¿Una tercera refundación de la sociología?

Tradiciones intelectuales, formación e instituciones impulsan a una nueva generación
Claudio Benzecry
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25 de octubre de 2015  

Dos hechos sin relación aparente sucedieron recientemente y son dignos de destacar. Uno es el anuncio del ingreso de una nueva camada de investigadores en el Conicet; el segundo, la presentación en la Biblioteca Nacional del libro de Mariana Heredia Cuando los economistas alcanzaron el poder (Siglo XXI).

Desde 2003, cuando hubo 600 postulantes calificados pero ningún ingresante, y el anuncio, hace unas semanas atrás, de que el Conicet incorporará a 830 investigadores (193 en ciencias sociales y humanidades), los números de la investigación en la Argentina han cambiado exponencialmente. Los 9500 investigadores de 2015 son casi el triple de los 3700 de 2003 y cerca del doble de los 5000 de 2007. El 22% de quienes investigan allí son científicos sociales o de las humanidades.

¿Que relación tiene esto con la presentación del libro de Heredia? Sin caer en correlaciones directas difíciles de probar, la apertura, expansión y consolidación del Conicet ha sido una parte fundamental en el andamiaje de un nuevo espacio, al que algo pomposamente me gustaría llamar "nueva sociología argentina". He ido constatando su existencia en el ida y vuelta entre la Argentina y Estados Unidos (donde vivo desde el año 2000) y que ha ido creciendo y cambiando año a año. Mi mirada está puntuada y magnificada por la distancia, y por un acercamiento intermitente y, sin embargo, de largo aliento.

El excelente libro de Heredia -que reconstruye cómo fue gestándose la confianza en los economistas en las últimas décadas en el país y cómo su transformación en garantes de juicios objetivos fue transformando la política- sirve de excusa para evidenciar la consolidación de un camino tomado por la sociología local: el de recuperar los grandes temas de la agenda pública, pero a partir de estudios puntuales y sistemáticos.

La sociología en la Argentina se ha caracterizado históricamente, por un lado, por el estudio ensayístico de la realidad nacional y, por otro lado, por el estudio del peronismo y la estructura social desde miradas históricas o cuantitativas. Esta nueva generación, en cambio, no estudia el Estado, por ejemplo, como un todo indiferenciado, sino a las redes de reclutamientos de candidatos y votantes, el engarce entre seguridad privada y estatal, el ida y vuelta de expertos y políticos entre ministerios y ONG, o el rol de los economistas en la toma de decisiones. Incluso se piensa los propios temas urgentes por estudiar (la inflación, la seguridad o la corrupción) como "problemas públicos", frutos de procesos de conflicto entre actores en pugna por imponerlos.

Redes de sentido

El resultado es pormenorizado pero enriquecedor, ya que en la acumulación de casos y en la comparación entre ellos se obtiene una mirada mucho mas precisa y menos reductiva de la realidad. Esta camada se anima también a acercarse al estudio de temas "menores", como la producción de moda, la circulación de libros o el uso cotidiano y afectivo del dinero. Lo hace usando múltiples métodos cualitativos (la observación participante, el trabajo de archivo, las entrevistas) para reconstruir cómo los propios sujetos dan sentido a lo que hacen, así como las redes en las que estos sentidos se construyen. En esta articulación entre sociología política, cultural y económica como enfoques teóricos, y la mirada cualitativa como abordaje metodológico, sucede mucho de lo más logrado de esta nueva producción.

¿Podemos llamar a este proceso una tercera fundación de la sociología en la Argentina? Si la primera modernización fue la de la creación de la carrera en la UBA, nucleada en la figura de Germani y luego en la de sus discípulos, y la segunda fue el retorno de los exiliados y la consolidación de la Facultad de Ciencias Sociales dirigida por nuestros maestros, esta tercera modernización está anclada en fenómenos que se dieron por separado, pero que de a poco se fueron articulando.

La creación de posgrados en la UBA, en las universidades del conurbano (Idaes-Unsam, UNGS) y en centros de investigación privados (IDES, Di Tella, San Andrés), lo que originó múltiples espacios de producción de saber; el retorno de académicos de una generación intermedia que fue a estudiar sociología en Francia y Estados Unidos, y antropología en Brasil, y el encuentro de éstos con investigadores locales que hicieron el doctorado en universidades nacionales conformaron una generación con estilo y tradiciones propias.

La expansión del Conicet es la condición necesaria para que tenga lugar este recambio generacional, en tanto ayuda a que los estudiantes de posgrado tengan financiación y la promesa de una carrera, y posibilita que aquellos que volvieron del exterior encuentren puestos de trabajo en la Argentina, y puedan investigar y poner a circular aquello que aprendieron.

Este nebuloso espacio de la "nueva sociología argentina" está creado por una generación que tiene de maestros a sus hermanos mayores (por el retiro de la segunda generación modernizadora y la desaparición durante la dictadura de la mayoría de aquellos que deberían haberlos reemplazado, con contadas excepciones), y que transcurre en un diálogo más abierto con el exterior, no sólo con los nuevos lineamientos bibliográficos o con los grandes maestros, sino también con los argentinos que construyen sus carreras académicas afuera pero siguen estudiando a nuestro país.

Este feliz encuentro entre condiciones institucionales, tradiciones intelectuales y espacios de circulación ha resultado en varios libros recomendables, de interés para especialistas y el público. He aquí una lista para que el lector se anime a acercarse a esta forma de pensar e investigar la realidad nacional: además del de Heredia ya citado, Política y transparencia, de Sebastián Pereyra; Las sospechas del dinero, de Ariel Wilkis; Emprendedores del diseño, de Paula Miguel; Seguridad privada, de Federico Lorenc Valcarce; Una historia del libro judío, de Alejandro Dujovne y Mundo PRO, de Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti.

Tres etapas

  • Fundación. Gino Germani encabeza la institucionalización de la sociología en el país.
  • Consolidación. La carrera se afianza en la UBA, con figuras como Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ípola.
  • Expansión. Con estudios y redes en el exterior, la nueva generación amplía su bagaje teórico y metodológico.

El autor es doctor en Sociología, profesor en Northwestern University y editor de la serie Nueva Sociología Argentina de Siglo XXI

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