
Música clásica en la radio
Por José Luis Sáenz Para La Nación
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NUESTRA radiofonía está vinculada con la música clásica desde sus comienzos: nació precisamente, en 1920, con la transmisión del Parsifal wagneriano desde el Teatro Coliseo. También Radio Municipal fue creada a principios de la década del 30 con el objetivo preciso de transmitir las funciones del Teatro Colón, como un medio irreemplazable de divulgar sus actividades musicales a grandes sectores de la población. Claro que por aquella época la música clásica no estaba circunscripta al ámbito de las radios oficiales. Otras emisoras comerciales tenían abundante programación de música clásica, como LR5 Radio Excelsior, que transmitía programas de conciertos y óperas completas, y llegó a transmitir en directo, en 1935, el estreno mundial del Nerone de Mascagni desde la Scala de Milán.
De todos modos, siempre fue la radio oficial, LRA, antes llamada Radio del Estado y después Nacional, la principal difusora de música clásica en nuestro país. En su época de mayor esplendor (hacia 1950) llegó a trasmitir simultáneamente por dos ondas de AM (870 y 710), además de tener filiales diseminadas por todo el país. Aquella programación era prioritariamente de música clásica e incluía los inolvidables conciertos públicos y gratuitos de las dos orquestas que la emisora tenía entonces (la sinfónica, los jueves, y la de cámara, los domingos), los recitales de jóvenes solistas, etcétera, además de todas las funciones del Colón (no solo ópera, sino también conciertos y hasta ballet).
Avatares de LRA
Después arreciaron vientos populistas que desterraron la música clásica de las radios oficiales por "elitista", para reemplazarla por otros géneros musicales que de tan populares sobreabundaban a izquierda y derecha del dial hasta el grado de la saturación. En cambio, la música clásica fue quedando paulatinamente desalojada de la AM, como sucedió en Radio Municipal a partir de 1973 (entre idas y venidas políticas) y en Radio Nacional definitivamente en 1989 (aunque en este último caso la música clásica fue transferida o relegada a la estación de FM 87,9, que era una frecuencia policial que la emisora había heredado). Claro que el ámbito geográfico en que podía ser captada esa FM era muy restringido, comparado con el de la anterior AM. Pero nos resignamos, con esa adaptación a la realidad tan argentina de "cada día un paso atrás", mientras nos enterábamos de que en la venta y desocupación del edificio fundacional de Ayacucho 1556 la discoteca de LRA sucumbía por desaprensiva decisión del funcionario de turno.
Entretanto, desde 1987 una radio privada llamada precisamente Clásica salía al aire, a reivindicar sorpresivamente en FM ese repertorio que las radios oficiales retiraban de la AM. Sus emisiones tendrían una calidad técnica muy superior a la de Nacional 87,9, pues al ser una radio de categoría A podía transmitir con una potencia de hasta 30 kilovatios, mientras que la Nacional FM figuraba como de categoría C y por eso no podía superar los 6 (grave limitación de potencia que sigue hasta hoy). Quizá por eso los melómanos convirtieron de inmediato a Radio Clásica en su favorita.
Sin embargo, esta radio privada, que operaba en 97,5, nunca fue muy rentable, pues dependió de la magra financiación de los siempre escasos sponsors o anunciantes, y hasta debió declinar en 1999 la publicación de su revista-programa. Y ahora, en esta época de crisis y achicamiento general, tuvo que bajar el telón, lo que es lamentable, pues no se trata de una radio más, sino de una de las únicas dos emisoras de música clásica que quedaban en el dial.
Ondas alquiladas
Por suerte, el telón no ha bajado del todo y el cierre se ha atenuado en una mudanza de onda. La radio solo deja su codiciada frecuencia 97,5, que le permitía cubrir un círculo de doscientos kilómetros de radio (según lo proclamaba un orgulloso cartel en la ruta 2). Y, en rigor, esa frecuencia nunca había sido suya, pues se la alquilaba a la quiebra judicial de otra emisora, con permisos precarios que últimamente no excedían los cuarenta y cinco días.
En todo lo demás, la radio ha trasladado sus programas artísticos a Nacional Clásica, con lo que culmina una progresiva integración que ya se venía operando desde el año pasado. Dicha integración incluye también su discoteca de 6000 discos compactos, número muy superior a los solo mil que posee Radio Nacional, además de su equipamiento técnico (transmisor, antena, etcétera). Vale decir, no todo se pierde.
Claro que no puede ser motivo de alegría ni mucho menos que de dos emisoras clásicas pasemos a disponer solo de una, pero se trata de otro escalón más en ese arduo aprendizaje nuestro del "peor es nada". Es lamentable que también desaparezca la cadena de repetidoras de Radio Clásica, que en número de ocho operaban en diversos lugares del país: Mendoza, San Juan, Córdoba, Santa Fe, Rosario, General Roca, Tucumán y Mar del Plata. Bien sabemos que en el interior las transmisiones de música clásica son aún más necesarias, pues no existe la nutrida oferta de conciertos o discos que tenemos en nuestra ciudad.
De allí que ahora sea perentorio que esta única emisora de música clásica que quedará en el aire en el 87,9 sea recategorizada por el Comfer, para que pueda alcanzar cuanto antes esa categoría A que le permita aumentar su tan menguada potencia. Otra necesidad urgente es la creación de una red de repetidoras diseminadas por el país, para que pueda cumplir con eficacia esa impostergable difusión cultural en el nivel nacional. Convendrá asimismo que las repetidoras tengan en algunos horarios programación propia, según las necesidades de sus áreas de cobertura.
Insistamos en que esa radio no puede quedar más a merced de las los vaivenes del mercado, porque posee un valor cultural agregado que es fundamental. Y un último ruego: que nunca se abata sobre ella algún otro político o funcionario proclive al populismo barato, porque la cultura es algo que en nuestro país necesitamos cada día más.





