Steve Bannon, ¿la conciencia de Donald Trump?

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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16 de febrero de 2017  • 01:55

Un importante pero fuertemente controvertido asesor-confidente del presidente Donald Trump, Steve Bannon, de 62 años de edad, está siendo objeto de comentarios preocupados desde los principales medios norteamericanos. Especialmente desde las columnas del influyente Washington Post. Quizás molesto por esto, Steve Bannon se refiere a los medios de prensa con una cuota de sarcasmo, llamándolos colectivamente: “el partido de oposición”. Admirador de Ronald Reagan, ha sido muy crítico de Jimmy Carter.

Lo cierto es que la atención sobre el actuar de Steve Bannon es constante. Muy particularmente desde que, rompiendo con la tradición, Donald Trump lo designara como miembro “de hecho” del poderoso Consejo Nacional de Seguridad, el organismo encargado nada menos que del diseño de las pautas a seguirse en materia de seguridad nacional y de las líneas gruesas de la política exterior cuyos miembros requieren confirmación senatorial, a cuyas reuniones Bannon deberá sin embargo concurrir siempre, en carácter de “invitado permanente”. Con su ingreso, el presidente Trump desplazó, sin dudar, nada menos que al Director Nacional de Inteligencia y al Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

Para Bannon, los EE.UU. están ya frente a la que denomina una “guerra existencial” contra los islamistas

Por un par de años, la opinión de Steve Bannon se propagó por radio desde un programa político denominado “Breitbart News Daily” en el que participara, liderándolo hasta agosto de 2016.

Para Bannon, los EE.UU. están ya frente a la que denomina una “guerra existencial” contra los islamistas, que –según él- habrían presuntamente infiltrado a la administración de Barack Obama y a los medios de comunicación. Ella enfrentaría a la civilización judeo-cristiana con el Islam. Hoy, cabe recordar, viven en los EEUU unos 3,3 millones de musulmanes, con una corriente inmigratoria del orden de los 100.000 musulmanes por año.

A lo que Bannon agrega una profecía adicional, la de una posible guerra de su país contra China que, sostiene, podría llegar a suceder en los próximos cinco o diez años como consecuencia del creciente expansionismo chino en el Mar del Sur de China, que el país asiático considera como territorio propio y que ha estado militarizando aceleradamente.

Tras su salida del referido programa radial, Bannon fue designado como el principal responsable de la conducción de la campaña electoral de Donald Trump hasta que, una vez electo, el presidente norteamericano lo nombrara a cargo del diseño e implementación de la línea estratégica de su gobierno.

Bannon participó recientemente del “equipo chico” que fuera responsable del diluvio de “órdenes ejecutivas” -una suerte de decretos- emanado de la nueva administración en los primeros días de su gobierno. Incluyendo la suspensión temporal del acceso a los EEUU de los ciudadanos de los siete países musulmanes a los que se considera como preocupantes, por lo que se los incluyó una lista prohibitiva provisoria especial.

Bannon agrega una profecía adicional: la de una posible guerra de su país contra China

Bannon es un ex oficial superior de la Armada norteamericana y un ex cineasta. Además, es un excelente ex alumno de las universidades de Georgetown y Harvard. Se hizo rico como socio de Goldman Sachs, firma de la que se retiró para dedicarse a la política como un radicalizado “conservador-nacionalista”, profundamente “anti-globalista”.

Para muchos, Bannon es la persona con más impacto e influencia actual sobre el presidente Donald Trump, que ciertamente lo mantiene siempre en su cercanía. Para otros, es bastante más que esto. Es nada menos que “la conciencia de Trump”. Inaccesible y sin necesidad de rendir formalmente cuenta de sus asesoramientos estratégicos se ha transformado en una pieza clave de la administración del presidente Trump.

Bannon ha participado -y seguirá participando- en los temas probablemente más delicados de la agenda presidencial. Entre ellos, en el rediseño de una política comercial externa, con la que se está abandonando el multilateralismo, volcando a los EEUU hacia el bilateralismo, donde se presume que el peso relativo y la influencia norteamericanos serán siempre significativamente mayores. También participó en la estructuración de la restrictiva política migratoria ya desplegada respecto del mundo musulmán.

Bannon se compara a sí mismo, por el rol que cree jugar en la actual administración norteamericana, con el influyente Thomas Cromwell, en tiempos de los Tudor. Pero nunca menciona el final de Cromwell, cuando Enrique VIII lo mandara ejecutar.

Se declara enemigo del “establishment”, al que suele denominar: “el partido de Davos”. No es ni un Grigori Rasputin ni, menos aún, una suerte de José López Rega. Es un hombre inteligente, estudioso, ambicioso, audaz y bien tenaz. Con una concepción bastante tremendista del futuro inmediato del mundo en el que el todos vivimos. Al que la líder de la minoría demócrata de la Cámara Baja del Congreso norteamericano, Nanci Pelosi, califica de partidario de la “supremacía blanca”, una forma de racismo.

Iconoclasta, Bannon cree que ha llegado el tiempo de transformaciones que supone ineludibles para su país. Su camino es siempre acción. Caiga quien caiga. Por esto, acostumbrado a la confrontación, parecería no asignar importancia a la labor de persuasión que se requiere en tiempos de cambios, cuando se espera que las mayorías los acompañen.

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