Scioli, el matungo
"Scioli es un matungo para gobernar, pero muy hábil para comunicar"
(Del intendente de San Isidro, Gustavo Posse)
Para el intendente de San Isidro, el ex radical, ex radical K, aliado macrista y actual massista Gustavo Posee, Daniel Scioli es un caballo con escasas cualidades físicas: un matungo. No obstante, reconoce al gobernador de su provincia otro tipo de "habilidades", como la profusa comunicación que hace de su gestión, montada básicamente en los miles de millones de pesos para propaganda esquilmados del presupuesto que anualmente financian todos los bonaerenses.
Más allá de si se trató de un elogio o de todo lo contrario, no deja de llamar la atención la atracción que ejerce entre nosotros llamar a los dirigentes políticos con apodos tomados del reino animal.
Hoy nos invaden los "pingüinos" santacruceños nacidos a la sombra de Néstor Kirchner, a quien también se lo llamaba "lupo", que si bien refería a la famosa historieta de un piloto de nombre Lupín y de gran parecido físico con el ex presidente, también significa "lobo" en italiano.
A Ricardo López Murphy se lo llama Bulldog por su habitual gesto, entre enojado y amenazante, apodo que supo capitalizar en afiches de campaña; Alvaro Alsogaray fue "chancho", muy a su pesar, y Oscar Alende, "bisonte".
Obviamente que no todos los apodos eran festejados por quienes los portaban. Algunos fueron crueles y otros tantos, injustificados.
La forma de los bigotes de Juan Carlos Onganía llevó a que se lo bautizara como "la morsa"; Arturo Illia fue "tortuga" para quienes criticaban la supuesta lentitud de su gobierno, y el almirante Isaac Rojas, de corta estatura y habituales lentes de sol, "la hormiga negra".
Edelmiro Farrell fue "el mono"; Lisandro de la Torre, "gato amarillo" e Hipólito Yrigoyen "el peludo", mientras que a José Evaristo Uriburu le decían "lechuza", y "pavo", a Luis Sáenz Peña. "Zorro" fue el animal elegido para comparar a Julio Argentino Roca, mientras que a Nicolás Avellaneda le adosaron "chingolo".
También hubo un "sapo" (Bernardino Rivadavia), varios "tigres" (Facundo Quiroga y Justo José de Urquiza) y un "burrito cordobés" (Miguel Juárez Celman).
Producto del ingenio popular o del revanchismo político, los apodos se han ganado un lugar en la historia. Hoy por hoy, para el Gobierno todos sus críticos son "gorilas". ¿Y la Argentina? Casi con seguridad: "El planeta de los simios".









