Una temporada en el invierno
Poemas de Emily Dickinson, Gabriela Mistral, Kobayashi Issa, Yves Bonnefoy y Tomas Tranströmer para darle la bienvenida a la "estación desolada"
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En la literatura el invierno suele ser usado para representar una época de aislamiento, tristeza, silencio o muerte. Northrop Frye, el célebre estudioso canadiense de la literatura, autor de Anatomía de la crítica, estudia las narraciones occidentales desde un punto de vista antropológico. En ese libro reelabora una visión mitológica y aplica una concepción histórica para vincular los ciclos poéticos de la humanidad con los procesos históricos. Así, todas las culturas pasarían por momentos de surgimiento, auge y declinación. Cada ciclo es, para Frye, un rito del tiempo y no del espacio: el día es un modelo del año y el año, modelo del ciclo de la literatura. Todas las literaturas tendrían entonces, arquetípicamente, su madrugada, su mediodía, su anochecer.
Para Frye, el ser humano está marcado por el tiempo y por las cuatro estaciones del año. Esa división en estaciones le permite clasificar las formas literarias. Ciertos mitos, o argumentos de historias o temas (como la correspondencia entre la vejez y la nieve) vuelven una y otra vez, y adquieren un carácter estructurador de los textos. "Estos símbolos cíclicos –escribe Frye- se dividen en cuatro fases principales y las cuatro estaciones del año constituyen el tipo que corresponde a los cuatro períodos del día (mañana, mediodía, tarde, noche), a los cuatro aspectos del ciclo del agua (lluvia, fuentes, ríos, mar o nieve), a los cuatro períodos de vida (juventud, madurez, vejez, muerte), y así por el estilo." La poesía modela el pensamiento y la literatura organiza el tiempo. Cuatro modelos narrativos básicos corresponden a las estaciones del año: la comedia (primavera), el romance (verano), la tragedia (otoño) y finalmente la ironía y la sátira (el invierno). Para apoyar su teoría, Frye brinda ejemplos de la narrativa occidental que van de la Biblia a William Blake, de Dante a Milton, pasando por Bocaccio y Shakespeare. Crítico y lector inspirado, Frye encontró en la poesía una "solidez icónica". Acaso vinculados con la perspectiva del crítico canadiense, elegimos textos poéticos de invierno de cinco autores extranjeros.
Haikus de Kobayashi Issa
El anterior morador:
Sé muy bien
Todo el frío que pasó.
* * *
Al llegar a la puerta,
La campana del Templo Mii
Se queda helada.
* * *
La luna creciente
Está torcida y encorvada
Penetrante es el frío.
* * *
En la tempestad del invierno,
Alguien llama al masajista
En vano.
* * *
Sencillo y sincero,
El criado también
Barre la nieve de la puerta vecina.
* * *
Bajo la fría lluvia,
Por amor a los demás,
¡Ten piedad, Buda!
* * *
Este fuego de carbón;
Nuestros años decaen
Igual.
(Versiones de Tsutomu Takagi y Alberto Manzano)
Emily Dickinson
562
Imaginar un clima
de soles incesantes
suma intensidad al invierno.
La fantasía, tiritando, se vuelve
a un país ficticio,
para paliar un frío tal
que los grados no obvian ni la latitud
mitiga.
(versión propia)
Yves Bonnefoy
Noli me tangere
De nuevo en el cielo vacila el copo
de nieve, el último copo de la gran nevada.
Y es como si en el jardín entrase aquella que
bien había debido soñar lo que podría ser,
esa mirada, ese dios simple, sin memoria
del sepulcro, sin otro pensamiento que la dicha,
sin otro porvenir
que su disolución en el azul del mundo.
"No me toques, no", le diría él
pero hasta el decir sería luminoso.
(Versión de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán)
Tomas Tranströmer
Solsticio de invierno
Mi ropa irradia
un resplandor azul.
Solsticio de invierno.
Tintineantes panderetas de hielo.
Cierro los ojos.
Hay un mundo sordo,
hay una grieta
por la que los muertos
traspasan la frontera.
(Versión de Roberto Mascaró)
Gabriela Mistral
Futuro
El invierno rodará blanco,
sobre mi triste corazón.
Irritará la luz del día;
me llegaré en toda canción.
Fatigará la frente el gajo
de cabellos, lacio y sutil.
¡Y del olor de las violetas
de junio, se podrá morir!
Mi madre ya tendrá diez palmos
de ceniza sobre la sien.
No espigará entre mis rodillas
un niño rubio como mies.
Por hurgar en las sepulturas,
no veré ni el cielo ni el trigal.
De removerlas, la locura
en mi pecho se ha de acostar.
Y como se van confundiendo
los rasgos del que he de buscar,
cuando penetre en la Luz Ancha,
no lo podré encontrar jamás.






