Crisis. Cuando es necesario sacar fuerzas de la debilidad

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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3 de octubre de 2019  • 00:30

Todos tenemos una caja de recursos extraordinarios que utilizamos siempre en situaciones de crisis. Muchas veces en momentos difíciles perdemos de vista dichos recursos. ¿Qué deberíamos hacer frente a una crisis? Quisiera compartir con los lectores algunas ideas al respecto:

1. Pensar hacia atrás

Es decir: "¿Qué crisis similar a esta de hoy he atravesado en el pasado?". Algunos, por ejemplo, dirán: "Perdí el trabajo". Lo importante es traer a nuestra mente otra situación parecida que hayamos atravesado. Todos hemos vivido historias difíciles y las hemos superado. La segunda pregunta a formularnos es: "¿Qué hice para atravesar esa crisis?". Así, de pronto, uno comienza a identificar acciones positivas, como "me anclé en mis hijos", "me rodeé de gente positiva", "me prioricé", etc. Esos son los recursos que utilizamos en el pasado. Y una tercera pregunta que podemos hacer es: "¿Cómo podría utilizar esos recursos en mi crisis actual?".

Cuando uno reflexiona hacia atrás en busca de su "currículum de medallas ganadas", se ubica en las victorias del pasado. Es importante pararse en el hecho de que atravesamos una crisis y la superamos utilizando nuestras fortalezas. Reconocer esas herramientas nos ayuda a reflexionar para atravesar la crisis en el presente.

2. Construir válvulas de escape saludables

Cuando estamos atravesando una crisis específica, por ejemplo la "crisis del cuidador" (cuidar a una mamá o a un papá ancianos con una determinada enfermedad), necesitamos disponer de una dosis mayor de atención y disponibilidad a fin de poder brindarlas. Entonces, ¿cómo cuidamos al que cuida? ¿Qué deberíamos hacer cuando estamos bajo situaciones con un alto nivel de estrés? Construir válvulas de escape saludables. Con esto nos referimos a abrir espacios donde podamos recibir un suministro de energía y de vida. Puede ser un pasatiempo, una salida con amigos, la lectura, la vida espiritual, etc. Dichos espacios, que pueden ir desde actividades trascendentes hasta pequeños momentos de satisfacción, nos permiten recargar energía para poder emplearla luego en la circunstancia difícil que estamos experimentando.

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Muchas veces, frente a una crisis, cerramos las válvulas que nos ayudan a "escapar" sanamente de la situación y decimos: "No tengo ganas de salir, o de hacer ejercicio, o de distraerme". Y es justamente cuando más tenemos que cercar esos espacios y mantenerlos como un medio para cargar energía.

3. Refugiarnos en los "amigos pararrayos"

En el transcurso de la vida se van acumulando diferentes clases de crisis. Existen las crisis evolutivas: casarse, tener un hijo, separarse, jubilarse, etc. Son crisis normales y universales. Luego, están las crisis accidentales que son sucesos imprevistos y de diferente magnitud: un artefacto del hogar que se descompone, un accidente, una enfermedad, etc. Y también existen las crisis estructurales que son provocadas por la exacerbación del propio carácter y las crisis de cuidado que tienen lugar, como mencionamos, cuando alguien cercano necesita cuidado permanente. Los amigos pararrayos son esas personas a las que podemos acudir y contarles lo que nos sucede y llevan "a tierra" todas nuestras angustias y nuestros malestares generales. No se trata de familiares sino de buenos amigos o personas en espacios terapéuticos con quienes podemos compartir nuestras vivencias.

4. Construir esperanza

La crisis a menudo genera una distorsión y tenemos la sensación de que nunca terminará. Pero nada malo dura para siempre. Por eso, recordar que nuestra crisis tiene fecha de vencimiento (como se dice popularmente, "esto también pasará") nos trae alivio. Sin embargo, no solamente debemos pensar de este modo sino además construir esperanza. Es decir, nunca perder la capacidad de soñar. La crisis nos suele introducir en el cortoplacismo y nos hace pensar únicamente en el aquí y el ahora, olvidándonos de construir esperanza. Pero cuando uno sigue soñando y construyendo hacia delante, cuando nuestro mañana es más grande que nuestro presente, nos llenamos de motivación. Entonces hallamos un motivo, un aliciente que nos ayuda a accionar.

En una típica crisis producto de un divorcio, la persona atraviesa emociones como enojo y tristeza, por la pérdida del ideal, y puede quedar anclado en un eterno presente de angustia. Pero, si lentamente logra ir construyendo un futuro mejor, creyendo que una puerta cerrada abrirá otra puerta mejor, esa esperanza inteligente le permite seguir caminando hacia adelante.

5. Transformar lo negativo en crecimiento

La psicología en los últimos años ha investigado el concepto de resiliencia, el cual ya es conocido por casi todos. No solo tenemos la capacidad de regresar a nuestro estado original (de "rebotar"), sino también de experimentar lo que se conoce como "crecimiento postraumático". Esto implica que, después de la crisis y el trauma que vivimos, no solo recuperamos nuestro nivel original sino que además construimos crecimiento hacia adelante. La posibilidad de transformar lo negativo en aprendizaje, de obtener alguna enseñanza de ello, es lo que nos permite resolver los momentos difíciles y construir un futuro mejor.

En última instancia, de eso se trata la vida. Los seres humanos portamos un cartel invisible que dice: "Estoy en construcción". El proceso de aprendizaje es algo que nos acompaña a lo largo de toda la vida y determinarnos a disfrutarlo nos lleva a seguir creciendo y a convertirnos en personas resilientes.

Conclusión

Nadie escapa de las crisis. Todos las atravesamos en algún momento, nos guste o no. Pero como decía el apóstol Pablo en esta magnífica frase: "Todos podemos sacar fuerzas de la debilidad". Esto es posible cuando somos conscientes de que todos debemos atravesar estas cuatro crisis mencionadas pero, al mismo tiempo, todos tenemos la capacidad de recuperarnos, seguir creciendo y llevar esperanza a las nuevas generaciones.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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