Un cálculo de la inflación de los últimos 80 años

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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9 de octubre de 2019  • 00:51

La inflación de los últimos 80 años ha sido de 249.723, 3 millones de millones porcentuales, es decir, la espantosa suma de 55,8 % promedio anual para este largo período, cercano a un siglo, contando que hemos tenido años con hiperinflación y otros con cero de inflación, como en algunos años de la convertibilidad. Para este ejercicio de 2019 estimamos que la inflación será de algo más de 50 % anual.

¿A qué se debe esta terrible dosis de inflación de los últimos 80 años? Básicamente, al exceso de gasto público consolidado, incluyendo Nación, provincias y municipalidades y todo tipo de gastos, ya sea en personal, jubilaciones, planes, inversiones y demás gastos corrientes de capital e intereses. Es cierto que en 1939 se inició la inflación por los problemas de abastecimiento derivados de la Segunda Guerra Mundial, pero luego se recurrió al exceso de gasto público en forma permanente, como política oficial, sólo exceptuado en algunos años.

Estos gastos no han sido financiados con ingresos genuinos y se recurrió a la emisión de dinero en forma permanente para cubrir el déficit fiscal, salvo años especiales en los que hubo un equilibrio de las cuentas públicas, aunque visto desde la perspectiva histórica, eso fue circunstancial. Este proceso hizo disminuir la credibilidad en nuestra moneda y la población, frente a este permanente desgaste del valor de la moneda propia, recurrió a la demanda de dólares como forma de mantener un ahorro genuino, aunque no desde el principio, pero sí desde hace muchos años.

¿A cuánto llega el dinero acumulado en el exterior? Si bien es difícil medirlo, el Banco Central hace sus propias cuentas a lo que hay que agregar la sobre o sub facturación de exportaciones e importaciones de bienes y servicios, con lo que en 2019 lo estimamos en aproximadamente un PIB, es decir, alrededor de u$s 450.000 millones. Es un número muy grande, muy superior al de los diferentes países, aun cuando cuenten con muchas inversiones en el exterior.

¿Qué podemos hacer? Tenemos que eliminar la inflación permanente en forma definitiva y no volver más a ella. No es cuestión de tener algún año sin déficit, sino que hay que mirar el gasto consolidado sustentable con impuestos normales y llegar a ese nivel en forma permanente.

Para ello hay que equilibrar el gasto público consolidado en alrededor de u$s 120.000 millones que, como hemos dicho, es el número financiable en forma consolidada con impuestos normales. Dicho gasto público consolidado llegó a u$s 300.000 millones en varios de los últimos años, incluyendo 2015 y lo mismo en años posteriores.

Para el presente ejercicio 2019, dicho gasto público consolidado se estima que ha tenido una reducción importante en dólares por la gran devaluación que ha ocurrido con el peso respecto del dólar u otras divisas, que hace llegar a ese gasto público consolidado a alrededor de u$s 180.000 millones en el presente ejercicio. Este nivel es estimado, sobre la base de proyecciones realistas, pero aún está muy lejos de llegar al valor sostenible con impuestos normales. Se debe observar en qué se disminuyó el gasto público, pues la mayoría puede estimarse por licuación de los gastos, pero sin cambios en la cantidad de empleados, jubilados y planes.

¿Cuál es nuestra solución para ser un país que tenga una inflación como el promedio internacional? Eliminar la inflación de 249.000 millones de millones en los últimos 80 años y pasar a tener "cero de inflación" o, a lo sumo, el promedio anual internacional que es de 2 % de crecimiento de los precios al consumidor. Sin esto no seremos nunca un país con perspectivas de desarrollo económico. Esto ocurrirá aunque tengamos los yacimientos de gas y petróleo no tradicionales de Vaca Muerta y la famosa Pampa húmeda que este año dio la mayor producción agrícola de toda la historia argentina, con 142 millones de toneladas. Nuestro problema es institucional y se llama inflación y la inflación trae inevitablemente pobreza y desempleo.

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