de pijamas entre chicas, se escapa y viaja de pantalla en pantalla, destruyendo su imagen y su dignidad. Las pantallas de los teléfonos inteligentes se convierten en paredones de fusilamiento. La voz de la abuela muerta regresa desde algún lugar para susurrarle al oído que aún quedan razones para creer, para construir, para curar el alma. Así arranca la historia, y el encuentro de dos solitarios heridos: Lucía y Antonio."
"Las pantallas de los teléfonos inteligentes se convierten en paredones de fusilamiento."
–¿Por qué creés que la novela despertó tan buena reacción entre los jóvenes lectores?
–Quizá porque muchos de ellos se sienten identificados con los personajes, con sus dudas y su sensación de desnudez ante ciertas circunstancias. En La lluvia sabe por qué hay una historia de amor que se construye en medio del dolor, hay una urgente necesidad de sacar la cabeza del agua y respirar.
–¿Considerás que la literatura puede ayudar a enfrentar ciertas problemáticas?
–Sí, en la medida que la literatura puede establecer un diálogo con el lector, puede encender luces y provocar reflexiones hondas. En la lectura no sólo hay un disfrute de la historia que nos propone el autor, inevitablemente hay una invitación tácita a sentir como los personajes, a ponerte en sus zapatos.
–Los temas que abordás en tus libros no tienen edad ¿Cómo lográs que ciertas temáticas, a veces duras, lleguen a chicos y adolescentes?
–Esos temas duros que a veces preferimos mirar de soslayo son parte de la vida del niño y del adolescente y por tanto hay que abordarlos. Es indispensable hacerlo. La violencia, la pérdida, la muerte, el abuso, la exclusión, el acoso son o pueden llegar a ser protagonistas en la vida de niños y jóvenes, y la literatura no sólo tiene recursos para hablar de todo eso en sus distintos géneros, sino para provocar identificación, interés, postura, empatía, reflexión, etc. El trabajo del escritor está en encontrar la mejor manera de contar una historia, yo no sé definir -como si de una receta se tratara- mi manera de hacerlo, sólo puedo decirte que intento construir historias que no sólo se alojen en la memoria, sino también en la piel del lector.
–¿Cómo surgen tus historias? ¿Qué te inspira?
–Siempre hay un detonante inicial que pasa por una emoción propia, por una inquietud personal. Hay emociones que no me dejan en paz, que me rondan y no puedo sacudírmelas. A estas alturas de mi vida ya he aprendido a rendirme y sé que no tiene sentido mirar para otro lado, esas emociones (dudas, miedos, pasiones, sueños, pesadillas) no se irán mientras no las desmenuce. Hay temas que surgen en un momento especial de mi vida, y hay otros de los que no he dejado de escribir en veinte años (las despedidas, por ejemplo).

–¿Cómo lectora qué historias te apasionan?
–Leo principalmente novelas, cuentos y biografías. Ocasionalmente ensayos. Pero más allá del género y del tema, me rindo ante una historia bien contada, de aquellas que no puedes dejar de leer, que te atrapan, que te sacuden, que remueven tus certezas. Adoro esa capacidad que tiene un libro de mantenerme prisionera a una historia. Soy lectora de emociones, lectora de las que lloran o ríen a carcajadas. Me obsesiono con personajes al punto que me duele saber que son ficticios.
–¿Cuál es el primer libro qué recordás haber leído? ¿Qué fue lo que más te llamó la atención?
–No fui una niña lectora, pero a los once años, encerrada en mi cuarto gracias a una hepatitis, leí Las aventuras de Tom Sawyer, y el flechazo se dio. Me encantó la historia de amor entre Tom y Becky Thatcher. Cuando leía, perdía la noción del tiempo, del encierro, de la enfermedad y de la soledad, así descubrí una forma de magia que me ha acompañado desde entonces.
–Sos diseñadora gráfica, ilustradora y trabajaste en diseño y publicidad durante muchos años. ¿Cómo llegaste a la literatura?
–Llegué a la literatura por casualidad, casi sin darme cuenta. Siempre me gustó escribir, fui una niña extremadamente tímida y quizá por eso mi diario fue el espacio donde la palabra escrita me ayudó a comunicarme conmigo misma, donde jugaba e imaginaba otras vidas. En una ocasión, ya adulta y convertida en diseñadora gráfica, un amigo me invitó a participar en un proyecto de creación de una revista infantil. Acepté y cuando el plazo estaba a punto de concluir ocurrió algo inesperado: la persona que se había comprometido a escribir un cuento para esa sección de la revista, se echó para atrás y mi amigo entró en pánico. Entonces me ofrecí a escribir algo. A mí misma me pareció una osadía, pero aunque lo hice por ayudar a mi amigo con su proyecto, al escribir esa primera historia sentí que se me revelaba un universo alucinante. Ese fue el inicio. Ya han pasado más de dos décadas desde entonces y sigo agradeciendo a las mágicas casualidades.
–¿Por qué pensaste en escribir para niños y adolescentes?
–No pensé en escribir para niños ni para adolescentes. Soy honesta al confesarlo. Desde el primer momento escribí para mí, para trasladar a la página en blanco unas emociones, unas preguntas, unas sensaciones sobre las que necesitaba explorar sin artificios. Mis primeros cuentos hablaban del miedo a la pérdida, a los adioses inesperados, a los caminos que separan, a la oscuridad. Me sorprendí cuando el primer editor al que le presenté mis textos -convencida de que eran cuentos para adultos- me dijo que le parecían perfectos para la colección de libros para niños de 4 a 5 años. Pensé que el hombre estaba loco, o que se estaba burlando de mí. Pero hablaba muy en serio. Se publicaron y ese año gané el Premio Nacional de Literatura infantil. Eran textos de palabras sencillas, con metáforas amplias, que -más tarde entendí- no tenían edad. El niño, el adolescente y el adulto sienten temor, cada uno desde su propia realidad, al fantasma que perturba sus certezas, al fantasma que asusta, que aparece inesperadamente, que siembra ansiedades, etc. Hoy soy consciente de que mis libros llegan a niños y jóvenes, y aunque sigo escribiendo para mí como primera lectora, mi responsabilidad se ha ampliado pero no ha condicionado mi forma de escribir.
–¿Qué valor tiene para vos la palabra escrita?
–Es una huella poderosa. Es un testimonio. Es una forma de expresión que nos define y nos permite -a muchos- tratar de entender la vida, y de entendernos en ella. La palabra escrita y convertida en literatura tiene un valor inmenso cuando perfora la superficie, cuando entra y desgarra, cuando sacude, remueve, moviliza. Y aunque es mi material de trabajo y de vida, no le concedo más valor que a otras formas tan o más poderosas de comunicación y de construcción del alma, me refiero a la palabra hablada, a esa que retumba en tu memoria y en la de todos cuando recordamos a quien nos contaba un cuento cuando chicos, o a quien nos ha susurrado un te quiero al oído. O a quien nos ha dejado como herencia un abrazo. O a la música, O a las imágenes -como en fotogramas inolvidables- sobre la que a veces sostenemos la vida.
–En los últimos años cambió el panorama dedicado a la literatura infantil-juvenil. ¿Qué opinión te merece?
–Hay cambios importantes, la literatura para niños y jóvenes ha ganado espacio y respeto en el mundo cultural y eso hay que celebrarlo de la única manera posible: trabajando aún más y mejor, pero todavía hay batallas duras que vencer, como aquella que considera que la infantil y juvenil es una literatura menor, facilona y cursi.
–¿Mantenés contacto con tus lectores?
–Sí, muy cercano y frecuente, por fortuna. Ese contacto lo disfruto y me recarga las baterías. Hago visitas a colegios regularmente y respondo a todos los mensajes que llegan a mi correo electrónico y a mi página de Facebook. Hay de todo en esos mensajes, comentarios, preguntas, sugerencias e incluso confesiones que me hacen reír del tipo "No alcancé a terminar tu libro y mañana tengo prueba de lectura, ¿me puedes decir en qué se termina la historia?"
–¿Cuál es tu rutina de trabajo?
–Como soy diseñadora gráfica necesito elaborar un mapa de cada libro. Necesito verlo. Y cuando está ahí, en el papel, lo cuelgo en la pared y sé que estoy lista para emprender el viaje. Sé que muchos autores lo hacen de la misma manera. Cuando estoy trabajando un nuevo libro intento escribir a diario, durante cuatro o cinco horas, con intervalos de descanso (mis cervicales suplican estiramientos). Escribo rodeada de silencio, nada de música ni teléfono ni amigos ni televisión ni fantasmas ni extraterrestres. Cada párrafo nuevo lo leo en voz alta dos, tres, cuatro veces. Por las mañanas corrijo el texto del día anterior, y por las tardes escribo lo que corregiré al día siguiente.
–¿En la actualidad en qué estás trabajando?
–Ahora mismo intento retomar algunos personajes de La lluvia sabe por qué para una nueva historia. A ver si lo consigo.
–¿Pudiste ver la reedición de La lluvia saber por qué? ¿Qué te pareció?
–La he visto en el promocional que ha preparado la editorial para la web, ¡muero por tenerla en mis manos! ¡Me ha encantado! El libro objeto, que busca a través del contenido una nueva manera de relacionarse con el lector, suscita emociones particulares y para ello el diseño en una herramienta muy válida. Hacer ediciones especiales siempre tendrá sentido para un tipo de público que ha logrado un vínculo excepcional con la obra.






