Pusilánime
Hay que agradecer al ultramilitante de cualquier ideología que, al menos, vaya de frente con lo que piensa, aun en sus versiones más toscas y brutales. Uno puede contestarle de igual modo, porque razones no entienden, o ignorarlo. Pero no hace perder el tiempo: es claro y transparente en su panfleto inflamado.
Más temible por lo hipócrita, en cambio, es aquel taimado que vende desde una falsa ecuanimidad un supuesto pensamiento políticamente correcto, con evidentes problemas de alineación y balanceo. Ese sí hace perder mucho tiempo porque siembra confusión y discordia al presentarse como impoluto caballero, amante de un equilibrio que pretende hacer pasar como perfecto, aunque siempre esté escorado para el mismo lado.
Solitario y usualmente mal compañero, resulta fácil identificar a este espécimen vanidoso en las redes sociales: se presenta como un juez esclarecido que viene a poner las cosas en el justo punto medio, aunque en realidad contrabandee mercadería adulterada. Es el falso compensador, que clama investigar a "B" cuando afloran las evidencias sobre "A". Pero que guarda silencio cuando la relación se invierte.
Como bien lo canta Serrat, con estos tipos tengo algo personal.











