Reseña: Una casa llena de gente, de Mariana Sández

Rompecabezas de historias y secretos
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23 de noviembre de 2019  

Una hecatombe se anuncia a las pocas páginas de iniciada Una casa llena de gente, novela de Mariana Sández (Buenos Aires, 1973). Y va a ser Charo Almeida, que de adulta se ha convertido en una exitosa dramaturga, la encargada de reconstruir, a pedido de Leila, su madre, traductora y escritora frustrada ya fallecida, la historia de los habitantes del edificio donde transcurrió su infancia. Leila le ha dejado material para que arme el rompecabezas de esos turbulentos años: fotos, videos y una carta con instrucciones son los elementos con los que cuenta Charo para echar luz sobre los recuerdos de esa época. A todo eso, se van a sumar las voces de los distintos protagonistas, quienes van a aportar sus vivencias sobre lo sucedido en aquel tiempo.

La obra está dividida en cinco partes. La primera, "Cimientos", cuenta la mudanza al edificio y el reconocimiento entre los habitantes. "Andamiajes" construye las relaciones entre los personajes. "Exteriores" narra momentos compartidos por todos los habitantes en el jardín común. "Interiores", el repliegue de todos los personajes después del escándalo. La última, "Escombros y reconstrucción", se centra en las secuelas en la vida de los personajes. Cada una de estas partes rinde sagazmente cuenta del estado en que se encuentran las relaciones entre la familia Almeida y el resto de los vecinos, dominadas por un constante in crescendo en la tensión de los vínculos. Así, de a poco, se irán explicando y entendiendo los vaivenes anímicos de Leila, los exabruptos de su amiga Gloria, la complicidad de Martín, marido de Gloria, con Leila, urdida a través de los libros que comparten. Todo envuelto en secretos, ocultamientos y misterios sobre lo que no se dice, pero que todos suponen que sucede.

Fuente: LA NACION

Uno de los personajes, se lee, tiene "un bisturí increíble para las disecciones humanas". Es precisamente esta el arma que la autora empuña con mayor destreza para calar con un lenguaje filoso e incisivo en las miserias, las debilidades, las vergüenzas y las culpas con las que carga cada uno de los habitantes del edificio que figura en la novela. El principal y más sutil morador, de todos modos, es aquel que Leila define poéticamente y para quien "la única casa llena de gente que vale la pena es la literatura".

UNA CASA LLENA DE GENTE

Por Mariana Sández

Cia. Naviera Ilimitada. 264 páginas. $ 690

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