Un intelectual ante el poder
Sobre ECHEVERRÍA, de Martín Caparrós
1 minuto de lectura'
A comienzos del siglo XIX, el movimiento romántico europeo opuso su búsqueda de lo sublime a la organización racional del mundo y enfrentó el crudo orden científico –que empezaba a definir a la modernidad– con la interrogación de sentidos más allá de lo mundano. Entre sus gendarmes, los poetas estaban llamados al papel esencial: su sensibilidad para intuir el otro lado de la vida y expresar eso que los científicos y los enciclopedistas preferían dejar de lado podía inaugurar horizontes nuevos para la humanidad.
Pero cuando en 1830 Esteban Echeverría desembarca en Buenos Aires, tras una temporada en París, las cosas son distintas. Entre sus compatriotas la modernidad es menos que una idea flotando en ciertos libros –que pocos pueden leer– y cualquier sospecha de vivir bajo la tiranía de la razón se desvanece entre los ranchos, el barro, los olores y, sobre todo, el goce sensualista de la “Aldea alborotada” bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas. En ese escenario, el Echeverría que retrata Martín Caparrós se propone –con entusiasmo, con miedo– “hacer mis libros para que mis libros hagan un país”. ¿Pero cómo expresar algo que acaba de formarse y no logra consensuar su identidad? Y más aún, ¿quién, entre sables y batallas, unitarios y federales, generales y abogados, bárbaros y civilizados, está dispuesto a delegar esa tarea en un poeta?
Entre la biografía novelada del fundador de la literatura argentina, conflictuado por “escribir cuando no hay palabras previas, cuando todo está por hacerse”, y el problema –no menos fundacional– de cómo esa literatura se imagina sometida por la política (o capaz de someterla), Echeverría es también un ensayo sobre los intelectuales ante el poder y una reflexión sobre el lugar que el propio Caparrós asigna a esas cuestiones en su trabajo. Como si se tratara del aguerrido poeta ruso Eduard Limónov en manos del francés Emmanuel Carrère (en Limónov), el delicado poeta Esteban Echeverría en manos de Caparrós es también un personaje sumergido en coordenadas sociales y culturales que, lejos de disolverse, se reflejan en el presente de manera tal que ni el autor puede permanecer en silencio mientras escribe.
Caparrós reaviva así una literatura que, igual que la de Jorge Asís –aunque sería cómodo agotar el asunto en un recorte generacional–, opta todavía por no esconderse en las facilidades del costumbrismo miserabilista ni en las sutilezas del preciosismo teórico para discutir cómo la política diseña su propia imaginación de lo público. Después de Los Living (2011), donde una especie de Tristram Shandy argentino cruza la historia desde el día de la muerte de Perón hasta el menemismo, y Comí (2013), donde una colonoscopia sirve de excusa para una introspección autobiográfica centrada en el cuerpo y la vejez, Echeverría –con un poeta que no sólo por elegancia romántica padece un corazón débil– puede leerse como la síntesis de una inquietud común alrededor de ser “alguien que no era otra cosa, que era solamente lo que era, un escritor”. Pero ¿qué significa ser un escritor cuando “inscribir su nombre en el registro noble de los argentinos” significa subordinarse o rebelarse ante “la gloria y los patacones” de poderes como el de Rosas o Perón (o Kirchner o Macri)?
Educado en el Colegio Nacional de Buenos Aires (por entonces llamado Colegio de Ciencias Morales), formado en París y convencido de que la literatura puede representar también en la Argentina un “espíritu de debate constructivo” que altere lo político, Echeverría conversa, sufre y resiste entre amigos como Juan María Gutiérrez y Juan Bautista Alberdi, publica La cautiva e inaugura nuestra literatura, se reencuentra con la infancia en “la pequeña república” de “El matadero”, planifica un país en “la felicidad del espejismo” del Salón Literario, padece a Sarmiento y se acuesta con una esclava que podría ser (o no) su medio hermana.
Hasta el final, el Echeverría de Caparrós –y Caparrós a solas, desde España, donde reside hoy– se mira entre espantado y masoquista ante una sociedad que no encuentra prioritarias ni las luces de la razón ni las causas románticas del espíritu pero que se presta a ser pensada, discutida y repudiada con todo el talento de Echeverría, una de las novelas del año.
ECHEVERRÍA
Por Martín Caparrós
Anagrama
365 páginas
$ 375





