Tras las huellas de un arquetipo inalcanzable

Pasaje al acto
Pasaje al acto
Daniel Gigena
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22 de febrero de 2020  

Luego de que su madre la rescata de un nuevo intento de suicidio, una mujer joven ingresa a una clínica psiquiátrica. La protagonista de Pasaje al acto , segunda novela de Virginia Cosin (Caracas, 1973), es hija de una actriz y de un director de cine y parece cargar con los guiones de la clase media ilustrada: debe destacarse, ser alguien en la vida o por lo menos hacer algo con ella. Hasta ahora, consciente de su atractivo, solamente se ha dejado querer por los hombres con los que se cruzó (excepto, quizás, su padre). Fue amante de sus jefes (de un hombre casado, en una agencia de publicidad; de un director de cine (el personaje responde al perfil de un realizador argentino que tuvo su momento de gloria en los años 90); esposa de un profesor de filosofía, "esclava" erótica de un joven aprendiz del Marqués de Sade. En su historia no falta la escena de una cuasi violación, llevada a cabo por el hijo de su padrastro: "¿Había sido él? ¿Había sido yo? Me excitaba ser la poseedora de esa clase de poder. El poder de atraer. De gustar. Más todavía si estaba prohibido". Es posible leer Pasaje al acto como el informe clínico de los efectos que produce la desintegración de ese poder.

En el psiquiátrico, donde hay una biblioteca modesta, la protagonista decide releer Madame Bovary , clásico de la locura que provoca el deseo mimético. Como le pasaba a Emma, para la suicida fallida el amor "había sido, durante algún tiempo, un lugar cálido" que luego se convierte en una cárcel estrecha. De esa trampa, ella intentará salir mediante la escritura. Con esta terapia narrativa, Cosin hilvana una serie de recuerdos personales de la protagonista (que por momentos se vuelve abrumadora y redundante) con reflexiones in situ sobre el lenguaje, las palabras y la escritura. "Saco recuerdos de la galera como pañuelos de colores anudados, pero la verdad está en la parte que el nudo oculta". La forma de la novela rehace el aliento angustiado de la protagonista que, a duras penas, sobrevive en el tiempo sin tiempo de la clínica psiquiátrica, entre dosis de pastillas, películas insulsas proyectadas en el televisor de la sala común, visitas de familiares y sesiones conducidas por el Doctor, otro hombre al que intentará seducir, esta vez de modo grotesco. Mientras tanto, con su pose de Ofelia flotando en el río, pero aún viva, escribe en sus cuadernos como si estos fueran tablas de salvación de ella misma y de la otra que la habita.

PASAJE AL ACTO. Virginia Cosin, Entropía

124 páginas

$ 550

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