Reseña: Vikinga bonsái, de Ana Ojeda

Verónica Boix
Verónica Boix PARA LA NACION
Una novela libre y sin domesticar
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19 de octubre de 2019  

Si la lengua es la patria, como se suele decir, Ana Ojeda (Buenos Aires, 1979) se arriesga en Vikinga Bonsái a cruzar sus fronteras valiéndose de las jergas actuales, el lenguaje inclusivo y los hashtags, como si quisiera fundar el territorio sonoro de nuestra vida contemporánea.

Lo único simple de la novela es el argumento: la protagonista, Vikinga Bonsái, convive con Maridito, que viaja durante una semana a la selva paraguaya. Durante esos días ella cuida a su hijo Pequeña Montaña, va en bicicleta del trabajo a su casa y organiza una cena con un grupo de amigas. Pero esa noche la trama vira hacia la tragedia, una situación límite que precipita el tiempo en una sucesión de hechos por momentos dramáticos, por momentos desopilantes.

Más allá del escenario porteño y cotidiano, las primeras páginas producen el efecto de despertar en medio de una tribu exótica. Ya desde el comienzo los nombres de los personajes, cercanos a los nicknames en redes sociales, son la clave de una sintaxis dislocada en la que se adivina un oído alerta para fusionar el lunfardo, el lenguaje inclusivo, las derivaciones dialectales del italiano, los neologismos y los eslóganes publicitarios. La diversidad de voces y el vértigo del lenguaje captura la red afectiva que las amigas tejen para sostener la crianza de los hijos, el trabajo y sus vidas sociales en medio del caos.

No es la primera vez que Ojeda explora los límites de la lengua. Sus libros previos ( No es lo que pensás y los cuentos de Necias y nercias) reflejan una búsqueda que se rebela contra toda imposición para encontrar la libertad de un lenguaje vivo. Baste un fragmento para comprender la dimensión de la aventura: "Fruta jugosa la gente. Tipo manzana Moño Azul: tres te hacen un kilo, pequeños monolitos brillantes, de un rojo encerado, muy duras prometen sabor delicioso, jugo dulce que escurre mentón abajo. Provocan paladar, pulidas, papilas. Belleza de bodegón en frutería barrial del montón".

La semana de Vikinga Bonsái se compone de la diversidad de identidades y lenguajes que conviven en la actualidad sin haber sido asimilados aún por la tradición. La novela capta algo que falta domesticar en las palabras actuales: de ahí el desafío de dejarse llevar para hacer frente a su singular espejo del habla.

Vikinga Bonsái

Por Ana Ojeda. Eterna Cadencia140 páginas$ 520

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