
Platos timoratos y teteras de porcelana
Los grandes escritores en lengua española, los que nos cautivan y nos roban el sueño con sus historias, sus poemas o sus ensayos, también nos enseñan mucho sobre nuestro propio idioma. Esta afirmación puede parecer trivial, trillada, pero lo obvio, a veces, es lo que pasa más inadvertido (recordar, si no, "La carta robada", de Edgar Allan Poe). Ya vamos a ver por qué.
El lector Coriolano Fernández, entre molesto y resignado, escribe en su correo electrónico del 12/1 que "se ha generalizado decir predio en vez de lugar (o terreno ), precipitaciones en vez de lluvia, y plata en vez de dinero . La ausencia de sinónimos, a mi juicio, empobrece todo discurso, y la televisión y la radio, como siempre, contribuyen al empobrecimiento. Podrían multiplicarse los ejemplos, pero baste uno, acaso paradigmático: decir y escribir tiempo y nunca clima ".
No anda descaminado el lector; aquí mismo se ha comentado que pronto todo hecho , acontecimiento o caso (por nombrar sólo algunas posibilidades) va a terminar siendo un evento . Lo mismo ocurre con generar , que ha reemplazado (sin remordimiento alguno por parte de la mayoría de los hablantes) a realizar, producir, provocar y -lo que es quizá más alarmante- crear . Hoy, todo se genera o es generado , como la electricidad.
Sin ir más lejos, originario , que quiere decir "que da origen a alguien o algo" o "que trae su origen de algún lugar, persona o cosa", ha pasado a suplantar a indígena o aborigen en la expresión, hoy tan popular entre nosotros, de "pueblos originarios". Algo parecido sucede con étnico , cuando oímos decir que alguien es "étnico" (?).
Otra lectora, la profesora Claudia L. E. de Caamaño, en un correo electrónico dirigido a esta columna, dice que se quedó pensando "si realmente tendrá razón el director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, cuando afirma que las diferentes modificaciones que se realizan a la lengua «funcionan de acuerdo con las necesidades que tiene una sociedad»". Ocurre que Blecua, respondiendo a otra pregunta de la misma entrevista que le hicieron en el diario español El País el 21/12/10 (citada en Línea Directa del 10/01), dice también: "En este momento parece que [el español] tiende a elementos muy simples". Y agrega: "La fuerza de los medios hace que hoy la dinámica del cambio lingüístico sea muy rápida. Uno enciende la radio por la mañana y ve que sensibilidad ha cambiado de significado totalmente en tres meses, o que no se hace nada sin un plan b , casi nadie habla ya de alternativa ".
Pero para Blecua, que se define a sí mismo como "un profesor de lengua", la solución para todos los problemas es leer más. "Vargas Llosa -dice- unifica mucho más de lo que pueda disgregar el spanglish. "
De ahí que, ahora sí, podamos volver al principio de la columna y a las enseñanzas de los grandes escritores. Por ejemplo, ¿qué niño o adolescente argentino sabe, si se le pregunta de sopetón, qué quiere decir timorato? Sin embargo, es casi seguro que pueda tararear de memoria y entender estos versos inolvidables por su belleza y humor: "Un plato timorato/ se casó anteayer./ A su esposa, la cafetera/ la trata de usted./ Yo no sé por qué".
¿Quién sino una gran escritora como María Elena Walsh, que dominaba tan excepcionalmente el español, puede haber rescatado el adjetivo timorato ("tímido, indeciso, encogido", pero también, "que se escandaliza con exageración de cosas que no le parecen conformes a la moral convencional") para aplicárselo a un plato que se casó con una cafetera, en la "Canción de tomar el té", en la que la tetera "es de porcelana,/ pero no se ve"?
Como Osías el Osito en el bazar, para solucionar el problema del "empobrecimiento del lenguaje" hay que leer más. Leer, por ejemplo, "cuentos, historietas y novelas", pero "de la mano de una abuela que las lea en camisón".
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