Barro

Víctor Hugo Ghitta
Edición fotográfica: Dante Cosenza
Edición fotográfica: Dante Cosenza Crédito: Ben Birchall / DPA
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7 de agosto de 2019  

SOMERSET, Inglaterra.- Caprichos del ojo y de la mente vagabunda. En 1931, cuando estaba dedicado intensamente a la investigación de las culturas prehispánicas, el mexicano Diego Rivera realizó una serie de diecisiete acuarelas destinadas a ilustrar el Popol Vuh. Esta recreación del gran legado del mundo quiché se conoció recién treinta años después, en Tokio, gracias al editor japonés Eikichi Hayachiya. El Popol Vuh narra con una belleza indómita los primeros días de la creación, con los bríos que le infunde al artista la revolución mexicana. De barro estamos hecho, dice el libro sagrado de los mayas. Rivera, con insumiso espíritu indigenista, indica que en el principio fuimos hechos de maíz. Pero, el barro está en el amanecer del hombre, según está escrito en el Génesis: "Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente". Barro, tal vez.

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