Sátira sobre la agonía del eros
Sobre Eres hermosa, de Chuck Palahniuk
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Lo que Chuck Palahniuk (Washington, 1962) logró con la novela El club de la pelea, los cuentos (disfrazados de novela) de Fantasmas y los artículos recopilados en Error humano muestra un talento apto para todo tipo de prosa. Pero en algún momento, que los lectores fieles tal vez sintonicen entre novelas como Snuff y Pigmeo, algo quedó interrumpido. De hecho, después de fiascos recientes como Condenada y manotazos nostálgicos como El club de la pelea 2 (ahora en versión de “novela gráfica”), Eres hermosa subraya la percepción de que Palahniuk insiste en hacer covers de sus propias novelas; es decir, repeticiones esquemáticas de lo mismo.
Tal vez no sea un error decir que, a lo largo de toda su carrera, un escritor trabaja uno o dos temas, pero ahí es donde la nueva novela pisa en falso otra vez. Porque Eres hermosa, con el humor y el estilo habituales, no vuelve al sexo, a la fama o a la violencia –que es, con la locura, el índice temático completo de los libros de Palahniuk–, sino que los calca sobre una escenografía que en otras oportunidades fue la pornografía o el espionaje y en este caso es la industria de los juguetes sexuales.
Ambientada entre Manhattan y el Himalaya, la excusa novelística es el encuentro accidental entre una torpe abogada feminista de veinticinco años, Penny, y “el mayor megamultimillonario del mundo”, C. Linus Maxwell, apodado “C. Li. Max.” (o “Gran Clímax”, para la prensa amarilla). A partir de ahí, Palahniuk avanza por medio de su recurso predilecto: la hipérbole. Y en lo que por momentos amenaza con ser una parodia de Cincuenta sombras de Grey, Linus Maxwell transforma a la ingenua Penny en su nuevo proyecto erótico, apenas después de interrumpir su vínculo con Alouette D’Ambrosia, “ganadora en seis ocasiones de la Palma de Oro de Cannes y cuatro Oscars” y su última pareja, después de un afamado vínculo con la presidenta de Estados Unidos y con la reina de Inglaterra.
El “mayor megamultimillonario del mundo” inicia entonces sus exóticos experimentos sobre las cavidades de Penny, quien se presta al juego convencida de que eso va a ayudarla a “reclamar un poder y una autoridad que trascendiera los roles de género”. Pero entre orgasmos fabulosos y oleadas escalofriantes de placer, supervisadas en las mismas condiciones de un laboratorio, el verdadero objetivo de Linus Maxwell queda pronto revelado. ¿Y si el placer sexual femenino más intenso pudiera convertirse en un producto a la venta en cualquier góndola? ¿En qué se transformaría un mundo en el que, como dice Penny, “hasta el último detalle del aspecto de una mujer era una demostración de estatus”, si el placer pudiera comprarse en lugar de merecerse?
El problema, sin embargo, emerge en ese punto. Porque ante las preguntas que podrían darle sentido al núcleo esencial de Eres hermosa –y que se revelan en la página cien de una novela con más del doble–, Palahniuk lo abandona todo para transformar “un mundo de penes furiosos y obsoletos” en una sucesión caótica de peripecias ridículas. Y entonces, siguiendo la única salvación posible para las mujeres que “en vez de elegir entre ser putas o santas, se convertían en célibes que se tocaban todo el tiempo”, Penny viaja al Himalaya. Suspendidas en la neblina, mientras tanto, quedan apenas esbozadas las cuestiones más interesantes a las que Eres hermosa se acerca, y que van desde las contradicciones del sexismo contemporáneo hasta el adormecimiento general del deseo en términos parecidos a los que señalan filósofos como Byung-Chul Han al hablar de una “agonía del eros”.
¿Pereza intelectual? ¿Agotamiento estético? ¿Comodidad literaria? ¿Oportunidad perdida? Para quien desconozca la literatura de Palahniuk, mientras tanto, Eres hermosa es una excelente introducción al resto. Pero para quien conozca la obra, resulta otra tibia y masticada porción de lo mismo.
ERES HERMOSA
Por Chuck Palahniuk
Random House
Trad.: Javier Calvo
247 páginas
$ 259








