Si los ciudadanos acatamos, el Presidente debería rendir cuentas

Sandra Choroszczucha
Sandra Choroszczucha PARA LA NACION
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19 de julio de 2020  • 20:07

El gobierno de Alberto Fernández comenzó su gestión en medio de graves problemas en varios frentes: una tremenda crisis económica y financiera, un índice de pobreza lastimoso y el inicio de una pandemia por coronavirus.

Los ciudadanos argentinos, en su enorme mayoría, acompañaron al Gobierno en todas sus decisiones y respetaron sus órdenes. Así, padecimos cuatro meses de cuarentena obligatoria y muy estricta para un enorme sector de la población, y aislamientos sociales con mayores flexibilizaciones para provincias y localidades del interior del país, que fueron y siguen administrando sus confinamientos y aperturas. Y así seguimos transitando un camino que por momentos se vislumbra interminable y plagado de crecientes preocupaciones, porque la necesidad de flexibilizar una cuarentena tan estricta en la zona que concentra casi la mitad de la población argentina, se estaría efectuando al mismo tiempo que el virus sigue escalando y crece la cantidad de contagiados y fallecidos.

La apuesta de máxima, o como gusta decir el presidente Fernández, "el único remedio", de su gobierno de científicos, para poder enfrentar al coronavirus, es la cuarentena. Muchos ciudadanos y una importante cantidad de dirigentes políticos no acuerdan con que esta sea la única forma de enfrentar un flagelo sanitario, que debe ser encarado con enorme seriedad, pero que podría haber sido atendido desde el comienzo, contemplando varios frentes. El preocupante retraso del gobierno de científicos en admitir que los testeos masivos eran imprescindibles en los mayores epicentros de contagios, apenas comenzó a molestarnos nuestro "enemigo silencioso", complicó bastante el escenario crítico, que tanto se pretendió y se pretende controlar.

En este estado de situación, cabe destacar que el compromiso ciudadano, que el acatamiento y la disciplina de los argentinos fueron ejemplares, según afirmaciones del mismo Presidente en cada conferencia de prensa. Fernández nos indicó con rigor que nos confinemos de un modo sumamente estricto y lo hicimos. Y cuando tuvimos que realizar diligencias u ocuparnos de tareas impostergables, hemos tramitado permisos y más permisos, y nos hemos puesto tapabocas al salir de nuestras casas, y hemos mantenido los metros de distancia que nos indican, y hemos sufrido la paralización de la actividad económica que devastó nuestras economías domésticas, y no abrazamos a nuestros padres y abuelos hace cuatro meses. La mayoría de los argentinos cumplió con lo indicado por el gobierno desde el día 20 de marzo de 2020.

Del mismo modo que los ciudadanos hemos cumplido, demostrado que las indicaciones y órdenes del Presidente debían asumirse con responsabilidad y obligatoriedad, gran cantidad de ciudadanos pretendemos que el Presidente de los argentinos rinda cuentas y se exprese sobre cuestiones de extrema gravedad institucional y ética, mientras seguimos conviviendo con el coronavirus; porque hay un mundo más allá del coronavirus, y ese mundo es el que viene destrozando la matriz económica y social de la Argentina hace décadas.

En su discurso de asunción, Fernández pronunció con mucho entusiasmo que la transparencia y la honestidad acompañarían su gestión de principio a fin. Sin embargo, mientras un virus ingresó al país para trastornar nuestras vidas, pasaron algunas cosas, que al presidente le preocupaban mucho y que aparentemente dejaron de preocuparle.

Así se pronunciaba Alberto Fernández en 2014: "Creo que Cristina va a dejar su gobierno con dos máculas indudables, que es el haber hecho dictar dos leyes para protegerse penalmente de dos delitos cometidos, el primero el encubrimiento a Boudou estatizando Ciccone, y el segundo el encubrimiento al haber hecho aprobar por ley el tratado con Irán, que es definitivamente un acto de encubrimiento, el delito comenzó a ejecutarse con la firma del convenio..." Continuó el presidente pronunciado en esos años: "Hoy en día en el peronismo. lo que más se valora y lo que más se premia es la obediencia, y como la verdad siempre me costó ser muy obediente de lo irracional no creo que me tengan a mí de ese lado". Estas palabras las pronunció Alberto Fernández exactamente en marzo de 2014, y cómo su visión de futuro falló muchísimo, actualmente ocupa el cargo de Presidente, acompañado por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Sobre las dos máculas que tanto lo indignaban a Fernández, podemos concluir que Boudou hoy se encuentra libre y ya se confirmó que la Anses habilitó el pago de su pensión vitalicia que ronda los $420.000 mensuales. Respecto al encubrimiento en torno al tratado con Irán, el presidente, en el marco del 26 aniversario del ataque a la AMIA, se pronunció en una charla con el American Jewish Committee justificando el pacto con Irán. "Cuando se buscó un acuerdo, que yo critiqué mucho, en el fondo fue un intento de destrabar y encontrar una solución", dijo. De este modo, en tan solo seis años, el memorándum con Irán, pasó de ser la mayor evidencia de un concreto delito de encubrimiento a un oportuno intento de encontrar una solución.

La mayoría de los argentinos cumplieron con sus deberes desde que el Gobierno asumió en funciones y rindieron cuentas durante cuatro meses sobre cada paso dado y no dado en el marco de la pandemia. El interrogante hacia el Presidente, es si los ciudadanos argentinos solo deben asumir deberes o también cuentan con derechos, como el derecho a que el jefe de Estado rinda cuentas a una ciudadanía que se encuentra absolutamente confundida por dichos y contradichos, con marchas y contramarchas, sobre temas de extrema sensibilidad y gravedad. Porque esas dos máculas a las cuales se refirió Alberto Fernández con tanto ahínco pocos años atrás, junto a otras acciones de impunidad que siguen transcurriendo durante su gobierno, son las que profundizan hace décadas la matriz de corrupción y un pisoteo a las instituciones en Argentina. Y cuando el virus pase, porque pasará, este otro y terrible flagelo que no nos permite vivir en una república honesta, seguirá marcando funestamente nuestro destino, Muchos seguimos esperando explicaciones.

Politóloga y Profesora (UBA)

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