Me asaltaron, ¿cómo sigo adelante?
Cuando una persona vive una experiencia cercana a la muerte, hablamos de una situación traumática. Básicamente se trata de un “trastorno de ansiedad” que se genera después de un acontecimiento amenazante como un robo, un asalto violento o un secuestro y tiene un alto impacto emocional. Las lesiones emocionales pueden ser tan serias como las físicas.
¿Qué deberían hacer aquellos que están cerca de quien es víctima de un robo, un choque, una muerte trágica, un abuso, una violación o incluso la guerra y la tortura?
- a. Contener. No hay que hablar de más en estos casos, dado que la ansiedad es contagiosa. Hay que abrazar, estar cerca, aceptar, creerle a la víctima. Tampoco se debe tomar nada como personal ni mostrar preocupación, si expresa cierta agresividad. Lo ideal es escuchar empáticamente.
- b. No explicar. Contar los hechos, es decir, hablar de lo que pasó es terapéutico. Nos curamos hablando. Esto es importante porque muchos, luego de una situación traumática, lo que hacen es callar para evitar la angustia. Pero tal actitud solo empeora las cosas. Quien acompaña puede animar a la víctima a hablar, permitir la catarsis, mantenerse conectado, preguntar, brindar espacio para que se exprese. Jamás se debe reprimir o preguntar insistentemente: “¿Dónde estabas? ¿Cuándo te pasó? ¿Cómo fue? ¿Qué sucedió? ¿Qué sentiste?”.
- c. Normalizar sus reacciones. Se puede ayudar a la persona a construir un proyecto hacia adelante, a pensar en cómo seguir de ahora en más.
Los síntomas que surgen en estos casos suelen ser tres:
- 1. Reexperimentación de la situación. Aparecen pensamientos negativos, alteración de la concentración, olvidos, búsqueda de culpables, confusión, dificultad para tomar decisiones. Al reexperimentar el hecho, la persona tiene la sensación de vivirlo nuevamente con imágenes vívidas que le hacen sentir que está sucediendo nuevamente.
- 2. Evitación de lugares, ideas y hechos. Muchas personas recuerdan la situación traumática y la cuentan como si nada hubiera pasado.
- 3. Hiperactivación. Suelen aparecer problemas de sueño, hipervigilancia, irritación, dificultad de concentración, etc.
Se calcula que el 60 por ciento de las personas, alguna vez, han estado expuestas a situaciones traumáticas, lo cual no quiere decir que en todos los casos esto derive en estrés postraumático. La mayoría de las víctimas se recupera gracias al proceso de resiliencia y dentro de los tres meses de sucedido el hecho. Por eso, son perfectamente normales algunos de estos síntomas: miedo a dormir, problemas gastrointestinales, hipervigilancia, síntomas intrusivos, anestesia emocional y distancia, entre otros.
¿Qué se entiende por resiliencia?
Es la habilidad de realizar un cambio significativo ante el trauma, convirtiéndolo en crecimiento. Para ello, la persona echa mano de sus fortalezas internas, familiares y sociales que la ayudan a adaptarse a la nueva situación y salir fortalecida. Según Boris Cyrulnik, la resiliencia es una fuerza interior que le permite a un ser humano seguir adelante con su vida, después de haber sufrido una experiencia traumática. Él explica que dicha actitud no es una respuesta automática, sino una conducta desarrollada por aquel que se conoce a sí mismo y se conecta con sus emociones. Como resultado, el individuo es capaz de superar la adversidad, sin ser afectado por ella. Vendría a ser un mecanismo de autoprotección surgido de las relaciones afectivas disponibles que proveen un espacio seguro para compartir el mundo emocional.
En casos de estrés postraumático, es fundamental el afecto a través de lazos afectivos que brinden seguridad, apoyo y contención. Frente al dolor, necesitamos más que nunca una comunidad que nos acepte, nos respete y haga su aporte para hallarles un sentido a las vivencias negativas. El Dr. A. Terr define resiliencia como: “La condición que resulta de un golpe o una experiencia de miedo extremo, única o reiterada, la cual sobrepasa aquella experiencia considerada normal”.
Para concluir, hoy más que nunca en los tiempos difíciles que vivimos, con situaciones que nos superan a nivel emocional, necesitamos aprender a desarrollar la resiliencia, que es la fuerza interior que nos permite superar el estrés y la debilidad extremos que surgen en estos casos.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com









