Pierre Lemaitre. "Muchos escritores hablan como artistas. Yo hablo como un artesano"
Mientras llega al país la primera novela que escribió, Irène, el autor francés repasa la literatura que lo marcó y afirma no creer en "las virtudes de la documentación ni en las de la imaginación" en su oficio
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PARÍS.- El comandante Camille Verhoeven vive una vida perfecta: está casado con la maravillosa Irene, con la que espera su primer hijo. Pero su felicidad se resquebraja tras un asesinato inusualmente salvaje? Ése es el resumen. Para muchos, se trata de la novela negra más original y poderosa de los últimos años. Su autor: el francés Pierre Lemaitre.
Irene, que este mes llega a las librerías en la Argentina, editado por Alfaguara, fue su primera novela. Lemaitre la publicó en Francia en 2006, cuando ya tenía 55 años, y de inmediato se vio propulsado al firmamento donde titilan las glorias del policial galo. En una trama fascinante, rinde homenaje a sus maestros literarios -Bret Easton Ellis, Émile Gaboriau, James Ellroy, William McIlvanney-, haciéndolos protagonistas de su intriga. Irene también marcó el comienzo de su serie policial cuyo protagonista es Camille Verhoeven, comandante de la Brigada Criminal de París. Hipotrófico de nacimiento, el investigador mide apenas 1,45 metros y es un pintor frustrado, discreto y minucioso.
En Vestido de novia (publicada en 2009 y traducida al castellano en 2014), ejercicio explícito de admiración a Hitchcock, Lemaitre cuenta la historia de Sophie, una treintañera demente, que se convierte en una asesina serial que se olvida de sus víctimas. Un año después, abordó la intriga social con Cadres noires, donde pone en escena a un ejecutivo desempleado que acepta participar en un juego de roles que consiste en una toma de rehenes. El libro está inspirado en un hecho real ocurrido en 2005 en el sistema público francés de televisión.
Su cuarta novela, Alex, juega con el espejismo de la identificación: la heroína es a la vez víctima y asesina. El suspenso dura hasta el final, donde vuelve a trastocar la percepción que el lector tiene del personaje. Una vez más, el autor incluye referencias a escritores: Louis Aragon, Marcel Proust, Roland Barthes, John Harvey, Boris Pasternak.
Con Nos vemos allá arriba, Lemaitre cambió completamente de registro, abandonando el policial. Ese relato picaresco de dos soldados franceses que rehacen sus vidas después de la Primera Guerra Mundial no sólo vendió más de 600.000 ejemplares, sino que le valió el Premio Goncourt 2013, el más prestigioso galardón de las letras francesas.
Lemaitre nació en París. Psicólogo de formación, consagró gran parte de su carrera profesional a la educación de adultos, enseñando comunicación, cultura general o animando ciclos de literatura para bibliotecarios. "Durante todos esos años, yo también aprendí enormemente. Pude consolidar mi cultura, sistematizar mis conocimientos, cubrir mis lagunas", suele decir.
Recién comenzó a vivir de su pluma en 2006, después de la publicación de Irene. Aunque siempre quiso ser escritor, tuvo que luchar contra la terrible inhibición que arrastraba desde la infancia. "Mis padres, simples empleados de oficina, sacralizaban la literatura. Es algo que inhibe definitivamente", confiesa. Desde la creación de la colección Le Livre de Poche, en 1953, su madre compró todas las novelas publicadas en ese pequeño formato que revolucionó el mundo de la edición. Lemaitre, maestro de la ironía, dice que debe de ser "una de las únicas personas capaces de recitar de memoria los cien primeros títulos del catálogo".
Criado en Drancy, uno de los barrios populares más desangelados de la periferia parisina, Lemaitre afirma que tuvo "una infancia feliz, pero triste". Todo lo contrario de su presente. "Soy un escritor absolutamente jovial. Ah, me encantaría sufrir? Pero la verdad es que me divierto muchísimo", reconoce en una entrevista con la nación.
Nos vemos allá arriba vendió cerca de 600.000 ejemplares y recibió el Premio Goncourt, ¿esperaba semejante éxito? ¿Qué cambió ese libro en su vida de escritor?
Las reacciones muy positivas de mis editores me permitían pensar que podría tener éxito, pero nadie, evidentemente, imaginó que iba a leerlo tanta gente y mucho menos que obtendría el Goncourt. Ese premio, el más prestigioso de la literatura francesa, cambia definitivamente la carrera de un escritor.
¿Por qué haber escogido ese tema en particular? ¿De niño leía temas históricos? En un sentido un poco más amplio, ¿qué tipo de literatura lo alimentó durante su juventud?
Durante mi adolescencia me marcaron las novelas escritas por quienes en Francia se denominan los "novelistas combatientes", esos jóvenes que se transformaron en escritores después de haber participado en la Primera Guerra Mundial como soldados. Ese acontecimiento considerable ocupaba un sitio importante en mi imaginación novelesca. En todo caso, no soy un apasionado de esa guerra: sólo fue el tema de una novela. Un tema grave e interesante, pero si mañana encuentro una buena historia que se desarrolla en 1190, escribiré una novela sobre la Tercera Cruzada.
¿A qué edad comenzó a escribir y qué fue lo que lo decidió?
Mis padres eran unos apasionados de la literatura. De ese modo me convertí naturalmente en un buen lector. Ser escritor fue para mí una certeza desde muy joven, pero la vida decidió otra cosa durante mucho tiempo. Sin embargo, infaliblemente, los hombres nos convertimos en lo que somos. Yo soy escritor.
¿Por qué haber comenzado por la novela negra?
El género policial es heredero natural de la novela popular del siglo XIX que acunó mi infancia. Fui lector de Dumas, de Hugo y de Tolstoi. Cuando me convertí en escritor, era normal que me sintiera atraído por ese género. Entre paréntesis, la novela negra, que propone una lectura que explora las capas de la realidad social de una época determinada, me procuraba el soporte novelesco ideal para transmitir mi visión del mundo.
En alguna parte leí que para usted la escritura es fuente de júbilo. ¿Por qué? ¿Qué tipo de literatura le proporciona más placer para escribir: el género policial o la novela popular?
Simplemente adoro mi trabajo y por eso lo hago con júbilo. Y creo que el lector se da cuenta de eso cuando tiene uno de mis libros entre las manos. Pero para hacer una buena novela policial hay que respetar numerosas reglas. Ésa es su complicación. Cuando uno deja la novela negra por la literatura picaresca, por ejemplo, como lo hice con Nos vemos allá arriba, se encuentra de pronto con una libertad inesperada? a la cual después no se quiere renunciar.
¿Qué necesita para escribir un libro?
Un tema, una trama, un punto de partida y un final.
¿Me puede contar una de sus jornadas habituales de escritor? ¿Tiene una rutina precisa? ¿Cuántas páginas escribe por día?
Mucha gente me pregunta lo mismo y casi del mismo modo. Presumo que esa pregunta surge de una visión muy romántica del trabajo de escritor. Yo sé que muchos de mis colegas son apasionantes cuando explican su forma de trabajar o describen su proceso de creación. Consiguen incluso cautivarnos evocando el sitio donde trabajan y sus hábitos. En sus plumas, el oficio se ve aureolado por una suerte de gracia. Por el contrario, cuando yo me refiero a todo eso, el tema no interesa a nadie. Eso se debe a que muchos escritores hablan como artistas. Yo hablo como un artesano. Entre ellos y yo hay la misma distancia que separa a Miguel Ángel de un relojero.
Deme un ejemplo.
Por ejemplo, el sitio donde se escribe. En la concepción romántica, un escritor es alguien que no puede trabajar si todas las condiciones no están reunidas: el lugar, la calidad del silencio, la mesa, la lapicera, el papel, la luz, lo que ve, lo que no ve? El escritor es un artista. En mi calidad de relojero, debo confesar que trabajo en cualquier parte. Prefiero que no haya demasiado ruido. Pero, para ser honesto, si me dejo llevar por una situación, puedo escribir en el tren, en un hotel, en un bar, en mi casa, en la suya, no tiene ninguna importancia.
¿Investiga seriamente antes de escribir un libro o se deja guiar por la imaginación?
No creo en las virtudes de la documentación ni en las de la imaginación. Si escribiera documentales, me documentaría (mucho, incluso), pero soy novelista. Mi trabajo consiste en contar historias. Si la calidad de una novela se midiera en función de su exactitud, lo sabríamos desde hace mucho tiempo. No es una injuria a la literatura, pero es necesario constatar que muchas novelas brillan más por sus cualidades documentales que por su valor narrativo.
En sus libros siempre se tiene la impresión de que presta una particular atención a los gestos, a las acciones. ¿Acaso piensa en forma cinematográfica?
Para poder escribir una escena necesito visualizarla. Pero yo no escribo novelas para hacer cine, ni lo hago de la misma forma que un guión. Por el contrario, mi forma de escribir atrae con frecuencia al cine porque hay que hacer menos esfuerzo conmigo que con otros.
Al comienzo de Irène usted incluye una frase de Roland Barthes: "Escritor es alguien que acomoda las citas quitando las comillas". ¿Cree usted realmente que es posible hacer algo nuevo con lo viejo? La intertextualidad es un recurso que parece seducirlo, pues la utiliza ya desde su primer libro?
Estoy convencido. Como le dije, creo en lo imaginario (el mundo interior, la visión del mundo que cada uno lleva consigo) pero no en la imaginación. No pretendo que no existe, pero le aseguro que yo no tengo ninguna. Si algo viene a mi pluma, puede estar segura de que lo he leído o escuchado en alguna parte, que lo crucé en la calle o en el subterráneo, en un film, una novela o un artículo de prensa. Hay quizá (¡más bien sin duda!) novelistas muy imaginativos cuya producción es totalmente original, pero yo no me incluyo entre ellos. Desde mi primer libro me divertí anotando, al final, el nombre de los autores de quienes recordé algo durante la redacción: una palabra, una expresión, una imagen, una atmósfera, el ambiente de una escena, etcétera. Esa lista no tiene nada que ver con mis autores preferidos? Son simplemente aquellos que crucé en el curso de mi trabajo.
¿Podemos hablar de sus referencias literarias? ¿Hay entre ellas algunos autores latinoamericanos?
Lamento no ser demasiado original: a comienzos de mi lista están García Márquez, Borges y Vargas Llosa. A riesgo de pasar por un inculto, reconozco que ignoro bastante el vigor actual de la literatura latinoamericana? Pero también confieso que me siento impresionado por el genio latinoamericano en el terreno de la novela policial: Paco Ignacio Taibo II, Carlos Salem, Ernesto Mallo, Díaz Eterovic, Leonardo Padura? Es probable en todo caso que mi visión de la América Latina literaria esté algo deformada por la inmensa admiración que siento por autores españoles como Muñoz Molina, Vila-Matas o Javier Marías.
Usted trabajó durante años como educador de adultos. Presumo que es muy sensible a la política. ¿Puede decirme cuál es su idea de una Europa ideal?
Prácticamente lo contrario de lo que es en la actualidad. Hubiese soñado con una Europa cultural, es sólo económica; con una Europa democrática, está en manos de los tecnócratas; con una Europa solidaria, mire lo que fue la gestión de la crisis griega? Todo esto es terriblemente triste.
Leí no hace mucho que estaba dispuesto a lanzarse en una suerte de rompecabezas balzaciano: una serie de una decena de libros que cubrirán el período de 1920 a 2020. Suena como un trabajo titánico?
Lamentable o felizmente, el proyecto no es tan ambicioso. Serán cinco o seis libros. El primero fue Nos vemos allá arriba, ambientado en los años 1920, el siguiente tratará de los años 30. En este momento estoy escribiendo el siguiente, que se desarrolla durante el éxodo de la Segunda Guerra Mundial. Intentaré continuar con un libro sobre los años de prosperidad, que en Francia llamamos "los 30 gloriosos" (1945-1975) y concluiré con una obra sobre los años de crisis: ahora. Mi proyecto es siempre el mismo: tratar la situación francesa a partir de un "ángulo débil".
Es decir...
En Nos vemos allá arriba, conté la Segunda Guerra Mundial a partir del retorno de los soldados y no de la guerra propiamente dicha. Trato la Segunda Guerra a través de un acontecimiento del que los franceses hablan muy poco (porque no quedan nada bien?): los meses de 1940, cuando todo el país, víctima de un pánico colectivo como pocas veces se produjo en la historia, se lanzó de forma insensata a las rutas para huir de la invasión nazi.
Biografía
Pierre Lemaitre nació en París en 1951. Escritor y guionista, es autor de cinco multipremiadas novelas policiales. Nos vemos allá arriba, en otro registro, fue un fenómeno de ventas que está en proceso de traducción a dieciocho idiomas y le valió, entre otros, el más prestigioso galardón francés, el Premio Goncourt, en 2013.
¿Por qué lo entrevistamos?
Porque es una de las figuras más destacadas de la escena literaria francesa, con más de medio millón de lectores sólo en su país






