Revolución de las formas: claves para entender la obra de Alicia Penalba

La artista en plena producción de Gran doble, la gigantesca escultura instalada en Martigny (Suiza) en 1972
La artista en plena producción de Gran doble, la gigantesca escultura instalada en Martigny (Suiza) en 1972 Crédito: Gentileza Malba
Una selección de cuarenta esculturas protagoniza en el Malba la primera exposición antológica que le dedica un museo argentino
Daniel Gigena
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13 de noviembre de 2016  

Artista reclamada por dos países, la Argentina y Francia, Alicia Penalba (1913-1982) fue una de las escultoras más importantes del siglo pasado. El 4 de noviembre se cumplieron 34 años de su trágica muerte en un accidente automovilístico, junto con su pareja, el fotógrafo, crítico de arte e impulsor de su obra Michel Chilo. Como ambos habían testado en favor del otro, el ex marido de la artista, el dibujante Amadeo Binci, fue declarado heredero de los bienes de Penalba.

El abogado de Binci, Mario Kier Joffé, conservó la documentación que hoy conforma el Archivo Penalba, que aportó datos para la investigación curatorial de la muestra en el Malba, a cargo de Victoria Giraudo, y un conjunto de porcelanas, joyas, tapices, fotos y documentos. Esa documentación también fue fuente del film documental realizado para la muestra por El Pampero Cine y del imperdible catálogo de 275 páginas.

Exilio y memoria

Alicia Penalba. Escultora integra la serie de proyectos de la Sala 3 del Malba, que presenta las producciones de artistas mujeres latinoamericanas. No es su primera muestra en el país, pero sí la primera antológica en un museo argentino.

Cuando Penalba recibió el ofrecimiento de una beca del gobierno francés en 1948, abandonó la vida conyugal; dejó atrás su familia y su país. Fue una de las primeras mujeres afiliadas al Partido Comunista argentino y, en el momento de su partida, desconfiaba de la política cultural del peronismo. Pero no borró las imágenes imponentes de Valparaíso, la Patagonia y Cuyo, donde había vivido durante su juventud hasta los dieciséis años. Se puede medir la influencia que tuvo el paisaje desértico, los acantilados y los valles montañosos en su obra.

Desde París, la artista declinó con estas palabras el ofrecimiento que en 1978 le hizo Víctor Massuh: “Siempre he soñado con realizar una amplia exposición de mi obra en la Argentina, pero no veo que de momento el ambiente en nuestro país sea propicio”.

Realizada en bronce, en 1961, la obra Encantador está incluida en el catálogo de 275 páginas editado por el Malba
Realizada en bronce, en 1961, la obra Encantador está incluida en el catálogo de 275 páginas editado por el Malba Crédito: Gentileza Malba

Una artista de la escala

Un total de 40 piezas configuran apretados grupos escultóricos pertenecientes a diversas épocas de la artista nacida en San Pedro en 1913.

“La exposición está organizada cronológicamente pero con algunas licencias –dice Giraudo-. Intenté agrupar las obras por periodos y por tipologías. En la primera sala hay un bosque de tótems o verticales agrupados en una base y está también el primer Doble de 1959. En la segunda, están las primeras Aladas desde 1958 con Contrapunto, y se incluyen dos Orolirios. También hay dos obras de su serie Caracolas, ya de 1965. En la sala grande, en la base central están las obras por elementos separados que Penalba inicia por 1957 junto con otras de fines de los años 60 y 70.”

En simultáneo, la escultora creó obras colosales y piezas pequeñas, trabajó con toneladas de materia y con fragmentos diminutos, en bronce y en oro. No obstante, sostiene Giraudo, “la esencia de su obra es la misma”. ¿Cuál es esa esencia? “Su obra es bastante singular y fácil de reconocer porque su estilo fue contundente y claro -indica la curadora-. Su obra tiene reminiscencias del mundo natural pero no imita la naturaleza. Es una obra totalmente abstracta en la que Penalba trabaja con volúmenes sobre planos o ejes verticales, horizontales u oblicuos, generando diferentes luces y sombras y movimientos en piezas de equilibrio inestable.”

Es un modo de apreciar el trabajo de la artista que, en palabras de Alejandra Pizarnik –según recordó Laura Isola en la inauguración de la muestra–, “se hizo mediante disciplina y fuerza y vigor y voluntad”.

Totemismo erótico

“Mi época vertical fue dirigida por una necesidad de espiritualizar simbólicamente el erotismo, fuente de toda creación, como el estado más puro y más sagrado de la vida del hombre”, escribió Penalba.

Su trabajo se empalma con un movimiento de renovación de la escultura liberada de la mímesis, del pedestal y del rol de monumento de las obras. Flaco favor se le hace, entonces, al describir como “monumentales” sus grandes volúmenes de bronce y granito que modifican, enriquecen y poetizan el entorno.

Temple de acero

Penalba optó por la abstracción en 1951, pocos años después de instalarse definitivamente en París y al comienzo de sus estudios con el gran artista ruso Ossip Zadkine. En la Argentina había completado su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”, había participado de concursos y muestras colectivas como pintora y, sobre todo, había forjado su temple de acero.

Varias obras suyas guardan relación con el arte primitivo y anónimo que, en los años cincuenta, era muy apreciado por artistas como Pablo Picasso y Alberto Giacometti, a quienes ella conoció en persona. “Llegué a ser una pequeña maestra del arte africano”, declaró Penalba.

Sus figuras totémicas, vaciadas de rasgos humanos, pronto le parecieron solemnes y estáticas y, en los años 60, comenzó a superponer volúmenes horizontales a las piezas verticales. “Las Aladas viven mucho más”, señaló.

Vacío versus espacio

En el Malba se exhibe también un documental de una hora dirigido por Manoel Hayne, con guión de Giraudo. “La entrevista del documental, en la cual Elisa Carricajo hace de Penalba y Mariano Llinás, de entrevistador, fue una compilación de otras entrevistas de la artista, traducidas del francés y guionadas por la curadora –cuenta Hayne-. Trabajamos en el montaje con algo más cinematográfico, insertando fragmentos de Hitchcock y Godard, y música de Bernard Herrmann y Chico Buarque, mezcladas con imágenes del Archivo Penalba. Un gran found footage. La idea era generar atmósferas, ambientes, silencios, bloques de sentido en cada una de las etapas de la artista, y a la vez dar emoción a su historia de vida, a su búsqueda como artista, como mujer. Queríamos hacer de su vida cine, y no un documental aburrido e informativo en una salita oscura.”

Las respuestas de Carricajo-Penalba al entrevistador casi pedante interpretado por Llinás son imperdibles. Un ejemplo: “Comienza a hartarme lo del espacio y la escultura. La gente se cree muy inteligente cuando habla del espacio en la escultura”. ¿Dónde sino en el espacio las esculturas tomarían forma?

Alicia Penalba. Escultora rinde tributo a un factor central del arte moderno: el vacío.

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