Precoces juegos perversos
Sobre Lo que dijo Harriet, de Beryl Bainbridge
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Parecía terrible que a los trece años hubiese alcanzado lo mejor de mí, que ya nunca pudiese ser mejor”, reflexiona la anónima narradora de Lo que dijo Harriet, ante un comentario de su amiga, cuyo nombre figura en el título de la novela de Beryl Bainbridge.
Una oscura insatisfacción domina las acciones y las conversaciones de las dos chicas durante aquellas vacaciones de verano de posguerra en el condado de Merseyside, en el norte de Inglaterra. Harriet, un año mayor, es la personalidad dominante de la relación: siempre decide lo que harán. Juntas y de una manera vaga van “en busca de experiencia”: se nutren de las vivencias que les aportan personas mayores. Cada una tiene un cuaderno donde anota sus impresiones acerca de la gente que conocen, como el señor Peter Biggs, un hombre casado a quien apodan el Zar.
El argumento avanza entre diálogos y situaciones que muestran a los personajes sin definiciones tajantes, envueltos en claroscuros suaves en los que persisten enigmas sobre los verdaderos motivos que guían sus conductas. La autora inglesa se vale del punto de vista de la primera persona para otorgar al relato una gama de subjetividad que enriquece la concisión de una prosa despojada.
En la protagonista predomina una frialdad analítica, pero debajo de su aparente lucidez aflora una intensidad confusa y contradictoria, como si dudara de cuáles son sus sentimientos auténticos. Sus actitudes de arrogancia y desprecio son una fachada para distanciarse de la vulnerabilidad. No queda claro si su mirada retrospectiva sobre los hechos proviene de un presente inmediato o si habla desde su adultez.
Los encuentros entre Biggs y la narradora lentamente se orientan hacia lo erótico, sin planteos morales acerca de la relación. El Zar no es presentado como un individuo perverso; a lo sumo se remarca una debilidad de carácter que las dos amigas explotan y que debe ser castigada, según Harriet, humillándolo.
Ambas demuestran precocidad en sus afanes exploratorios. La menor, acomplejada por su gordura, recuerda que el año anterior “había sorprendido a Harriet en los brazos de un prisionero italiano” y menciona su propia salida con otro prisionero que la llamó “sucio angelito”. En su sumisión a Harriet juegan emociones complejas. Podría hablarse de cierto anhelo homosexual (“…tal vez fuera a besarme […] No lo había hecho jamás, nunca en todos los años que llevaba amándola”), pero también de rivalidad reprimida.
Distintos episodios se desarrollan: en uno las chicas espían al matrimonio Biggs teniendo relaciones sexuales: “Bajo la monstruosa carne de la señora Biggs yacía el Zar, prendido como una polilla al sofá…”. Si bien la escena le produce una sensación de asco a la narradora, cuando el señor Biggs le da un beso siente desilusión: “casi podría habérmelo dado mi padre, salvo por lo triste que fue”.
Bainbridge (1932-2010) nació en Liverpool y se crió en Formby. Fue actriz antes de dedicarse a la literatura. Sus obras recibieron numerosos premios y en 2000 fue distinguida con el título de Dama de la Orden del Imperio Británico. Lo que dijo Harriet se publicó en 1972, luego de haber sido rechazada por muchas editoriales que la consideraron inmoral. Se basa, muy libremente, en un asesinato ocurrido en Nueva Zelanda en 1954.
Las dos heroínas de la novela se mueven en un terreno psicológico resbaladizo donde resulta difícil establecer grados de responsabilidad y delimitar con claridad sus intenciones. Esta zona de indefinición constituye el principal acierto de la autora. Bainbridge quizá se extiende demasiado en la elaboración de situaciones –algunas innecesarias para consolidar el argumento– y demora un desenlace bien construido en el cual una serie de crueles travesuras desembocan en una tragedia causada por una combinación de fatalidad y malévola premeditación.
LO QUE DIJO HARRIET
Por Beryl Bainbridge
Impedimenta
Trad.: Alicia Frieyro
235 páginas
$ 98









