Poesía insomne, sin máscaras
Sobre Configuración de la última orilla, de Michel Houellebecq
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Una de las mejores novelas del francés Michel Houellebecq (Reunión, 1956) es La posibilidad de una isla. Aquella historia imaginaba una comunidad científico-religiosa que, a partir de la creación de clones humanos, perseguía una inmortalidad de tinte budista con supresión incluida del deseo. La trama galopaba, así, entre los mundos de Daniel 1, cómico de stand up millonario pero con profundos problemas del corazón y el de sus sucesivos clones. Antes de suicidarse, Daniel 1 le escribía el siguiente poema a su segunda mujer “Mi vida, vida mía, mi antiquísima vida,/ mi primer deseo mal curado,/ mi primer amor disminuido,/ has tenido que volver./ He tenido que conocer/ lo mejor que hay en la vida,/ dos cuerpos que disfrutan de su felicidad/ uniéndose y renaciendo sin fin./ En completa dependencia/ comparto el temblor del ser,/ la vacilación de desaparecer,/ el sol que azota el lindero./ Y el amor en el que todo es fácil,/ donde todo se da al instante:/ existe en mitad del tiempo/ la posibilidad de una isla”.
Ese poema, un punto bisagra en la trama de aquella novela, reaparece en Configuración de la última orilla, último libro de poesía de Houellebecq, que se publicó en francés en 2013 y ahora se traduce al español. La inclusión de aquel texto lírico, desgarrado de su contexto de ficción, constituye, sin embargo, un gesto trascendente que mucho puede decir de Houellebecq poeta. Configuración... es su quinto libro de versos y el primero que escribió tras su vuelta a Francia después de un largo exilio. Si se tiene en cuenta la publicación en conjunto del libro que, bajo el rótulo Poesía, compilaba sus cuatro obras anteriores (Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento), podría decirse que esta nueva entrega constituye toda la obra poética escrita por Houellebecq en lo que va del siglo XXI.
Inscripto en una tradición en la que Baudelaire y Mallarmé no tendrían mayores inconvenientes en aceptarlo, con un registro clásico que se debate entre el octosílabo y el verso alejandrino pero contrasta con estupendas rimas malas –dignas del pop más a mano–, los temas de este libro no están demasiado alejados de los de su narrativa: el amor como una posibilidad de supervivencia que se parece bastante a un error divino (“Algunos seres amándose hicieron temblar la tierra,/ otros van al amor como quien va al mar/ y cuanto más te conozco, más fijo la mirada”), una actualización tan brillante como nihilista del platonismo (“bronceado, de nada sirve que pretendas que tienes un alma”) en la que el estremecimiento de carnes ávidas y el rechinar de dientes eclipsan la idea de un sol siempre pálido, y una especie de maestría en aislamiento –marca registrada de Houellebecq– que se intensifica con la incorporación de mensajes publicitarios y el consumo de Halcion, la droga para tratar los insomnios más severos. En el contexto de la última orilla, el Halción se transforma casi en metáfora de ese absurdo laberinto que es la voluntad de morir (“nada es reparable en la vida, nada persiste tras la muerte”).
Sin embargo, si hay algo que diferencia su poesía de sus novelas es el principio de verdad. En su obra narrativa, cualquier mención autobiográfica parecía destinada, paradójicamente, a distorsionar su propia imagen: como es el caso del Michel de Las partículas elementales o el Houellebecq de El mapa y el territorio, personaje que terminaba siendo salvajemente asesinado. En su poesía, en cambio, hay un yo claro, conciso, que no se escuda bajo ningún seudónimo, bajo ninguna sensación falsa ni ninguna máscara. Aunque tal vez se contradiga, es él mismo a lo largo de todos los poemarios y, consciente de sí mismo y de su obra (“me gustaba repetir con voz irónica/ poemas conmovedores, sensibles y narcisistas”), simplemente se deja naufragar en ese rango de supervivencia que ofrece la poesía. Ahí donde la inspiración lanza un mensaje en medio del mar y las olas lo arrastran hasta la última orilla.
CONFIGURACIÓN DE LA ÚLTIMA ORILLA
Por Michel Houellebecq
Anagrama
Traducción: Altair Diez
104 páginas
$ 275








