Reseña: En presencia de Schopenhauer, de Michel Houellebecq

El novelista fascinado por el filósofo
Nicolás Mavrakis
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1 de julio de 2018  

"El mundo es lamentable, una cosa que sería mejor que no existiera; dentro del mundo, el universo de los seres vivos constituye una zona de sufrimiento agravado; y la vida humana, su forma más elaborada, es también la más rica en padecimientos". ¿Pertenecen estas impresiones al célebre escritor francés Michel Houellebecq (Reunión, 1956)? ¿O son del célebre filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860)? Distanciados en el tiempo y el espacio, que tal afinidad sea posible explica por qué En presencia de Schopenhauer, a pesar de su extrema brevedad y lo incompleto de la apuesta, logró convertirse en un libro.

Como lector de Schopenhauer, sin embargo, el radar de Houellebecq no defrauda y en sus mejores momentos recuerda al análisis fundacional que hizo en H. P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida. Aunque en este caso "el descubrimiento tan formidable" llegó "tarde a su vida", el motivo por el cual el autor de Las partículas elementales permanece fascinado es claro: si hoy hubiera ideas tan potentes como las de este filósofo, sus novelas serían mejores. "Es un fastidio vivir en una época de mediocres", escribe Houellebecq entre la amargura y la ironía, "sobre todo cuando uno se siente incapaz de elevar el nivel".

Este ideal no solo es intelectual, también es estético. De ahí que su Schopenhauer predilecto sea aquel en "el segundo estadio de su carrera, el que le valdrá la gloria imperecedera", la etapa en la que el filósofo hablará "de aquello de lo que no se puede hablar: del amor, de la muerte, de la piedad, de la tragedia y el dolor". Para quienes conozcan los temas literarios de Houellebecq, la lista no será sorprendente.

Entonces, ¿es En presencia de Schopenhauer el espectáculo de una identificación narcisista entre un gran escritor del siglo XXI y un gran filósofo del siglo XIX? En parte sí, aunque el libro también trata acerca de cómo la literatura es una de las más elevadas formas de la reflexión filosófica. En última instancia, dice Houellebecq mediante largas citas, lo que une a ambos es un punto innato: la disposición a la contemplación pasiva y pasmada del mundo. "El artista, por supuesto, es sensible al dinero, a la gloria y a las mujeres; por ahí se le puede agarrar; pero lo que se halla en el origen de su arte, y lo hace posible, y le procura el éxito, es de una naturaleza muy diferente".

Con ese horizonte a la vista, ¿qué otras "intuiciones estéticas" podrían reconstituirse bajo las novedosas condiciones del presente? Poeta desde el inicio de su carrera, para el autor de Ampliación del campo de batalla una de las zonas más sensibles a esta pregunta está en la poesía. Si para Schopenhauer ese era el género en el que "la contemplación de la naturaleza" funcionaba como la fuerza más adecuada para despertar "la conciencia de sí mismo como sujeto de conocimiento", Houellebecq lamenta que haya sido recién a finales del siglo XIX, cuando Schopenhauer no podía saberlo, que las ciudades alcanzaron la belleza suficiente para volverse tan extrañas "como la naturaleza más salvaje".

Más allá de estos fugaces instantes de lucidez crítica, omitir que En presencia de Schopenhauer consiste también en largas transcripciones literales de pasajes del filósofo sería negar que, como anuncia en su prefacio Agathe Novak-Lechevalier, este es un libro interrumpido, ya que Houellebecq optó por concentrarse en la novela El mapa y el territorio, con la que ganaría el Premio Goncourt. De hecho, la transición a la ficción es tan natural que algunos fragmentos sobre la filosofía de la belleza pueden leerse como si esperaran su lugar en cualquiera de sus novelas: "Que un cretino sea incapaz de apreciar la belleza de una sinfonía o un razonamiento sutil es fácil de entender; sorprende más en el caso de una felación, por ejemplo; y, sin embargo, la experiencia lo confirma".

En presencia de Schopenhauer

Por Michel Houellebecq

Anagrama. Trad.: J. Riambau

90 págs./ $ 295

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